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lunes, 28 de septiembre de 2009

Luego de la consulta, el Polo se bambolea

Las diferencias entre las alas "moderada", que lidera Gustavo Petro, nuevo candidato presidencial, y de izquierda, en la que se sitúa Carlos Gaviria, no se superan con la consulta del domingo 27 de septiembre. La unidad del colectivo ahora es como una porcelana. (Fotos tomadas de elespectador.com)


Análisis de la jornada del 27 de septiembre. El gran reto de la izquierda es motivar y liderar el despertar de miles de colombianos que, sumidos en la apatía o en el engaño, se sienten abandonados a la suerte de un Presidente irremediable. La unidad del partido, la alianza contra la reelección de Uribe y la definición de para quién gobernar son los temas de debate ahora. La correlación de fuerzas entre izquierda y “moderados” en el Polo quedó equilibrada. Por eso, el margen de maniobra de Petro es limitado en sus intenciones de llevar el PDA a un nebuloso centro político. Todo indica que a la derecha le gusta el Petro conciliador.

Por Luis Alfonso Mena S.
La consulta del Polo Democrático Alternativo, PDA, el domingo 27 de septiembre dejó un partido fracturado, dentro del cual el ganador, el senador Gustavo Petro, dispone de un margen de maniobra limitado para imponer decisiones, al vencer por menos de cinco puntos porcentuales (4,48%) al ex magistrado Carlos Gaviria.

Ya la derecha apareció para reclamar su “triunfo”: de un lado, porque según sus portavoces en los medios masivos tradicionales de comunicación y en los partidos uribistas la escasa participación en las consultas tanto del PDA como del Partido Liberal sería expresión de que la mayoría del país respalda la reelección de Álvaro Uribe, y, en segundo lugar, porque con la victoria de Petro se habría frenado el avance del ala izquierda o radical del Polo.

En cuanto a lo primero, la derecha (hoy envalentonada, a pesar de los juicios masivos a los parapolíticos y de los escándalos de corrupción que la rodean) no debería sacar conclusiones de manera tan apresurada, pues si bien la abstención fue muy alta en la jornada del 27, quien no se deja contar (por ejemplo, a última hora el Partido Conservador desistió de la consulta) no tiene derecho a reclamar triunfos: es un postulado de ética política y, también, de sana lógica.

Además, los partidos que se arriesgaron a realizar sus consultas lo hicieron a sabiendas de que no contarían con el arrastre que significa llevar a cabo una jornada similar el mismo día de las elecciones para Congreso, como ocurrió cuando Gaviria venció a Antonio Navarro en la consulta de marzo de 2006, mediante la cual fue escogido el candidato del PDA para enfrentar a Álvaro Uribe en su primera reelección.

También se debe tener en cuenta que, por lo menos teóricamente, en las consultas de los partidos votan fundamentalmente los militantes y los simpatizantes más cercanos a las colectividades.

Y en cuanto a lo segundo, lo de que fue derrotada el ala izquierda, si bien Petro (considerado ahora como la tendencia “moderada” del Polo) ganó, los 20.194 votos que obtuvo de diferencia frente a Gaviria no marcan una distancia determinante en la correlación de fuerzas interna (Petro: 49,63%, Gaviria: 45,15%), por lo cual tendría que manejar con sumo cuidado el resultado.

De mantener su actitud de conciliación con políticas y mensajeros del uribismo, Petro podría dar al traste definitivamente con la unidad tan frágilmente mantenida hasta hoy en el PDA. Claro que ya dijo que su triunfo era el respaldo a su política. En ello se podría estar equivocando, porque es muy probable que muchos votaron acogiendo su oferta de una alianza amplia para poder enfrentar con algún éxito a Uribe, y no para respaldar sus comportamientos precedentes.

Muchos no olvidarán, por ejemplo, posiciones bastante cuestionables de Petro, como la promoción que hizo del hoy procurador Alejandro Ordóñez (rechazado por sectores no sólo de izquierda), ni sus posiciones en defensa de la “legitimidad” de Uribe, a pesar de haberle hecho sonados debates en los que denunció sus nexos con el paramilitarismo, ni su cercanía con la política de seguridad del Gobierno.

Y tampoco resisten su talante prepotente que raya con lo autoritario y lo conduce a descalificar a sus propios compañeros de partido, sin consideración de ninguna clase. En la campaña que concluyó fue evidente esta actitud, muy parecida a la de otro hombre hoy de “centro”, Luis Eduardo Garzón, quien se retiró del Polo y se adhirió, con Enrique Peñalosa y Antanas Mockus, al partido Opción Centro, un grupo bastante difuso al que llegaron los llamados ‘Tres Tenores’ más por cálculos electorales que por convencimientos ideológicos.

La nueva correlación de fuerzas
Las cifras no mienten para sustentar el hecho de que la correlación de fuerzas entre la izquierda (que lideran Gaviria, Jorge Robledo, Alexander López y otros) y los “moderados” (que encabezan Petro, Jorge Guevara, Vicente de Roux y otros) está equilibrada: Petro venció fundamentalmente por su votación en los siete departamentos de la Costa Atlántica, donde obtuvo 34.458 votos más que Gaviria, en tanto que éste triunfó con amplio margen en Antioquia, los Santanderes, el Tolima y el Viejo Caldas. Gaviria venció en dos tercios de los departamentos del país (21), y Petro sólo en un tercio (12).

Debido a lo anterior, el senador apareció ayer ante la radio afirmando que ahora el Polo es caribe y ha dejado de ser andino. Y además reclamó un triunfo frente a las maquinarias del Polo. Vamos por partes:

¿Será que un partido de izquierda como el PDA puede echar mano de regionalismos tantas veces manoseados por la politiquería tradicional (la bancada costeña, Antioquia Federal…), como si la colectividad y los problemas del país no fueran nacionales? Se equivoca Petro al intentar exaltar una especie de chauvinismo regional, sólo por el hecho de que le funcionó su estrategia de apostarle buena parte de su trabajo electoral a la Costa Atlántica explotando también el hecho de que es natural de esa parte del país.

Pero, además, el senador no puede jurar que su votación es la de los “buenos” y que la de Gaviria es la de las “maquinarias”, pues gran parte de los votos que alcanzó, por ejemplo, en Cali y el Valle del Cauca muy probablemente proviene de la maquinaria dejada por el ex gobernador Angelino Garzón (hoy diplomático del gobierno de Uribe ante la OIT) y heredada por Jorge Iván Ospina en la Alcaldía de la capital del departamento.

Aunque ni Garzón ni Ospina se definen como militantes del Polo, lo cierto es que sus cuadros representan el ala “moderada” de la colectividad en la región y son quienes apoyan a Ospina en sus políticas de privatización del componente de telecomunicaciones de las Empresas Municipales de Cali, Emcali, y de generación masiva de impuestos para su proyecto de las 21 megaobras. (A propósito: ¿qué dice Petro de las privatizaciones?).

Por otra parte, el nuevo candidato presidencial del PDA lo es de toda la colectividad y no sólo de quienes lo eligieron. Y en tal sentido, se debe a las políticas generales aprobadas por el Segundo Congreso del Polo y a sus órganos de dirección. Lo cual no significa que, en correspondencia con su triunfo, no tenga derecho a proponer y ser escuchado por las instancias estatutarias.

En concordancia con lo anterior, seguramente ahora dentro del Polo se abrirá el debate sobre lo que sigue: participar en una nueva consulta, esta vez denominada interpartidista (en la que estarían el candidato liberal, Rafael Pardo, el aspirante que definan los ‘Tres Tenores’, el ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo y hasta el jefe de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras), o ir con candidato propio a la primera vuelta de las elecciones presidenciales de mayo de 2010, como lo definió el Segundo Congreso del PDA.

Las estrategias de Petro
Para disminuir la desventaja con la que comenzó su campaña frente a Gaviria y finalmente ganar, es probable que a Petro le hayan dado resultado las siguientes estrategias:

1.- Mostrarse “comprensivo” con Uribe en su disputa con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Es más, esta campaña marca para Petro el rompimiento definitivo con el líder de la revolución bolivariana, pues hasta hace poco se decía que era uno de los principales aliados del Jefe del Estado venezolano en Colombia. Fiel a su sentido oportunista, Petro no dudó en dar al traste con esa supuesta amistad política y se alineó en la acera más fácil hoy en Colombia (por dictamen del pensamiento único oficial y de la manipulación mediática): la de echar fuegos contra el presidente Chávez con tal de ganar algunos votos de uribistas que se colaron en la consulta del Polo.

2.- Enfatizar su conciliación con políticas uribistas, como hemos dicho antes (seguridad democrática, “legitimidad” de Uribe, etcétera), en la búsqueda de disminuir el rechazo que en ese sector político tenía (¿o aún tiene?) y de congraciarse con sectores de la élite que Petro considera hoy como posibles integrantes de un frente antirreelección.

3.- Apostarles a los departamentos de la Costa Atlántica para garantizar allí una votación fuerte que contrarrestara la de Gaviria en las zonas montañosas del país, en los Santanderes y Bogotá.

4.- Apoyarse en las maquinarias preexistentes en Cali y Nariño, donde gobiernan Ospina y Antonio Navarro, amigos suyos.
5.- Desarrollar una masiva campaña publicitaria, que se diferenció de la de Gaviria en cantidad, en la que (¿mera coincidencia?) no aparecía por ninguna parte el nombre del Polo Democrático. (Era como si Petro estuviera participando en una consulta con él mismo. Su campaña escondió de manera vergonzante el nombre del partido que la convocaba).

6.- Ofrecer el impulso de una amplia alianza multipartidista. Así, explotó su rechazo a la tesis defendida por Gaviria en el sentido de que la consulta debía servir para el fortalecimiento del perfil de izquierda del PDA como partido que iría con candidato propio a las presidenciales de 2010. A muchos cautivó la idea de que lo que se requiere es una unión más allá de los partidos de toda la oposición para la primera vuelta y no después, ya que nadie garantiza que si el referendo finalmente es declarado exequible por la Corte Constitucional y Uribe alcanza el umbral necesario (25% del censo electoral), el Presidente no venza en esa primera ronda.

7.- Insistir en su recurrencia al concepto del voto de opinión, frase que aunque se ha vuelto un lugar común en Colombia (porque, finalmente, ¿qué es el voto de opinión? ¿Coincide esa idea con la de Uribe del “estado de opinión”? ¿Los integrantes de los partidos que siempre votan y lo hacen a conciencia no tienen opinión?), conserva acogida como actitud de rechazo al voto de las maquinarias clientelares y politiqueras.

Los retos luego de la consulta
Si luego del Segundo Congreso del PDA se decía que el mantenimiento de la unidad de la izquierda en este partido (que más que un partido es una federación de tendencias) estaba en manos de los dirigentes situados en la izquierda de la colectividad y sus aliados (por ejemplo, Jaime Dussán y los hermanos Samuel e Iván Moreno Rojas de la antigua Anapo), hoy podríamos decir que ella está en manos de Petro, pues no puede subvalorar el hecho de que la mitad del partido quisiera otro rumbo o, por lo menos, otro candidato presidencial en la difícil encrucijada política actual.

Petro tendrá que contar con esa mitad del Polo que no lo respaldó y que quiere un perfil de izquierda para su partido, no de centro, difuso, conciliador y a la zaga de otras colectividades.

Históricamente la izquierda casi siempre buscó compañía y recorrió el camino de la mano de otras fuerzas, principalmente liberales, porque en cierta medida se percibía a sí misma como minusválida.

Antonio Caballero, en su última columna de la revista Semana, titulada Solos o Mal Acompañados, ilustra bien este tópico. Petro --dice Caballero-- “propone un ‘gran frente democrático’ con un candidato único para la primera vuelta de las elecciones presidenciales que sería escogido ‘en una consulta interpartidista’. O sea, propone lo mismo que ha propuesto siempre la izquierda vergonzante, y así le ha ido: colgarse de los faldones de una ‘personalidad democrática’ más o menos disidente del Partido Liberal o del Conservador, del MRL de López Michelsen o de la Anapo de Rojas Pinilla”.

“A Petro”, agrega Caballero, “la derecha uribista –o ex uribista, etcétera—lo aplaude: qué buen muchacho, como se ha moderado, lo tendremos en cuenta para cuando quede vacante una embajada”. Y puntualiza: “A Carlos Gaviria, la derecha uribista –y ex uribista, etcétera—lo tilda de sectario. Y entre un candidato aplaudido por la derecha por su ‘moderación’, como es Petro, y uno criticado por esa misma derecha por su ‘extremismo’, me parece que el que debe escoger la izquierda es el segundo. Es decir, el de izquierda”.

Pero lo propuesto por Caballero al anunciar su voto (de opinión, entre otras cosas) por Gaviria no ocurrió. Y por eso el debate vuelve a empezar. La postura democrática para su conducción debería ser el talante del nuevo candidato presidencial del Polo. Del triunfo de Petro en la consulta del 27 no se colige la imposición arrogante, autoritaria, sino, por el contrario, la búsqueda de entendimientos dentro de su colectividad primero, antes de apostarle a alianzas con otras fuerzas.

Así, pues, la responsabilidad del mantenimiento de la unidad interna está ahora en manos de Gustavo Petro y de quienes lo acompañaron. Resultaría lamentable que después de los esfuerzos descomunales por configurar un partido de tendencias de izquierda se echara por la borda todo lo alcanzado. Pero ello pasa no sólo por los acuerdos internos sino por la defensa del ideario, pues un partido es fundamentalmente identidad política e ideológica, antes que pactos burocráticos o acuerdos coyunturales.

Para quiénes gobernar
Hoy no basta con alcanzar los gobiernos. La izquierda colombiana tiene que definir para qué, para quiénes y con quiénes gobierna. Ese es el debate de fondo. Las experiencias están latentes en Bogotá, Valle del Cauca, Nariño. La misión de la izquierda no es llegar a los puestos de mando a administrarles bien la hacienda a las cúpulas oligárquicas para que, entre otras cosas, no la critiquen, la “dejen gobernar”. Su misión no es el gobierno por el gobierno, gobernar por gobernar. Y esa es la obsesión de muchos de los que se sitúan en el campo de Petro. “Es que ustedes nunca han gobernado”, dicen con arrogancia.

Pero, con todo lo difícil que es alcanzar el poder Ejecutivo (el gobierno), lo fundamental no es el cargo. Lo principal, el gran compromiso de la izquierda, en este caso del Polo, es gobernar con el pueblo para enfrentar los problemas terribles que golpean a ese pueblo y hacerlo con el pueblo mismo.

Este es el debate que espera al PDA posconsulta. No se le puede seguir aplazando. Bienvenidas las alianzas, son indispensables para, por lo menos, enfrentar con decoro y algunas posibilidades a Uribe y al uribismo. Pero sin olvidar el perfil. Colombia necesita una izquierda fuerte, de masas, no vergonzante, no escondida. Es un derecho que miles y miles de hombres que entregaron sus vidas en medio de la persecución y los crímenes cometidos por la oligarquía legaron a los colombianos que creen todavía que otro mundo, más justo y digno, es posible.

El proceso de derechización que vive hoy Colombia, producto de fenómenos que podrían ser objeto de otro análisis, probablemente se reflejó en las consultas del 27 en la baja participación y en la preferencia por candidatos opositores, pero no definidamente de izquierda. Petro se distancia cada vez más de esta definición. Y ni qué decir de Pardo Rueda, el candidato liberal, ex ministro de Defensa…
Colombia, además, es un extraño caso insular en medio del despertar de los pueblos del resto del continente. La irresolución del conflicto político armado en el país ha contribuido a la generación de esta derechización del territorio nacional y a la aparición de un mesías venido de las élites plutocráticas que se ha apoderado de las mentes de muchos compatriotas.

Esa derechización se nota en la radicalización de muchos veteranos y de no pocos jóvenes también que, a pesar del desempleo, el déficit de vivienda, la falta de salud y la exclusión educativa hoy le prenden velas a Uribe. Se evidencia en la apatía de otros que, desconcertados por tantos problemas sin solución, por tantos fenómenos de corrupción oficial y por tantos crímenes de Estado y persecución a los que piensan distinto, no les ven futuro a otras opciones.

La acción de masas con los trabajadores y los campesinos, la protesta ciudadana, la organización gremial, la educación política, el ejercicio de la opinión libre. Ahí está la clave del crecimiento del Polo. No meramente en el ejercicio de sus parlamentarios en los ocho meses de sesiones del Legislativo o en los pronunciamientos públicos cuando los medios masivos tradicionales les dan cabida a sus voceros.

El gran reto de la izquierda, incluido Petro si decide dejar de pertenecer al Polo de manera vergonzante, es liderar el descontento latente en millones de colombianos que se sienten abandonados a la suerte de un Presidente irremediable.




Petro le apuesta a un nebuloso centro político, alejado de la izquierda. La portada de El Espectador del 11 de mayo de 2008 así lo posicionaba. ¿Con su triunfo buscará imponer esa tendencia en el Polo?

domingo, 27 de septiembre de 2009

Zelaya, contra tiranos y plutócratas

Casi tres meses después de haber sido secuestrado por militares golpistas que lo expulsaron a Costa Rica, el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, volvió el 21 de septiembre. Aquí, cuando saludaba a su pueblo desde la embajada de Brasil en Tegucigalpa.


Análisis a tres meses del golpe en Honduras. La dictadura no ha podido aplastar la resistencia del presidente Zelaya ni la de su pueblo. Tampoco pudo evitar el regreso del mandatario, quien volvió para liderar la lucha contra la tiranía. Sólo el poder de chequeras multimillonarias y la doble actitud de EE.UU. explican la arrogancia de los usurpadores. Micheletti decretó la suspensión de las libertades públicas y cerró los medios que informaban sobre Zelaya y las protestas sociales.


Por Luis Alfonso Mena S.
La oligarquía hondureña parece añorar a los fascistas que derrocaron el gobierno constitucional de Salvador Allende, el 11 de septiembre de hace 36 años. Contra su propio pueblo y contra la comunidad internacional que los repudia, los usurpadores del poder en Honduras persisten en mantener un régimen plutocrático basado en las bayonetas con las que dieron el golpe de Estado el pasado 28 de junio, hace ya tres meses, y no dudan en violentar los derechos humanos y el derecho internacional.

Como en la Chile del 73, la dictadura dispuso un estadio, en este caso uno de béisbol llamado ‘Chochi’ Sosa, para concentrar allí a centenares de personas detenidas, y decreta el toque de queda de manera arbitraria en Tegucigalpa, con lo cual somete al estado de sitio a toda la población de la capital, calculada en un millón de habitantes.

En la represión desatada en la madrugada del martes 22 de septiembre contra miles de personas reunidas frente a la embajada de Brasil, donde fue recibido el presidente Manuel Zelaya, los militares y policías causaron heridas a más de 80 personas. Incluso se habla de que dos seguidores de Zelaya murieron como consecuencia de la arremetida violenta de las fuerzas de la dictadura.

Toda el área donde se encuentra la sede de la embajada está rodeada por centenares de militares encapuchados (¿a quiénes le temen para no mostrar sus rostros?) y la dictadura ordena cortar periódicamente los servicios de agua y energía, lo mismo que boicotear el acceso de alimentos. Típicas medidas fascistas.

Violando la soberanía brasileña, las fuerzas represivas destruyeron ventanales y lanzaron gases contra quienes se hallan refugiados en la embajada, al tiempo que instalaron enormes altoparlantes para torturar con sonidos bestiales, al estilo de las sirenas hitlerianas, al presidente Zelaya y a quienes lo acompañan.

Además, los medios de comunicación independientes, como el Canal 36 (‘Cholosut’) y la emisora Radio Globo, padecen constantes cortes de energía eléctrica, son sacados del aire y sus trabajadores son hostigados por distintos organismos de seguridad.

La última medida fue tomada en la madrugada del lunes 28 de septiembre, cuando, en cumplimiento de un decreto draconiano de la dictadura que proscribe la operación de los medios opositores, las sedes del Canal 36 y de la emisora Radio Globo fueron allanadas de manera violenta y clausuradas por militares. Así lo denunció David Romero, periodista de la emisora. Y los medios y gremios de las los grupos de poder en el continente (tipo SIP, por ejemplo) no dicen ni mu sobre esta violación flagrante de la libertad de prensa.

Mientras tanto, los medios de la élite gobernante persisten en tratar de invisibilizar la magnitud de los acontecimientos que sacuden a Honduras y la dictadura transmite mensajes para endilgarle la responsabilidad de lo que sus militares y paramilitares hagan a la acción valiente y digna de Zelaya.

Durante los días 25 y 26 de septiembre el presidente Zelaya y sus seguidores denunciaron graves violaciones al derecho internacional por parte de los usurpadores, especialmente por la aplicación de gases tóxicos que, según reveló la canciller Patricia Rodas, habían sido suministrados por empresas israelíes. Como consecuencia de los gases falleció el domingo 27 de septiembre la joven universitaria Wendy Elizabeth Ávila.

De igual manera, fue detectado en un árbol aledaño a la sede de la embajada del Brasil un moderno aparato de interceptación de comunicaciones y se afirmó que en las casas aledañas, que fueron desalojadas y tomadas por los golpistas, hay instalados más de esos equipos, que también son de marca israelí.

De acuerdo con Susan Lee, directora de la sección América de Amnistía Internacional, “La situación en Honduras sólo puede ser calificada de alarmante. Los ataques contra defensores y defensoras de derechos humanos, la suspensión de medios de comunicación, las palizas a manifestantes por la policía y los informes cada vez más numerosos de detenciones masivas indican que los derechos humanos y el Estado de derecho en Honduras corren grave peligro”.

Otro despropósito de la dictadura, en su locura arrogante y típica de los regímenes fantoches, fue “conminar” al gobierno de Brasil a “definir” la situación de Zelaya y para ello “le otorgó” un plazo diez días. El presidente Luiz Inacio Lula da Silva afirmó con contundencia que su país no atiende “exigencias” de ninguna dictadura e instó a los periodistas que lo abordaron el domingo 27 de septiembre en Caracas, donde estuvo participando en la II Cumbre América del Sur-África, a llamar a Micheletti y su grupo como lo que son: “unos usurpadores no un gobierno provisional”.

La ira de la plutocracia

Pero es que los diez mandamases del empresariado hondureño que patrocinan el golpe, y de quienes Roberto Micheletti no es más que un mandadero, como lo son también los jefes de las Fuerzas Armadas de ese país, no soportan la ira que les produce el haber sido burlados por el presidente legítimo del país, Zelaya, quien a pesar de los miles de controles establecidos por los usurpadores para evitar su regreso a Honduras no pudieron detectarlo y llegó a Tegucigalpa luego de caminar valles, de subir montañas y de cruzar ríos sólo acompañado por cuatro baquianos.

Ninguno de los miles de militares formados en la base gringa de Soto Cano, en Palmerola (territorio hondureño), lo pudo detectar y Zelaya llegó para aguarles a los golpistas la fiesta que tienen montada con la farsa de una campaña presidencial entre compadres que se pelean el papel de nuevos mandaderos de los ricos.

Cuando el rumor de la presencia de Zelaya empezó a recorrer las calles de Tegucigalpa, Micheletti y su corte de áulicos comparecieron ante periodistas con sonrisas fingidas para desmentir la noticia. Según el dictador, lo de Zelaya, convertido en fantasma y dolor de cabeza de la oligarquía hondureña, era una invención, y hasta se tranquilizó a sí mismo diciendo que aquel debería estar rumbo a Nueva York para asistir a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero el imitador de Pinochet pensaba con el deseo.

Resulta que el fantasma de carne y hueso sí estaba recorriendo las calles de Tegucigalpa y la risa fingida se le transformaría a Micheletti --pocas horas después, cuando por fin los servicios de “inteligencia” de la dictadura lo pudieron confirmar--, en intensa ira: el Presidente cuyo cargo está usurpando sí estaba en la capital y ni Micheletti ni su ejército de encapuchados lo habían visto llegar.

Desde el lunes 21 de septiembre Zelaya permanece protegido en la embajada de Brasil, asumiendo con dignidad y valentía su liderazgo, respaldado por gran parte del pueblo de Honduras, que reclama el fin de la tiranía y que ha sido brutalmente reprimido por militares y policías aventados por los empresarios para alejarlos de las inmediaciones de la sede diplomática.

Ganas no les faltan a los neofascistas de violentar la embajada y de invadirla para secuestrar, otra vez, como lo hicieron el domingo aciago de finales junio, al mandatario legítimo del país de Francisco Morazán, pero no se han atrevido todavía porque saben que terminarían por aislarse más de lo que están en el plano internacional.

Hoy en día la dictadura hondureña se sostiene con el dinero de los multimillonarios de ese país, que han asumido el golpe como una venganza muy particular de su grupo de ricos privilegiados (la plutocracia) contra el liderazgo democrático de Zelaya. Además, otros multimillonarios de la oligarquía continental y de transnacionales estadounidenses seguramente están detrás de ellos, oxigenándolos financieramente. De otra forma Micheletti y su grupo no se podrían sostener en el poder.

A pesar de que el movimiento popular y la izquierda en Honduras tradicionalmente no han sido fuertes, el golpe los ha ido cohesionando y les ha hecho ganar niveles de organización y de movilización importantes, y lo cierto es que durante los 91 días que ha durado el golpe (hasta el lunes 28 de septiembre cuando se publica este análisis) han resistido día a día. La oligarquía no contaba con esa respuesta.

El asedio inmisericorde al que han sido sometidos por parte de la dictadura el presidente Zelaya, su familia, varios de sus seguidores y el personal diplomático de la embajada de Brasil constituye una violación al derecho internacional, que obliga a los gobiernos a garantizar la seguridad de las sedes diplomáticas y de quienes en ellas permanezcan. Y ello impone reformulaciones en relación con la salida de la crisis.

Sigue la ambivalencia de Obama

A la arrogancia de la dictadura contribuye sin duda la actitud vacilante del gobierno de Estados Unidos, que parece jugar en dos terrenos, porque mientras cancela las visas de Micheletti y otros de su corte, sigue promoviendo la gestión “mediadora” del presidente de Costa Rica, Óscar Arias, que les da largas a los golpistas.

Todo indica que, aunque no lo dice abiertamente, el gobierno de Barack Obama y Hilary Clinton le apuesta a dejar que la inercia anestesie la crisis hasta las elecciones de noviembre, cuando diría que lo importante es que hubo comicios y fue elegido un presidente “democráticamente”.

El miércoles 23 de septiembre, en su discurso ante la 64 Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, Obama no incluyó ni una sola palabra sobre el golpe de Estado, mientras la mayoría de los presidentes latinoamericanos que intervinieron volvieron a condenar el hecho y a reclamar respeto para los refugiados en la embajada de Brasil.

La propuesta de pacto entre Zelaya y los golpistas para una salida al problema, formulada en la capital de Costa Rica en el mes de julio y denominada Acuerdo de San José, no fue aceptada por los usurpadores y hoy ya no tiene vigencia, pues ha sido rebasada por los acontecimientos cambiantes y dinámicos.

La reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la Organización de Estados Americanos, OEA, cumplida dos días después del regreso de Zelaya a Honduras, aprobó una resolución de nuevo respaldo al presidente legítimo, pero añadiéndole su acatamiento al famoso Acuerdo de San José.

Cuando ya se había aprobado la resolución, con reparos de Venezuela y Nicaragua, el embajador de este último país reveló que el presidente Zelaya, en diálogo con el jefe del Estado de Nicaragua, Daniel Ortega, había informado de su no acatamiento a ese acuerdo por considerarlo extemporáneo.

El hecho que menciono, que pasó casi inadvertido en las informaciones internacionales, es sintomático de la inoperancia de la OEA, que va a la zaga de los acontecimientos y cuya capacidad mediadora en la búsqueda de solución a la actual crisis en Honduras ha resultado un verdadero fracaso. Como lo ha sido también el de la ONU.

El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, firme al principio, ha ido flexibilizando su posición y se ha dejado golpear por la arrogancia de la dictadura, que le ha tirado la puerta en sus narices en varias oportunidades. Ahora, cuando anuncia que irá de nuevo a Honduras para procurar el diálogo entre Zelaya y los golpistas, Micheletti se alista a lanzarle un nuevo portazo.

Y, en otra prueba de su desenfreno, también “conmina” a los gobiernos de Argentina, España y Venezuela a que no intenten volver con sus misiones diplomáticas. Una delegación preliminar de la OEA que alcanzó a llegar al aeropuerto de Toncontín el viernes 25 de septiembre ni siquiera pudo salir de la sala de espera: fue expulsada por los déspotas.

Para rematar, un portavoz del gobierno de Obama en la OEA calificó el lunes 28 de septiembre como improcedente el regreso de Zelaya e insistió en la ardid del Acuerdo de San José. Está claro el doble juego gringo.

El pueblo tiene la palabra

Así las cosas, con organismos internacionales que brindan solidaridad, pero que no tienen poder coercitivo (y parece que político tampoco), sometidos increíblemente a la arrogancia de la dictadura, el futuro de Honduras está en manos de su pueblo.

Los trabajadores, campesinos, estudiantes, profesionales demócratas, amas de casas y tantos otros sectores que hoy se oponen al régimen golpista serán los que con su unidad y respuesta masiva y organizada le den un giro a la crisis a través de la resistencia y las movilizaciones de calle, por encima de la represión y del estado de sitio que de hecho impera, porque los toques de queda son decretados a cualquier hora por la dictadura.

Para ello, seguramente, Zelaya y sus seguidores tendrán en cuenta las contradicciones dentro de los grupos de poder, principalmente en sectores jóvenes de las Fuerzas Armadas, que probablemente no estén de acuerdo con la situación cada vez más grave de su país, pero que no se sienten con suficiente capacidad para expresarlo.

El Frente Nacional contra el Golpe de Estado y otras formas de organización social y política tienen tareas por delante de enorme magnitud. El regreso del Presidente legítimo contribuye a evitar que la dictadura logre su objetivo de meter a una parte del país en una campaña electoral politiquera y clientelar, para lo cual ya había obtenido el apoyo de cuatro de los siete candidatos presidenciales.

De igual forma, el retorno de Zelaya pone el ejercicio de la política en otro terreno y obliga volver a la discusión del problema de fondo, el del restablecimiento de la democracia. La solución ya no pasa por el Acuerdo de San José, que perdona los crímenes de la dictadura, genera un estado de impunidad y dejaría a Zelaya en el gobierno sólo para que administre unas elecciones marcadas por la ilegalidad del golpe de Estado y convertidas en una gran farsa.

Así lo entienden Zelaya y las organizaciones populares, que ahora levantan la bandera de la transformación institucional y la posibilidad de una reforma de la pétrea Constitución que las cúpulas oligárquicas quieren mantener inmodificable, porque así garantizan sus enormes privilegios.

Y a todas éstas, los latinoamericanos estamos obligados a redoblar la solidaridad con el Presidente y el pueblo hondureños, porque su lucha contra la tiranía es la causa de todos los pueblos del continente.
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Zelaya pone en su sitio a la W

En relación con el golpe en Honduras, los medios de las élites continentales siguen cumpliendo un deplorable papel de connivencia con la dictadura. Fue lamentable, por ejemplo, la posición de los periodistas de la emisora colombiana W Radio, quienes, en entrevista realizada en la mañana del 22 de septiembre, insistían en juzgar como “un error” el regreso de Manuel Zelaya a su país, y todo porque, según ellos, Micheletti y sus fantoches tienen el respaldo de las armas. ¡Qué tal!

Ante semejante actitud, que más parecía de defensores de la dictadura en Honduras que de comunicadores comprometidos con la democracia, Zelaya respondió con vigor y dignidad. Una parte del diálogo que ilustra sobre el tono de las preguntas y el carácter de las respuestas es el siguiente:

Félix de Bedout: ¿El regreso suyo no era predecible que provocara esta reacción y que radicalizara aún más la situación? ¿No le preocupa que con su regreso lo que se está llevando es (sic) a poner a Honduras al borde de la guerra civil?

Manuel Zelaya: Los cobardes huyen, los cobardes renuncian a sus derechos, los negocian por unas monedas más. De esa estirpe no estamos hechos los hondureños. Yo he venido a enfrentar, en forma directa, a través del diálogo, a través de la concertación, el problema que vive hoy el pueblo hondureño. Yo sé que a mucha gente no le importa que haya asesinatos y violaciones a los derechos humanos, que se haya interrumpido la democracia en Honduras. Yo sé que existe ese tipo de gente en la humanidad, pero mi deber es defender los intereses del pueblo hondureño y defenderlos pacíficamente como lo estoy haciendo en este momento.

No es rara la actitud de los periodistas colombianos. La desinformación, de un lado, y la manipulación, del otro, en relación con la realidad hondureña son pasmosas. Tanto que el mismo Zelaya tuvo que decirles a los “pontífices” de la W que estaban muy mal informados sobre lo que sucedía en Honduras.

Los invito a escuchar la entrevista completa, tomada de la página de W Radio de Colombia. Resulta interesante para seguir reflexionando sobre cómo manejan los medios de comunicación de las élites la información sobre lo que ocurre en nuestro continente.