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jueves, 18 de marzo de 2010

EDICIÓN No. 19

Los inescrutables tarjetones electorales originaron en gran medida los dos millones de votos nulos y sin marcar que se registraron en los comicios del domingo 14 de marzo.

CONTENIDO

ELECCIONES EN COLOMBIA

1.- Análisis. Gobierno busca triunfo de Santos en primera vuelta
Otro Congreso a los pies del uribismo


2.- Balance. Se hundieron políticos profesionales
El carburante del clientelismo


3.- Opinión. Cómo quedó el entorno electoral del Congreso
La oposición, con grandes retos

El Gobierno busca sucesor en la primera vuelta

Sufragantes en el puesto instalado en la Unidad Deportiva Panamericana de Cali. Para muchos, la jornada fue una pesadilla.


Otro congreso a los pies del uribismo

Los factores que explican la mayoría uribista en el Legislativo: 1.) el poder burocrático y del dinero; 2.) la falta de cultura política y la aceptación del discurso guerrerista en sectores de la población; 3.) la reedición de fuerzas ligadas a parapolíticos y al nuevo gamonalismo. Así, el régimen impondría sus dictados con cuatro partidos: la U, el Conservador, Cambio Radical y el PIN. ¿Cómo moverán éstos sus fichas presidenciales? Análisis.

Por Luis Alfonso Mena S.
El 14 de marzo de 2010 el uribismo fue reelegido como la fuerza mayoritaria del Congreso con caras nuevas o viejas, con candidatos reconocidos o vergonzantes, con corrupción o aprovechando el atraso político imperante.

La reelección de esas mayorías no resultó barata: las campañas uribistas invirtieron multimillonarias sumas de dinero para garantizar la adhesión de las conciencias, desarrollar su abrumadora ofensiva publicitaria e implementar su aplastante infraestructura electoral.

Los comicios del domingo pasado configuraron el reino del dios dinero en función de saciar las ansias de poder de la vieja alcurnia oligárquica o de la nueva élite en emergencia que llega de la mano oscura de la parapolítica.

Ambas corrientes, la de los voceros del capital industrial y del poder terrateniente tradicional (partidos de la U, Conservador y Cambio Radical), de un lado, y la de los nuevos gamonales reunidos en el PIN, del otro, confluirán, finalmente, en el mismo eje: la defensa del statu quo burgués.

¿O es que los 8 o 9 senadores y los numerosos representantes a la Cámara elegidos por el llamado Partido de Integración Nacional, PIN, son adalides de la lucha popular y social contra los desafueros de las clases dominantes y los grupos de poder? No.

Los nuevos congresistas del PIN, relacionados con políticos procesados o condenados por parapolítica o con el decidido respaldo de entes públicos como la Gobernación del Valle, no son más que voceros emergentes de las clases dominantes.

Configuran una especie de recambio de las élites. Expresan el arribismo político de quienes, sin haber nacido en las clases oligopólicas del país, aspiran a hacer parte de ellas y se portarán como mensajeros de las mismas para lograr su aquiescencia.

El precio que los miembros del nuevo gamonalismo representado en el PIN están dispuestos a pagar es, por ahora, ser recibidos por la puerta de atrás, con la esperanza de que, como seguramente ocurrirá, los grupos de poder terminarán aceptándolos y dejarán de verlos de manera vergonzante, de reojo.

El PIN se pelea con el de la U y el Conservador el título de ser “el partido del Presidente”. Y por algo lo dice, pues no se conoce declaración alguna de Álvaro Uribe rechazándolo, desaprobando su tan difundido respaldo.

No es sino recordar aquella frase memorable atribuida a Uribe y dirigida a los integrantes de los antecesores del PIN, es decir, a los congresistas de los desaparecidos partidos Convergencia Ciudadana, Colombia Democrática y Colombia Viva, cuando los instruyó: Vótenme los proyectos antes de ir a la cárcel.

Una vez se consoliden las cifras electorales, superado el caos derivado de unos tarjetones mal diseñados y de una Registraduría enredada en fallas tecnológicas e improvisación que el Gobierno quiere canalizar para pescar en río revuelto, se confirmará la tendencia inicial.

Ella indica que entre un 65% y un 70% de las cámaras volverá a quedar en poder de los cuatro partidos uribistas: 28 de la U, 22 del conservatismo, 9 del PIN y 8 de Cambio Radical suman 67 de 102 posibles, con opción de recibir el apoyo de los dos de Mira.

Aunque se creía que el halo gris de la parapolítica desaparecería del Congreso luego de estas elecciones, ello no ocurrió, y, por ejemplo, un alto porcentaje de senadores tiene esa mácula, y no sólo los del PIN.

Según León Valencia, investigador a fondo del problema, “en las elecciones del domingo fueron elegidos 22 senadores que están en las investigaciones de la parapolítica o son herederos de quienes están presos o condenados por estos delitos: 8 del Partido de la U, 7 en el PIN, 5 en el Partido Conservador, 1 en Cambio Radical y 1 en el Partido Liberal. La influencia en la Cámara de Representantes es aún más grande. Es una vergüenza para la democracia”. (El Tiempo, miércoles 17 de marzo de 2010).


Un país derechizado
El poder administrativo y del dinero a manos llenas (de diversas procedencias) no sólo se mantuvo sino que creció y resultó determinante para reforzar el otro eslabón de la cadena que explica el triunfo del uribismo: la derechización del país.

Este fenómeno no se puede desconocer, pues en muchos sectores de la sociedad de hoy, incluidas franjas juveniles, existe la creencia de que el país no tiene otra salida distinta a continuar en guerra, así se tengan que aplazar las soluciones a sus problemas estructurales.

El desconocimiento de la historia y la propaganda oficial hacen mella en las mentes de no pocos que respaldan a ciegas la estrategia de la “seguridad democrática” y ven en Juan Manuel Santos e incluso en Nohemí Sanín los personajes adecuadas para su continuación.

La aceptación acrítica y sin argumentos sustanciales del discurso hegemónico que plantea la necesidad de prolongar la confrontación militar es una realidad en sectores y actores importantes de la población colombiana que merece un análisis riguroso.

Así, los escándalos por los casos de Agro Ingreso Seguro, Carimagua, zonas francas, notarias, la Yidispolítica, la debacle de DMG o los decretos de “emergencia” que atentan contra la salud de los colombianos no afectaron a los candidatos del Gobierno.

Tampoco, gravísimos casos de violación de los derechos humanos por parte de agentes y funcionario del Estado, como los falsos positivos, la parapolítica o el espionaje del DAS a la oposición. Y menos, la entrega de bases militares a tropas estadounidenses.

Por el contrario, en la práctica fueron premiados con altas votaciones muchos de los congresistas que nada dijeron contra esos hechos o que, incluso, los exculparon hasta el punto de negar mociones de censura a ministros comprometidos en ellos.

A la hora de votar, la mayoría no tuvo en cuenta estos ni otros actos de corrupción y violación de derechos humanos. Ante los crímenes de Estado muchos se hacen los de la vista gorda, asumen el discurso oficial y se tornan complacientes con el paramilitarismo.

Amplios conglomerados aceptan la reelección de aquellos que han estado en el Congreso legislando contra sus propios derechos, como en el caso de la ley que acabó con las horas extras, los recargos nocturnos y dominicales.

En medio de este intrincado panorama, entonces, resulta destacada la elección de voceros de la izquierda como Jorge Enrique Robledo, Alexander López, Gloria Inés Ramírez, Germán Navas, Iván Cepeda, Wilson Arias y Piedad Córdoba, entre otros.

La importancia de estas curules es ignorada por los portavoces de las élites que pregonan la derrota de la izquierda sin analizar la enorme desventaja en que ésta tuvo que desarrollar su campaña, amén de los problemas internos que también la afectaron.

La oposición representada en el Partido Liberal, con unas 18 curules en el Senado; el Polo Democrático, con 8, y, de alguna manera, en el Partido Verde, con cinco, reedita el 30% de la elección de 2006. Está por verse la coherencia de estas bancadas, especialmente la de los verdes, en la que no todos le apuestan a lo mismo.




El póker presidencial
La mirada del Gobierno no se queda en el Congreso. Ante las grandes fallas presentadas en el conteo y escrutinio de la votación, principalmente en la relacionada con la consulta del Partido Conservador, intenta pescar en río revuelto y vengarse del Registrador.

Son conocidos los reparos puestos por el titular de ese cargo, Carlos Ariel Sánchez, a los procedimientos del referendo reeleccionista, tenidos en cuenta a su vez por la Corte Constitucional en su declaratoria de inexequibilidad, y Uribe no se lo perdona.

Por eso ha emprendido una campaña para presionar su salida del cargo e imponer un registrador de bolsillo, en el propósito de que quien lo suceda gane en primera vuelta. El Presidente no quiere sorpresas en una eventual segunda ronda.

Aprovechando la ineficiencia demostrada en esta ocasión por la Registraduría y las empresas contratadas por ella para realizar la sistematización y difusión de los resultados, Uribe no dio tregua, pues no le convenía que fuera Noemí Sanín la vencedora, como finalmente lo fue por un escaso margen de 37.000 votos sobre Arias.

Todo indica que el Presidente dio la orden a sus seguidores, entre ellos los del PIN en el Valle, a través del Gobernador, de sufragar en la consulta interna del conservatismo en favor de Andrés Felipe Arias, Uribito.

Un triunfo de éste hubiera facilitado un acuerdo electoral con Juan Manuel Santos para garantizar así la victoria el 30 de mayo. Ir a una segunda vuelta, el 20 de junio, podría generar la unidad de todos los perdedores en la primera contra Santos, en una alianza de coyuntura.

La táctica del régimen, que busca alargar sus políticas estratégicas de guerra prolongada a costa de una parte sustancial del Presupuesto Nacional y de fortalecimiento del poder del gran empresariado a costa del bolsillo de los trabajadores, está cantada.

Corresponde a las fuerzas de oposición, en las que equivocadamente muchos meten a Cambio Radical, idear su táctica de resistencia, aunque lo más seguro es que, a pesar de los resultados del 14 de marzo, todos los candidatos vayan por su lado.

La participación electoral de Sergio Fajardo fue la peor de todos los aspirantes presidenciales situados en el campo de la oposición o del llamado centro político, pues su lista al Senado no llega a los 200.000 votos. Sin embargo, insiste en ir solo el 30 de mayo.

Los resultados de Antanas Mockus, el vencedor en la consulta del Partido Verde, aunque más auspiciosos que los de Fajardo (más de 500.000 sufragios de su partido para el Senado), tampoco constituyen una fuerza determinante, aunque los medios la han maximizado.

A pesar de que los guarismos obtenidos por el Polo Democrático, que se acerca al millón de votos, no se pueden considerar malos, tampoco son la mejor carta de presentación. El problema es que ya Petro ha recibido muchos portazos.

El Polo perdió parte de su cauda electoral a manos de quienes votaron por el Partido Verde, que habilidosamente inscribió su consulta interna en las elecciones parlamentarias para arrastrar mayor número de participantes.

En todo caso, ni los verdes ni los polistas estarían en condiciones de imponer una candidatura de la oposición, pues el que mejores resultados alcanzó en las elecciones de Congreso fue Rafael Pardo.

El candidato del Partido Liberal no se da por mal servido al mantener la votación de su partido y la representación en las cámaras, a pesar de su mengua en la burocracia en los últimos ocho años. Los casi dos millones de votos de su colectividad hablan por él.

Pero Pardo está atrapado en un sándwich, pues todavía cree que Cambio Radical es un partido liberal chiquito por la procedencia de muchos de sus integrantes, y que, en consecuencia, es Germán Vargas Lleras con quien debe coaligarse.

Según sus cuentas, redondearían tres millones de votos, banderazo que sacaría de circulación las aspiraciones individuales del trío Petro, Fajardo, Mockus, cuyo plante parlamentario a duras penas arañaría los dos millones de votos entre los tres.

Además, Vargas Lleras siempre ha negado cualquier coalición con el Polo, y a Pardo le interesa más su eventual aliado a la derecha, que uno del centro izquierda, como Petro, o del centro derecha, como Mockus o Fajardo.


El PIN reforzaría la unión
La participación electoral de la U (casi tres millones de votos) y del conservatismo (casi dos y medio) los acercaría, en un eventual acuerdo, como el que busca desesperadamente Uribe, a ganar en la primera ronda.

Es allí cuando el PIN, el grupo que los uribistas miran de soslayo, entraría en el juego para, con base en su millón de votos, poner sus fichas en la mesa, como tahúres de la política, y facilitar la victoria del Presidente en cuerpo ajeno, el de Santos.

¿Arriesgará Cambio Radical, el cuarto partido uribista, quedar por fuera de ese póker presidencial y continuará con sus ínfulas “opositoras” sin tener convencimiento de ellas realmente? Vargas Lleras debe estar deshojando margaritas.

Finalmente, al ganar la consulta azul Nohemí Sanín irá a las elecciones de mayo con el respaldo conservador y podría propiciar una segunda vuelta, en la que competiría con Santos.

¿La oposición apoyaría a Noemí para evitar el ascenso de Santos? Por lo menos en el ámbito de la izquierda esto sería un imposible ético, pues Sanín también juega a ser la sucesora de las políticas de Uribe. Sin embargo, ello no sería difícil para Mockus o Fajardo.

En todo caso, el triunfo de Sanín en la consulta no representa un camino de rosas, pues ella podría desencadenar una división en la tolda azul por su agrio enfrentamiento con Arias, más abyecto ante los intereses del Gobierno del que fuera ministro de Agricultura.

Así está el juego por la Presidencia, que las elecciones de Congreso no ayudaron a decantar suficientemente. ¿Y a todas estas, qué dirán los más de 16 millones de sufragantes potenciales, según el censo electoral, que no votaron?

Y, también, ¿qué harán los 500.000 que sufragaron en blanco, o los 500.000 que seguramente se perdieron en el enredo de los tarjetones laberínticos y los devolvieron sin marcar, o el millón y medio de ciudadanos que anularon sus votos?

Se trata, ni más ni menos, de dos millones y medio de personas cuyos votos pueden ser un misterio, entre los 14 millones de colombianos que fueron a las urnas el 14 de marzo, de casi 30 millones posibles, y volvieron a dejar la incógnita de si la abstención de por lo menos el 54% es un voto de conformismo o de resistencia.

Lo que está claro es que si el elegido en mayo o junio es un presidente uribista, muy probablemente Juan Manuel Santos, él contará con una bancada proclive a los proyectos estratégicos de Uribe: la guerra interna indefinida y la expansión de las ganancias del gran empresariado oligopólico.

Para las personas mayores, los tarjetones constituyeron verdaderos dolores de cabeza. Sobre todo el de Cámara que tenía tres partes, una de ellas con 68 logo-símbolos minúsculos y confusos.

Balance: se hundieron políticos profesionales

El carburante del clientelismo

Por Alberto Ramos Garbiras (*)
Tanto a nivel nacional como a nivel departamental los partidos de la coalición del gobierno en las elecciones del 14 de marzo 2010 lograron la mayoría de escaños para el Congreso de la República.

Al concluir esta columna, emitido el boletín número 14 de la Registraduría, el Partido de la U alcanzaba 24 senadores, el Partido Conservador 23, y el PIN 8, es decir 55 senadores lo que significa una coalición amplia para obtener mayoría en los proyectos del futuro gobierno que arrancará el próximo 7 de agosto, si continúa la coalición.

El proceso de la parapolítica durante los últimos años cambió gran parte del Congreso por la vía judicial, y algunos procesos de desinvestidura desde el Consejo de Estado.

La expectativa era la renovación del Congreso por la vía de las urnas. Si hubiera cambiado sustancialmente se podría haber hablado de una modificación, un cambio en la cultura política del electorado que se traduciría en haber asimilado el momento de desprestigio de la institución congresional.

Pero como se conservó similar composición y la abstención sigue similar, tenemos que reconocer el estancamiento de la participación electoral y el silencio de la mitad abstencionista, para que la mitad participacionista decida sobre los mismos feudos electorales, excepto el 30% de renovación en cambios de rostros, sin mayor incidencia en las definiciones nacionales.

A nivel departamental el PIN superaba en votos al Partido Conservador, al Partido Liberal y al Polo democrático. El PIN, un partido metamorfoseado al venir de tres mutaciones, prueba la hipótesis de que el poder gubernamental (los contratos, los puestos públicos, las gabelas…) mezclado con la compra de los votos sigue siendo el carburante actual del nuevo clientelismo mezclado con los remanentes de la parapolítica.

En el Valle del Cauca la dificultad para que otras fuerzas obtuvieran representación en el Congreso se debió a la proliferación de candidatos que competían confundiendo a los electores, el manejo críptico del tarjetón, la falta de orientación a los ciudadanos, el cambio de los puestos electorales.

También influyeron la falta de cultura política y el abstencionismo, que continúa siendo notorio y se debe a la actitud negativa del Congreso por las duras críticas recibidas en los últimos 4 años, por la transmutación de las figuras electorales.

La consulta del Partido Verde fue importante porque ingresó un nuevo candidato presidencial al escenario político, Antanas Mockus, que sin Álvaro Uribe en la contienda tenderá a crecer como partido que superó el umbral y puede volverse atractivo en medio del electorado por ser una formación política con una dirección intachable de tres ex alcaldes, por encarnar el voto de opinión en la coyuntura electoral de 2010, ante el desinfle de la candidatura de Sergio Fajardo que no logró representación parlamentaria, ante la pérdida de espacio del Polo Democrático en el Congreso.

El voto de opinión disperso no es fácilmente cuantificable, se perdieron miles de ellos en los candidatos de la televisión, cronistas deportivos y actrices que pretendieron logarlo, y la dispersión de otros votos de opinión para Martha Lucía Ramírez, y Álvaro Leyva.

Noemí Sanín navega o fluctúa entre un voto otorgado por fracciones conservadoras y un segmento de opinión en medio del entrampamiento de la consulta conservadora, donde el voto oficial, de maquinaria y amarrado, acompañó a Andrés Felipe Arias.

Muchos políticos anclados en los partidos tradicionales desde escaños de los cuerpos colegiados que llegaron algún día aupados por el voto de opinión, pero que con los años, uno o dos períodos, la dinámica política los llevó a comportarse como políticos tradicionales, siguen creyendo que son atractivos ante el electorado por las intervenciones esporádicas ante los medios de comunicación y que esta circunstancia los hace distantes de las maquinarias donde militan.

Se equivocan al pretender sustraerse de la actividad profesional que ya ejercen, algunos de ellos se hundieron en la pretensión de reelegirse.

La abstención bordea el 53%, solo salieron a votar 13.000.000 de personas, cuando el potencial llega a los 29.000.000 millones de votantes. De esta manera, es difícil cambiar el cuadro político del Congreso que se reprodujo de manera similar a la composición del año 2006, con los obvios cambios de algunos rostros que, en cuerpos ajenos o transmutados, pertenecen a los mismos clanes familiares y castas de políticos profesionales.

Es lamentable la pérdida de votos, más de 1.400.000 votos anulados por falta de instrucción, capacitación y por lo abstruso de las papeletas o tarjetones electorales, para sectores iletrados que no encuentran las fotos ni los nombres de sus conocidos o preferidos.

El voto sólo con el logo y el número, borrando la identidad del candidato va contra el derecho a la personalidad jurídica (artículo 14 de la Constitución), un derecho humano de los aspirantes, y contra el derecho a la participación (artículo 40 de la Constitución), porque impide la identificación y complica las campañas que deben hacer doble esfuerzo para enseñarles a los votantes otra identidad de los candidatos, distinta a la del nombre de pila.

Las elecciones del 14 de marzo son el termómetro de lo que ocurrirá en mayo y junio, pues ante la variedad de candidatos presidenciales el poder central se definirá en la segunda vuelta electoral con la conformación de amplias alianzas resultantes de las fuerzas políticas consolidadas. La derecha, el centro y la izquierda definirán ideológica, pragmática o programáticamente a qué fórmula presidencial escogerán.

(*) Profesor-investigador, Universidad Santiago de Cali, USC.

Cómo quedó el entorno electoral del Congreso

La oposición, con grandes retos

Por Armando Palau Aldana (*)
El último boletín de la Organización Electoral sobre el conteo de estas elecciones para el Congreso, expedido a las 6:00 a.m. del lunes 15 de marzo, nos indica que sólo 14 de 29,8 millones de potenciales votantes ejercieron su derecho fundamental al sufragio, es decir, que continúa siendo mayor el abstencionismo, que alcanzó el 53%.

Las llamadas fuerzas uribistas conservaron las mayorías en el Senado de la República, dejando a las expresiones de la oposición en casi la tercera parte (35 curules), si sumamos al Partido liberal, al Polo Democrático, al Partido Verde y a los indígenas, con solo 35 curules.

Pero lo que más sorprendió a la opinión pública fueron los votos alcanzados por candidatos vinculados por la Corte Suprema de Justicia y la prensa nacional al narco-paramilitarismo, por intermedio del Partido de Integración Nacional, PIN, que absorbió a la Alianza Democrática Nacional, ADN, declarada ilegal por el Consejo Nacional Electoral.

Una de las lecturas que debemos hacer de esos resultados electorales es que de haber obtenido el referendo para la reelección presidencial una sentencia favorable en la Corte Constitucional, indiscutiblemente habría logrado el voto mayoritario de los electores colombianos y estaríamos abocados al tercer período del presidente Álvaro Uribe.

Es decir, el esperado efecto de solidaridad al promisorio fallo de la guardiana de la Constitución de 1991 no tuvo expresión electoral, porque no contó con una animosa campaña por parte del liberalismo y del Polo, quienes no supieron generar una fuerte opinión pública, toda vez que Rafael Pardo y Gustavo Petro mantuvieron un perfil bajo en este tema, pues no desplegaron su estructura publicitaria para destacar un ambiente de mayor aceptación hacia la caída del propósito uribista de sacar avante un tercer período presidencial.

Así las cosas, los retos de las denominadas fuerzas de la oposición serán mayores, pues teóricamente la segunda vuelta presidencial sería disputada por el Partido de la U y el conservatismo, que tuvo un importante incremento en la Cámara Alta, dejándolos por fuera de la contienda electoral de la primera magistratura nacional.

De hecho, el Partido Liberal se mantiene en sus 18 senadores, pero el Polo Democrático pierde 2 curules, mientras que el nuevo Partido Verde obtiene 5 puestos en el Senado. Así, quedan sin posibilidades de frenar iniciativas legislativas de las fuerzas neoliberales que defienden el capitalismo salvaje.

El reciente panorama electoral confirma que la intervención en el voto libre sigue siendo muy fuerte, el clientelismo, la compra de votos, la contribución contractual de los gobernantes y el nepotismo mantienen su pulso en detrimento de la democracia.

Pero deja también el enorme reto a las fuerzas políticas minoritarias de consolidar sus partidos, de desplegar un trabajo permanente entre sus militantes, de generar opinión, de seguir provocando debates nacionales y de tener una mayor labor en las comunidades de base.

(*) Director de la Fundación Biodiversidad, secretario del Consejo Municipal de Planeación de Cali.

miércoles, 10 de marzo de 2010

EDICIÓN No. 18

CONTENIDO

ELECCIONES EN COLOMBIA

1.- Análisis. El trasteo de Garzón a la derecha
¡Pobre Angelino!

2.- Análisis. Al cierre de la campaña para el Congreso
Los candidatos de la oligarquía

3.- Aspirantes de la izquierda, adelante en encuestas
La Alcaldía y las élites, con los pelos de punta


LA CAÍDA DEL REFERENDO

4.- Análisis. ¿Qué seguiría a la derrota del referendo?
La prolongación del régimen uribista

5.- Corte reconstruyó independencia de los poderes
Solvencia moral

6.- Visión de un estudiante sobre el fallo de la Corte
La eficacia de los principios democráticos


QUÉ PASA EN EL MUNDO

7.- Un hecho histórico poco difundido en Colombia
El golpe del Sur al Imperio

Análisis. El trasteo de Garzón a la derecha

El abrazo lo dice todo...

¡Pobre Angelino!

La escogencia del ex gobernador como candidato de Santos a la Vicepresidencia es otra ardid del uribismo para tratar de mostrar que ya no se violan los derechos de los sindicalistas. El régimen busca figurones que le ayuden a repellar su deteriorada fachada. Y Garzón acepta gustoso el encargo.

Por Luis Alfonso Mena S.
El martes 9 de marzo Angelino Garzón terminó su dramático trasteo desde la izquierda hasta la derecha, y con el pecho henchido aceptó la “distinción” de ser ungido candidato vicepresidencial del hoy principal grupo de la oligarquía, el Partido de la U.

Será la fórmula nada menos que de Juan Manuel Santos, el político de ultraderecha en cuyo ministerio de la Defensa se produjo uno de los mayores fenómenos de violación de los derechos humanos en Colombia: los falsos positivos.

¿Qué dirán las madres de los más de 1.700 jóvenes asesinados por agentes del Estado durante el actual gobierno, a cuyas políticas de “seguridad democrática” Santos se propone dar continuidad?

Garzón, que se ufana de su procedencia sindical y de ser hombre de “centro izquierda”, además de defensor de los derechos humanos, olvidó rápidamente que en 2009 fueron asesinados, sin que el gobierno de la “seguridad democrática” lo evitara, 40 líderes obreros.

Y, también, que centenares de líderes más han caído muertos de manera violenta a lo largo de los casi ocho años del mandato de Álvaro Uribe, del que Santos se dispone a ser su prolongación entre 2010 y 2014.

Olvidó, asimismo, que el gobierno de Uribe fue el inspirador de una de las leyes más violatorias de los derechos de los asalariados, aquellos que Garzón alguna vez dijo defender como dirigente de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT.

Se trata de la Ley 789 de 2003 por medio de la cual el Congreso, por expreso pedido de Uribe, les quitó a los trabajadores conquistas históricas como el pago del recargo y las horas extras nocturnas, lo mismo que el pago de parte del recargo dominical.

¿Qué dirán los miles de trabajadores hoy golpeados por las políticas anti obreras de Uribe que Santos se propone continuar, en el marco de la estrategia de favorecer ante todo al gran empresariado colombiano?

Luego de concluir su gestión como gobernador del Valle, Garzón fue premiado por Uribe, en 2009, con una embajada ante las Naciones Unidas en Bruselas, Bélgica, desde la cual desarrolló una intensa tarea para limpiarle la imagen al gobierno.

Desde hace un año largo, o tal vez desde mucho antes, el ex dirigente del Partido Comunista que escribía editoriales para el periódico Voz y que sería luego líder de la Unión Patriótica y de la AD M-19, y hasta constituyente, perdió la memoria.

Olvidó sus luchas y también los actos contrarios a los derechos de los obreros cometidos por el gobierno de Uribe, y se dedicó a defenderlo en el exterior, como le correspondía a su papel de alto burócrata internacional.

El país irreal de Garzón
El miércoles 10 de marzo daba risa escucharlo en las entrevistas que le hicieron los informativos radiales: mostraba un país idílico, hablaba de los “grandes” avances de la política de derechos humanos de Uribe ¡y de los “grandes” aportes de Santos a ella!

Hacía malabares verbales con su supuesta contribución a la solución de los conflictos obrero-patronales, inmerso en su nuevo rol de conciliador de clases, tan distinto al de hace años, de defensor de los trabajadores frente a la avaricia de los dueños del capital.

Y sobre el conflicto político armado que sacude al país desde hace casi cinco décadas, decía que eso era historia patria y llamaba a la rendición de la insurgencia como única fórmula de paz. Es decir, la continuación de la guerra.

En fin, parecía que hablara Juan Manuel Santos en persona ajena. Asumió su discurso y le agregó su condimento reformista. Garzón llegó a la fórmula de Santos en un afán desesperado de éste por tratar de neutralizar el avance de la izquierda, pues cree que el ex gobernador todavía tiene ascendiente en ella.

Y porque considera que le puede seguir ayudando a Uribe a repellar su muy deteriorado frontispicio, sobre todo en materia de derechos humanos, en el plano internacional. Olvida que no basta con echar pintura.

Tal vez algunos de los seguidores que Garzón tiene en el Valle del Cauca incrustados todavía en la Gobernación y en la Alcaldía de Cali corran ahora a la sombra del Partido de la U, porque quieran hacer parte de la fronda burocrática de la Vicepresidencia.

Es probable también que en su cálculo politiquero, Santos aspire a que Garzón atraiga a sectores del centro político y ayude a imantar incautos que todavía creen en su halo de conciliador bonachón.

Pero la escogencia de Garzón es otra ardid de la oligarquía para, pensando en su política de abyección ante el poder del Norte, mostrar que en el gobierno hay gente de “izquierda” y que ya no se violan más los derechos de los sindicalistas.

Garzón no es del Polo Democrático Alternativo, ni lo representa. Hace rato dejó de ser de izquierda, pero desarrolla una táctica doble, porque muchos de sus cuadros hacen parte del PDA, se candidatizan en él y buscan cambiar el perfil de la colectividad.

Angelino se volvió un instrumento de la oligarquía. Ya Andrés Pastrana lo había tenido en su gobierno como ministro del Trabajo. Pero en aquella época había otra situación política y se creía que la paz era posible.

Hoy las circunstancias son distintas. Hay avances de la oposición, el gobierno de Uribe ha sufrido grandes derrotas, empezando por el derrumbe del referendo reeleccionista, y su régimen necesita de figurones que contribuyan a mejorarle la imagen.

¡Pobre Angelino: cómo se deja utilizar! El partido del empresariado uribista espera al ex líder obrero.

Análisis. Al cierre de la campaña para el Congreso

Los candidatos de la oligarquía

La mayoría de ellos han cerrado filas en torno de los nefastos decretos de emergencia de la salud y se solidarizan con la política de guerra sin fin del Presidente. Con estos aspirantes el pueblo vallecaucano no tendría vocería ni representación en el Congreso.

Por Luis Alfonso Mena S.
El domingo 14 de marzo la comunidad vallecaucana tendrá la oportunidad de expresar su voto de rechazo a todos aquellos voceros de los grupos de poder y de las políticas del uribismo, que han demostrado su fracaso y su alto contenido anti popular.

En medio de la mediocridad y de la falta de debate sobre los asuntos de fondo (la crisis social y la solución política del conflicto armado) la mayoría de los aspirantes por los partidos de las élites oligárquicas se aprestan a renovar su presencia en el Congreso.

Para lograrlo hacen uso de la falta de claridad política que todavía predomina en un amplio sector de la sociedad, de los procedimientos politiqueros y clientelistas de siempre, lo mismo que de una multimillonaria inversión en propaganda e infraestructura electoral.

Es seguro que tampoco en esta coyuntura los aires de cambio que recorren el continente americano cubran sustancialmente la geografía nacional, pero existe la aspiración de que la oposición mantenga su presencia en las cámaras e incluso la incremente.

Entre los más visibles candidatos de la oligarquía vallecaucana que aspiran a ser reelegidos en el Senado, a dar el salto de la Cámara al Senado o a llegar por primera vez para seguir defendiendo las políticas de las élites empresariales y latifundistas figuran:

Dilián Fracisca Toro, Roy Barreras y Luis Élmer Arenas, del partido de la U; Carlos Fernando Motoa, de Cambio Radical; Santiago Castro y César Tulio Delgado, del Partido Conservador, y Juan Carlos Rizzeto, del Partido de Integración Nacional, PIN.

Y los más visibles aspirantes vallecaucanos a la Cámara de Representantes por los partidos uribistas, quienes seguramente irán al Congreso a dar continuidad a las políticas de patronos y políticos tradicionales, aparecen:

Roosevelt Rodríguez y José Luis Arcila, del Partido de la U; Abraham Jiménez y Alejandro de Lima, de Cambio Radical; Cristian Garcés y Heriberto Sanabria, del Partido Conservador, y Juan Carlos Salazar y Heriberto Escobar, del PIN.

De ninguno de ellos se pueden esperar posiciones de defensa de los intereses de los trabajadores ni de sectores populares, siempre excluidos de las decisiones nacionales, porque su compromiso esencial es con los grupos de poder que ayudan a su elección.

La mayoría de ellos han cerrado filas en torno de los nefastos decretos de emergencia de la salud y se solidarizan con la política de guerra sin fin del Presidente. Con estos candidatos el pueblo vallecaucano no tendrá vocería ni representación.

¿Lo entenderán los electores de la región a la hora de ir a las urnas?

Aspirantes de la izquierda, adelante en encuestas

Alexander López y Wilson Arias, en uno de los múltiples actos de la campaña al Congreso realizados en Cali con nutrida asistencia.

La Alcaldía y las élites,
con los pelos de punta

Wilson Arias, en la Cámara, y Alexander López, en el Senado, tendrán la gran responsabilidad de ser los voceros genuinos de los trabajadores y el pueblo del Valle del Cauca frente a la voracidad oligárquica y el autoritarismo uribista.

Por Luis Alfonso Mena S.
Las encuestas que muestran a Wilson Arias y a Alexander López como los candidatos del Polo Democrático en el Valle con mayores opciones para la Cámara y el Senado, respectivamente, tienen con los pelos de punta a los partidos de la oligarquía caleña.

Y también a algunos que dentro del Polo le hacen el juego a esa oligarquía con sus políticas privatizadoras, principalmente a los asentados por los lados del Centro Administrativo Municipal, CAM, cuyos aspirantes han contado con todo el respaldo del poder local.

En una encuesta realizada por la firma Analizar & Asociados para el diario El País de Cali, Wilson Arias aparece en el tercer lugar de las opciones, con el 6%, mientras que Alejandro Ocampo, el candidato de la Alcaldía, figura con 0%.

Por su parte, Alexander López figura en el cuarto lugar entre los fijos en el Senado, con el 6%, en tanto que Mauricio Ospina aparece de sexto con el 4%, a pesar de todo el respaldo de la maquinaria de la Alcaldía de su hermano Jorge Iván.

Arias se ha caracterizado por su liderazgo en las luchas sociales de la región y participó activamente al lado de los corteros de la caña en su histórica huelga de 2008 contra la esclavitud de los ingenios, en compañía del senador López.

También, Arias fue el único concejal que se opuso a la privatización del componente Telecomunicaciones de las Empresas Municipales de Cali, acompañó la lucha contra la liquidación de Emsirva y estuvo al lado de los recicladores en sus reclamos de justicia.

Además, encabezó con otros actores cívicos las protestas contra el cobro mediante el gravamen de Valorización de las denominadas 21 megaobras promovidas por la Alcaldía, hoy seriamente cuestionadas en organismos de control.

Las élites caleñas no le perdonan a Wilson Arias su decidido respaldo a las luchas sociales y por eso ha sido objeto de estigmatización en los barrios para tratar de frenar su elección. Lo mismo hacen portavoces de la maquinaria ospinista de la Alcaldía.

En realidad, en las próximas elecciones está en juego la posibilidad de que el Valle del Cauca tenga un representante a la Cámara decididamente adverso al proceso de privatizaciones iniciado por el gobierno de Ospina en Cali.

Y que represente de manera genuina a los trabajadores, sin temores ni cálculos de ninguna naturaleza frente a los empresarios promotores de la “flexibilización” laboral que incrementa la pauperización de los salarios y el deterioro de las condiciones de trabajo.

Wilson Arias, en la Cámara, y Alexander López, en el Senado, tienen la responsabilidad de corresponder a la confianza que seguramente les otorgará el próximo 14 de marzo el pueblo caleño para que sean voceros suyos frente a la voracidad oligárquica.

Y, además, tienen la tarea de llevar adelante el ideario de izquierda del Polo Democrático, amenazado hoy por incursiones oportunistas y posiciones de derecha de tendencias que buscan desperfilar su contenido alternativo y anti oligárquico.

Análisis. ¿Qué seguiría a la derrota del referendo?

A la izquierda, el momento de la aprobación de la ley del referendo en el Congreso. Todo era felicidad en el uribismo. A la derecha, la desazón del Presidente luego de la derrota de la norma en la Corte Constitucional.

La prolongación del régimen uribista

Uribe determina el programa de todos los candidatos presidenciales: ninguno habla de paz. El único que tenía clara la necesidad de sacar el país de la guerra como premisa para una inversión social masiva era Carlos Gaviria. Luego de la primera vuelta, Uribe llamará al orden para la supervivencia de su régimen multipartidario de doble estrategia: la guerra continuada y el bienestar del empresariado.


Por Luis Alfonso Mena S.
Si bien la Corte Constitucional derrotó la posibilidad de la reelección de Álvaro Uribe en la Presidencia de la República al declarar inexequible la ley del referendo, el uribismo no ha desaparecido, como muchos creen, aunque está golpeado.

Uribe ha incubado en casi ocho años de mandato un régimen autoritario que ha echado raíces más allá de la reelección. Aunque no podrá acceder más a la Presidencia, ello no significa que desaparezca el modelo de gobierno que inauguró.

Ese régimen político se caracteriza, entre otras cosas, por una estrategia cerrada a cualquier solución política del conflicto armado que afronta el país y orientada al mantenimiento de una confrontación que copa un alto porcentaje del presupuesto nacional.

De esta forma, continuará relegada la posibilidad de generación de una estrategia de profundo alcance social que enfrente los graves problemas que en materia de empleo, salud, educación, vivienda y tierras subsisten en el país.

El alcance de la estrategia uribista (política de largo alcance) es de tal magnitud, que determina las líneas programáticas de todos los candidatos y precandidatos presidenciales, ninguno de los cuales se atreve a hablar de una salida de paz.

En el lenguaje de la coyuntura, hacer un planteamiento en tal sentido es clasificado como “políticamente incorrecto” y se constituye en punto de partida para ser estigmatizado y señalado. Hasta ese punto ha llegado el discurso hegemónico del régimen.

La cooptación que de la política ha hecho el uribismo se expresa en que todos, en mayor o menor grado, se ponen a la sombra de la estrategia de “seguridad democrática”, a la cual agregan uno que otro adjetivo, pero que en su contenido sigue siendo la misma de Uribe.

Primero la guerra
Germán Vargas Lleras mantendrá la política de guerra y la acentuará, pues sostiene que “mejor es posible”, en tanto que Juan Manuel Santos, el ministro de los “falsos positivos”, afirma que “retroceder no es una opción”, esto es, más confrontación.

Como los candidatos de Cambio Radical y de la U, en el campo conservador los precandidatos de la consulta interna coinciden en lo mismo. Noemí Sanín lo pregona a los cuatro vientos para tratar de parecer más uribista que Uribito, Andrés Felipe Arias.

El cuarto partido uribista, el denominado de Integración Nacional, PIN, del que todos sienten vergüenza, pero que aceptarán a la hora de las decisiones en el Congreso, también le apuesta a la estrategia de guerra. Es más, se reclama “el partido del Presidente”.

Le ha tirado la red a otro de los uribistas triple A, Rodrigo Rivera, para que considere ser su candidato presidencial. Y como a la hora de la multiplicación “milagrosa” de los votos muchos dudan, a pesar de lo que se denuncia sobre el PIN Rivera lo está pensando.

Así, en el campo de los partidos del Presidente la pelea es por quien se muestra como el mejor continuador de la estrategia del régimen. Salirse de allí no hace parte ni de sus ideologías ni, menos, de sus cálculos.

Tampoco en el campo de la oposición o del centro político hay propuestas diferentes: Rafael Pardo, ex ministro de Defensa, candidato liberal, plantea diferencias formales, pero continuará la estrategia de “seguridad democrática” en lo fundamental.

Los tres ‘tenores’ están en la misma tónica, lo mismo que Sergio Fajardo. Y Gustavo Petro, aspirante del Polo, de quien se podría esperar la diferencia, por el contrario obra en igual dirección: es partidario de incrementar la confrontación.

En verdad, el único líder político que en Colombia tenía clara la necesidad inaplazable de sacar el país de la guerra como premisa para enrutarlo por el camino de la inversión social masiva era Carlos Gaviria Díaz.

Pero también en la consulta del Polo metió baza el uribismo y, como el mismo Gaviria lo denunció, sectores de aquél intervinieron en el proceso de escogencia del candidato presidencial del PDA. El resultado está a la vista: ¡la izquierda sin política de paz!

Metástasis del bipartidismo
El sistema político colombiano se ha caracterizado por su profunda vocación excluyente, al institucionalizar el bipartidismo como su fundamento. Empero, con Uribe se produjo una especie de metástasis de ese bipartidismo, que se tornó en diáspora hacia nuevos “partidos”.

El fenómeno paramilitar no es ajeno a esa diáspora, a partir de la cual surgieron partidos de ocasión hoy federados en el PIN: Colombia Viva (de Dieb Maloof), Colombia Democrática (de Mario Uribe y Álvaro García), Convergencia Ciudadana (de Luis Alberto Gil y Juan Carlos Martínez) y Apertura Liberal (de Emilse López, ‘La Gata’).

Como se ve, se trata de grupos surgidos al calor del paramilitarismo y desaparecidos luego por sustracción de materia al tener a buena parte de sus jefes en la cárcel sometidos a juicios o condenados por parapolítica, pero moviendo las fichas de su ajedrez desde la reclusión.

El Partido de la U reunió a desertores del liberalismo y del conservatismo. Lo mismo ocurrió con Cambio Radical. Todos aportaron su cuota de congresistas parapolíticos y de procesados por corrupción.

El Partido Conservador ha sido el de mayor fortalecimiento, pues de él extrajo Uribe la columna vertebral de su mandato. Los ministros del Interior, Relaciones Exteriores, Defensa, Hacienda y Protección Social, la médula del gobierno, son conservadores.

Pero el conservatismo también puso su cuota, y no pequeña, de parapolíticos y corruptos sometidos a procesos penales. El caso más palpable es el del hermano del ministro del Interior, encartado por nexos con mafias del narcotráfico antioqueño.

La radiografía anterior muestra de manera sucinta el cuadro partidista constitutivo del régimen instaurado por el uribismo, diverso a los anteriores, basados principalmente en los dos partidos tradicionales y en algunas fracciones de ellos.

Hoy las fracciones se han transformado en “partidos” y a Uribe no le ha inquietado eso, pues juega a la competencia interpartidista con tal de que ella no afecte la fidelidad a sus líneas estratégicas: la confrontación a la guerrilla y la defensa del gran empresariado.

De esta forma, el Presidente se relaciona abiertamente con un grupo de partidos afines, uno reconocido como el suyo (la U), otro como el gran aliado usufructuario (el conservador) y otro que juega a la disidencia, pero sigue su política (Cambio Radical).

Y a la sombra, se relaciona con el que esconde en público por sus múltiples máculas, pero que mima en privado cuando la visita se ha ido (el PIN), lleno de candidatos de los políticos presos, instruidos desde prisión.

Los cuatro partidos se juegan en las elecciones de Congreso el primer lugar de las preferencias de Uribe y la lotería para ser los dueños de la sucesión. Todo indica que así irán en la primera vuelta presidencial, pero en la segunda se impondrá su unión.

En ese momento Uribe llamará al orden y pondrá a funcionar su disciplina: primero estará la supervivencia del régimen multipartidario de doble estrategia: la guerra continuada y el bienestar maximizado del empresariado.

Corte reconstruyó independencia de los poderes

Solvencia moral

Por Alberto Ramos Garbiras (*)
La Corte Constitucional, con la sentencia del 26 de febrero 2010, salvó su propia integridad al demostrar independencia respecto a la Rama Ejecutiva, no se dejó seducir ni subyugar.

No se trataba de mostrar distancia por el mero prurito de exhibir solvencia moral, no, se trataba de realizar un estudio a fondo como lo hizo el primer ponente, Humberto Sierra Porto, para clarificar el trámite en la formación de la ley del referendo, porque varios de esos vicios eran insubsanables y no podían maquillarse u ocultarlos.

El referendo es un buen mecanismo de participación popular, un instrumento ideal para reformar la Constitución porque la reforma la hace el mismo pueblo en las urnas, pero para llegar a la votación debe surtirse un trámite legal mediado por el Congreso como constituyente secundario.

Así, el constituyente primario (el pueblo) firma para promover el referendo; el constituyente secundario (el Congreso delegado del pueblo) tramita la Ley de formación para cumplir con el procedimiento de los artículos 378 y 155 de la Constitución Política, reglados por la Ley 134 de 1994; y el constituyente primario vuelve a actuar decidiendo el día de la votación. Este tercer acto no se producirá porque en el segundo acto también se cometieron errores y vicios que violaban los principios democráticos.

Si hubiera obrado ocultando estos vicios de trámite la Corte habría perdido toda la credibilidad porque esos defectos eran de público conocimiento. Y entonces, con cual autoridad y criterio habrían podido continuar ejerciendo control constitucional sobre el Estado de Derecho y sostener la supremacía de un Estado Constitucional que contiene al estado de derecho, si los mismos guardianes de la Carta Política permitían su violación.

El neoconstitucionalismo se caracteriza por el garantismo de los derechos que brinda el control constitucional. A diferencia del viejo Estado Legislativo, donde se manipulaban las leyes con las interpretaciones apoyadas sólo con extractos judiciales acomodados al caso concreto, sin respetar los precedentes judiciales análogos que sí garantizan la estabilidad jurídica y el derecho a la defensa.

La misma Corte Constitucional desde el año 2003 ha invocado el precedente judicial ya recurrido, de que una reforma constitucional no puede desmontar los elementos esenciales de la Constitución (la separación de poderes, la igualdad electoral, la alternancia en el Gobierno…); y el precedente sentado con la exequibilidad de la primera reelección acerca de la estabilidad institucional.

La Corte Constitucional se recompuso con esta sentencia porque los rumores la tenían en vilo, muy debilitada ante la opinión pública con la especie de haber sido permeada por el poder presidencial que durante casi ocho años alcanzó a ternar a varios magistrados que, se decía, eran obsecuentes. Sólo dos de ellos guardaron el agradecimiento sumo.

Este es el primer gran paso para reconstruir la independencia de la justicia en la época post-Uribe. Una democracia no puede funcionar si la justicia está supeditada y maniatada a la rama Ejecutiva, la concentración del poder es un retorno a la tiranía.

La falta de reglas claras acaba con la competencia democrática y desguarece los derechos sociales, humanos y colectivos.

Con la Sentencia de la Corte Constitucional vuelve la democracia a su cauce para avanzar hacia espacios más reales con futuras reformas, no a retrocesos como los que se estaban presentando.

Y ganan también el derecho y la ética en el ámbito de las decisiones de control. Un Estado Constitucional no puede estar en manos de magistrados sin equidad; los miembros de esta Corte no solo salvaron lo que quedaba de democracia, se salvaron también ellos de ser juzgados por la historia como peleles, mequetrefes o servidores públicos de bolsillo.

La campaña presidencial tomará otra cara a partir de la sentencia que declaró inexequible el referendo reeleccionista, las fuerzas políticas en competencia tomarán otras dinámicas, afloraran con enjundia las propuestas de los partidos y candidatos que estaban invisibilizados, es decir, ahora los programas serán lo de mostrar; el electorado dejará de estar obnubilado por el peso de la figura del presidente Uribe y comenzarán a pensar por quién votar.

Los medios de comunicación se desuribizarán y mostrarán más el repertorio de otros candidatos; las coaliciones entrarán en remojo, queriendo y pretendiendo cada fuerza política posicionarse entre los dos primeros partidos para poder pasar a la segunda vuelta electoral, donde se harán las coaliciones.

(*) Profesor-investigador de la Universidad Santiago de Cali, USC.

Visión de un estudiante sobre el fallo de la Corte

La eficacia de los
principios democráticos

Por Eduardo Alfonso Correa Carmona (*)
La defensa del régimen de libertades demostró, una vez más, un gran avance para la consolidación del Estado Social de Derecho donde primó la independencia y honestidad de la Corte Constitucional.

Ésta actuó con la mayor sensatez posible, respetando así todo el ordenamiento jurídico consolidado a partir de la Constitución de 1991 y retomando los principios de libertad, justicia y equidad con los cuales Francia logró sustituir la monarquía por un Estado de Derecho.

Queda claro, y de forma fehaciente, que nuestras instituciones judiciales sí son los órganos competentes para salvaguardar la legalidad y legitimidad de nuestra Constitución, pese a la multiplicidad de criterios e interpretaciones a las que muchas veces son sometidas.

También, queda más que claro que las decisiones de las mayorías sólo se pueden validar conforme a los principios constitucionales. Ellas no deben afectar los procedimientos y formalidades de control a las que deben ser sometidas.

Podemos afirmar que la concentración de poderes no fue suficiente para que se “legitimara el accionar criminal que se venía implementando dentro del Estado Colombiano” con la figura del Estado de Opinión, el cual tenía su “sustento” en la voluntad del pueblo.

Un pueblo que por muchos años ha sido indolente en la construcción de un país más justo y equitativo. Esto se estructura en la medida en que durante muchas generaciones hemos sido dirigidos por demagogos que afectan el sistema democrático-constitucional.

Esta clase de individuos encuentran aceptación por medio de remembranzas dirigidas por lo general a la clase trabajadora, en las cuales hacen alusión a sus necesidades y padecimientos y prometen mitigar estos fenómenos de forma sustancial, pero los someten cada vez más, menoscaban su dignidad y alteran sus libertades.

La decisión tomada por la Corte Constitucional puso de manifiesto que nuestra Carta Política y sistema jurídico están hoy a salvo, y que sí hay posibilidades de volver a mirar hacia el futuro, en donde un espíritu progresista será el único capaz de unir a Colombia.

(*) Estudiante de Derecho de la Universidad Santiago de Cali, USC.

Un hecho histórico poco difundido en Colombia

La foto oficial de la histórica Cumbre de Cancún. Todos, en medio de las diferencias, por un órgano continental sin Estados Unidos ni Canadá.

Golpe del Sur al Imperio

Para completar la paliza al Norte arrogante, los presidentes reunidos en Cancún aprobaron que será en Caracas, Venezuela, donde nazca, en 2011, el bebé de la unidad continental engendrado en México. Quedaron excluidos EE.UU. y Canadá.

Por Luis Alfonso Mena S.
La reciente reunión de presidentes en la Cumbre de Cancún, México, produjo una noticia que poca repercusión tuvo en los medios de comunicación colombianos, acostumbrados a preocuparse poco de los procesos de integración de los pueblos del sur.

Se trata de la decisión de conformar la Comunidad de Estados de América Latina y del Caribe, un organismo que congregará a todos los países del continente con la única y expresa excepción de dos: Estados Unidos y Canadá.

En la práctica, es el inicio del fin de la melancólica Organización de Estados Americanos, OEA, cuya inoperancia quedó abrumadoramente al desnudo con ocasión del golpe gorila dado contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras.

La OEA, surgida a instancias de la política imperial de Estados Unidos que en la década de los años 60 del Siglo XX requería de un organismo de bolsillo para detener el influjo político en el continente de la revolución cubana, salió herida de muerte de Cancún.

De ahí que, a pesar de la arrogancia heredada de los gobiernos precedentes, Barak Obama optara de inmediato por poner en gira a su secretaria de Estado, Hilary Clinton, por países clave en América Latina, con el fin de auscultar qué estaba pasando.

Así, estuvo en Brasil, donde, de paso, quiso alinear a Brasil en la estrategia de agresiones que la Casa Blanca busca implementar contra la República Islámica de Irán, tarea en la que fracasó estruendosamente, pues Lula defendió una política internacional independiente.

Clinton también fue a Uruguay a la posesión del segundo presidente del Frente Amplio, el ex guerrillero tupamaro José ‘Pepe’ Mujica, sucesor de Tabaré Vásquez. De allí salió sin pena ni gloria.

Más bien se sintió como mosca en café con leche, al lado de los líderes de la izquierda continental que festejaban la continuidad de otro gobierno del progresismo suramericano, luego del triunfo demoledor de Evo Morales en la vecina Bolivia.

Y recaló en Guatemala. Obama sigue dando tumbos en relación con los países latinoamericanos y en Cancún sufrió una nueva derrota que su Secretaria de Estado no pudo subsanar con la gira relámpago.

Obviamente, no hay unidad granítica en América Latina y del Caribe en relación con la integración en el nuevo organismo, pero los gobiernos de derecha, que serían los más discordantes con la decisión, se tuvieron que callar.

Ni siquiera la provocación montada por el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, contra el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, pudo dar al traste con la decisión mayoritaria de crear un organismo de unidad de todos sin los imperios.

Y, para completar el golpe del Sur al Norte arrogante, los presidentes reunidos en Cancún aprobaron que será en Caracas, Venezuela, donde nazca, el próximo año, el bebé de la unidad continental sin EE.UU. engendrado en México.

¡Paliza redonda al imperio!