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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Análisis. A pesar de la represión y de las maniobras de Santos, la protesta no para


A pesar de la distorsión mediática, del cinismo del Gobierno Nacional, del oportunismo uribista, el Paro Nacional Agrario y Popular sigue fortaleciéndose con nuevos sectores que se vincularán a la lucha por un nuevo país. (Foto: Luis Alfonso Mena S.).
¡El paro crece y se extiende!

La sabiduría popular estará alerta ante el “pacto agrario” anunciado por Santos, para no caer en las trampas tan típicas del Establecimiento burgués-terrateniente a lo largo de la historia, que han derivado en más dolor y desesperanza para el pueblo colombiano.
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Por Luis Alfonso Mena S.
Luego de menospreciar la capacidad de movilización y protesta del pueblo colombiano, el Gobierno decidió responder al Paro Nacional Agrario y Popular con una violenta represión que dejó el jueves 29 de agosto, en las multitudinarias marchas registradas en todo el país, cinco manifestantes muertos por balas oficiales, según múltiples denuncias (dos en Bogotá; uno en Soacha, Cundinamarca; otro en Río Negro, Antioquia, y uno más en Castilla, Tolima), lo mismo que centenares de heridos y detenidos.

El viernes 30 de agosto, Santos anunció la militarización de Bogotá y de las carreteras del país tomadas en la protesta por miles y miles de campesinos, en una actitud que dibuja de cuerpo entero a un mandatario representante de la oligarquía colombiana, históricamente retardataria, y ejecutor de sus modelos neoliberales, promotor de los nefastos TLC y de la concentración de la tierra en favor de los grandes terratenientes y de la política minero energética para los monopolios nacionales y extranjeros, iniciada por su antecesor, el oscuro Álvaro Uribe Vélez.


El Gobierno desarrolla una estrategia de división del movimiento campesino y de fragmentación de los posibles diálogos, sin tocar los puntos medulares de los pliegos de la Mesa Nacional Agraria y Popular de Intermediación y Acuerdo, MIA; de la Coordinadora Nacional Agraria, CNA; de la Alianza Nacional por la Salud, Ansa, y de la Asociación Colombiana de Camioneros, ACC, que lideran el paro.

La estigmatización hecha por Santos contra el Movimiento Social y Político Marcha Patriótica y la criminalización de la protesta son evidencia del carácter antidemocrático del Gobierno neoliberal de Santos.

El paro no se detiene, a pesar de las maniobras del Gobierno y de acuerdos parciales hechos en Boyacá y Nariño, pues miles de campesinos siguen en carreteras, calles y plazas del país dispuestos a hacerse sentir y a continuar la protesta hasta que se instale una mesa nacional de negociación y acuerdos que busque soluciones a los problemas centrales del campo y la ciudad: tierra para los campesinos, fin de los TLC, políticas de largo aliento en materia de insumos, costos de los combustibles, semillas, salud, empleo, respeto a los derechos políticos de campesinos y trabajadores, que para nada han sido tocados hasta ahora por el régimen santista.

El paro ha sido un éxito: el pueblo vive su despertar no solo reivindicativo sino político y sus repercusiones, más allá de la coyuntura, serán históricas, porque confrontaron el poder de las élites oligárquicas colombianas. El paro ha sido y es un salto cualitativo en las luchas sociales del pueblo colombiano.

La sabiduría popular estará alerta ante el “pacto agrario” anunciado por Santos, para no caer en las trampas tan típicas del Establecimiento burgués-terrateniente a lo largo de la historia, que han derivado en más dolor y desesperanza para el pueblo colombiano.

Nuestro país no puede seguir atado a los designios criminales del imperio estadounidense que hoy quiere anegar en sangre al pueblo sirio, a las políticas de quienes, como Barak Obama y la maquinaria de guerra al servicio de las grandes corporaciones industriales del mundo capitalista, buscan sojuzgar a los pueblos militar, política y económicamente. El pueblo no olvidará que la oligarquía colombiana hace parte del coro de áulicos abyectos de esos designios.

El pueblo colombiano, como ocurrió en el histórico paro cívico nacional del 14 de septiembre de 1977, vuelve a la movilización masiva y pacífica por sus derechos y le dice al poder oligárquico: ¡no más!

Por eso, el Paro Nacional Agrario y Popular continúa su marcha en el Valle, Cauca, Putumayo, Caquetá, Meta, Huila, Tolima, el Eje Cafetero… y muchos departamentos y regiones más, que siguen el ejemplo del heroico paro campesino del Catatumbo.

Los pasos no se detienen. El sábado 31 de agosto así quedó evidenciado en el Segundo Encuentro Nacional de Unidad Popular, cumplido en Bogotá, que cerró filas de respaldo al paro y en el que se ratificó la decisión de la Mesa Nacional Estudiantil, Mane; de la Federación Colombiana de Educadores, Fecode; de la Unión Sindical Obrera de la Industria del Petróleo, USO, y de muchos otros sectores sindicales y sociales de ir al paro, no sólo en reclamo de sus propios derechos, sino en el fortalecimiento de la protesta nacional.

El paro sigue, el pueblo no se amilana, a pesar de la ferocidad de las élites oligárquicas colombianas.

Bogotá, domingo 1 de septiembre de 2013.

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