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martes, 22 de diciembre de 2009

El triste balance de 2009 en Colombia

Durante reciente visita a Estados Unidos, Álvaro Uribe parece recibir "consejos" de Barack Obama, el nuevo amo de la Casa Blanca y mensajero de los designios guerreristas del Pentágono.

Hambre y sometimiento,
los "aguinaldos" de Uribe

Una extraña paradoja retrata hoy al país: entre más crecen el desempleo, la criminalidad, la corrupción y la falta de independencia frente a las potencias extranjeras, las encuestas dicen que más sube la popularidad del Gobierno.

Por Luis Alfonso Mena S.
El que termina ha sido uno de los peores años de la primera década del Siglo XXI en Colombia: desempleo, hambre, corrupción, violencia y sometimiento a los dictámenes imperiales son los resultados de las políticas de Álvaro Uribe.

A pesar de las encuestas, fotografías de una borrachera colectiva cuya resaca será larga, lo cierto es que las condiciones de vida de la gran mayoría de los colombianos se deterioran día a día, mientras, extrañamente, dicen que crece la “popularidad” del Presidente.

Una gran red clientelar tejida con más de dos millones de subsidios míseros para sectores populares podría explicar en parte este raro respaldo, comprado con dineros públicos bajo el ropaje de Familias en Acción.

El desempleo subió a cifras inimaginables y hoy supera los 2.500.000 parados. El sub empleo y la economía informal cabalgan en cada esquina de las ciudades, en cada rincón de los campos: el rebusque disfraza por lo pronto la desesperación.

Los trabajadores en general, pero de manera especial la clase media, han sido golpeados por el deterioro del salario, atacado desde el inicio del gobierno por la Ley 789 de 2003, obra de Uribe que acabó con horas extras, recargos nocturnos y dominicales.

La desocupación profesional aumenta, las nefastas cooperativas de empleo generalizadas en el actual mandato hacen de las suyas en detrimento de los trabajadores y en provecho de los empresarios más acaudalados, para quienes realmente actúa Uribe.

La corrupción continúa siendo la tónica en la mayoría de las administraciones del país. Y el gobierno de Uribe es el que peor ejemplo da. El escándalo de Agro Ingreso Seguro es sólo uno entre centenares de casos.

La moral pública está por el suelo. La politiquería y el clientelismo, que Uribe prometió combatir, siguen campeando en la gestión pública. En ella, todo se compra, todo se vende. Y los altos funcionarios de la Casa de Nariño son exonerados.

La ética pública no existe. La connivencia con el crimen se generalizó. Las masacres y demás violaciones de los derechos humanos cometidas por paramilitares y agentes del Estado son “perdonadas” con el argumento falaz del mal menor contra el mal mayor.

La otra gran promesa de Uribe, la de acabar con la violencia, ha resultado un fracaso, pues la inseguridad en las ciudades es insoportable, en parte como consecuencia de la ausencia de políticas sociales contra el desempleo.

A diferencia de lo que se afirma por la propaganda oficial, los carteles de las drogas se han multiplicado y los grupos paramilitares, ahora llamados eufemísticamente, como tantas cosas en este gobierno, “bandas emergentes”, siguen asolando ciudades y campos.

Y a todas estas, avanza el proyecto de pasar de un régimen autoritario a una dictadura civil, con el cercenamiento de las libertades de opinión e información, con la estigmatización de los opositores y la criminalización de la protesta social.

Aislamiento en Latinoamérica
La política internacional no se queda atrás en materia de fracasos. Uribe entregó este año no sólo siete bases militares colombianas sino todo el país a una potencia extranjera, Estados Unidos, para que sirva de plataforma de agresión contra sus hermanos latinoamericanos.

Con tal de congraciarse con Obama, el premio Nobel de la guerra, y de ganar indulgencias para que le aprueben el TLC, aisló al país y no dudó en desarrollar una política contra Unasur, el Alba y todo lo que signifique independencia frente al imperio estadounidense.

El último “regalo” fue el reconocimiento de las elecciones espurias, ilegales, cumplidas en Honduras bajo la dictadura montana allí por la oligarquía con el beneplácito de Obama, y “reconocer” a Lobo, el ultraderechista “elegido” el 29 de noviembre. Tal para cual.

A Uribe no le importa someterse a los dictámenes del Pentágono y de la Casa Blanca, que encabezan feroces y mortíferas guerras de invasión en Irak, Afganistán y Paquistán, con tal de recibir la bendición del nuevo amo.

El 6 de diciembre el presidente de Bolivia, Evo Morales, le dio a Uribe una gran lección al demostrarle que una política exterior de defensa de la soberanía y de solidaridad latinoamericanista sí puede ser apoyada por la gran mayoría de un pueblo.

Evo recibió un respaldo inmenso al ser reelegido con el 63% de los votos, lo cual significa un espaldarazo al proceso de cambios profundos en su país y a su participación en el Alba, la alianza económica y política sub continental que enfrenta la política imperial de EE.UU.

Uribe, en cambio, sigue a la cola de la Casa Blanca, mendicante de sus decisiones y de espaldas a la realidad continental. Mucho va de los nuevos gobiernos soberanos del continente a los sometidos a la potencia invasora, como lo es el de Uribe.

En fin, el año cierra con malos augurios. El conflicto interno se prolonga y la guerra que padece el país desde hace 61 años no tiene solución con Uribe. Los desplazados y las víctimas de la violencia siguen a la espera de una oportunidad.

Todo indica que a Uribe parece convenirle la prolongación del conflicto para sus designios de perpetuarse en la Presidencia con una segunda reelección, que inauguraría un tercer período de más guerra, desempleo, sometimiento y autocracia.

1 comentario:

  1. Comparto la opinión del autor en lo referente al gobierno Uribe; yo voté por él, pero ya no me gusta y creo que finalmente ha hecho mal su trabajo. No soy ni derechista ni izquierdista voto por quien considero un buen candidato con buenas propuestas (para desgracia de la izquierda en Colombia sus candidatos han sido y son un desastre, todavía viven en mitad del siglo XX y tienen mucho que aprender de los presidentes Lula Da Silva y Bachelet).
    Ahora bien, creo que el autor pone en evidencia una doble moral en el artículo: critica a Obama por legitimar su posición frente a las elecciones presidenciales hondureñas pero el autor aplaude a Evo por su gestión en Bolivia (parece que se le olvidó que este señor es un presidente golpista, un gobierno que se instaló ilegalmente) y en situación similar Chávez repudió la situación hondureña cuando él también hizo lo mismo en Venezuela (y al igual que Evo, Chávez ya está amañado en el poder hace mucho, pese a no ser muy querido ni mucho menos buen presidente).
    Me parece que Obama ha hecho una buena gestión, por que se ha concentrado en lo único que en este momento le importa: llevar a EE.UU. a la recuperación económica (y lo ha ido logrando, basta con revisar indicadores económicos, falta mucho aún incluyendo promesas de campaña, pero va bien tomando en cuenta la magnitud del daño hecho por el gobierno anterior en su país); no me parece que Obama sea un mal presidente y mucho menos un presidente de Guerra y a diferencia de otros presidentes en EE.UU. él ha sido el menos intervencionista o casi nada en asuntos de otras naciones.
    Finalmente reafirmo mi opinión sobre el artículo, creo que el autor tiene un sesgo ideológico.

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