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viernes, 2 de enero de 2015

Análisis. ¿Qué hogar puede sobrevivir con $644.350?


Colombia: empleos indignos, salarios de hambre

Por Luis Alfonso Mena S.
Además del deplorable salario mínimo que la burguesía colombiana decreta año a año a través de sus gobiernos, el sistema laboral neoliberal colombiano ha deteriorado de manera aterradora la situación de los trabajadores (con mayor gravedad desde 1990, en el mandato de Gaviria, y con su clímax en los nefastos gobiernos de Uribe –2002-2010--, que arrasaron conquistas obreras históricas), para que el empresariado voraz engulla cada vez más capital, llene sus arcas y acreciente sus ganancias.

En el gobierno de Santos no ha habido mejoría: por el contrario, todo tiende a empeorar, como lo demuestra, para dar solo un ejemplo coyuntural, la nueva burla para más de 1.200.000 trabajadores, cuyo salario mínimo solo será aumentado en un 4,6% en 2015, a pesar del alto costo de la vida y de la pauperización del empleo.

Hoy en el país es difícil encontrar contratos de trabajo; éstos son disfrazados de contratos de prestación de servicios, para que los patronos burlen las prestaciones sociales y no tengan que correr con el pago de cuota pensional, ni de cuota de salud (EPS), ni de riesgos profesionales (ARL); para que no reconozcan primas de mitad de año, ni prima de Navidad y tampoco dotación; para que no deban sufragar horas extras, ni recargos nocturnos, ni dominicales y festivos; para que no les toque pagar cesantías, ni intereses a las cesantías, ni subsidio de transporte y tampoco subsidio familiar. Y, además, para que se libren de indemnizaciones...

Análisis. Balance de la Feria de Cali


Lo que los medios “no vieron”

Por Luis Alfonso Mena S.
Concluyó una nueva versión de la Feria de Cali, certamen mayoritariamente para los adinerados y los negociantes de buena parte de los escenarios en los que se programan espectáculos.

La exclusión campeó en el llamado Salsódromo, espacio público privatizado para llenar las arcas de unos pocos y taparle la vista a Juan Pueblo, que hasta para observar el recurrente desfile de carros viejos (pasatiempo de unos cuantos solventes del capital) tenía que pagar.

(A propósito: se acabó el jolgorio y ¿qué pasó con la demanda contra el cierre y la privatización de las vías públicas?).

Conciertos costosos y llenos de problemas e improvisaciones, prolijos en quejas, porque allí los privilegiados de puestos millonarios eran los único bien atendidos.

Y una feria taurina en decadencia, que ya no concita como en otras épocas. El circo de la tortura y de la sangre poco a poco se va quedando sin los auditorios de antes. La apología del tormento animal se debe mandar al rincón del olvido.

Rescatable el encuentro de melómanos y coleccionistas, que le sigue mostrando a las nuevas generaciones el valor de la historia de la música, que no nació hoy y no se reduce a reguetón, champeta y ras tas tas, como quieren sus comercializadores.

Además, la salsa continúa teniendo a Cali como uno de sus pocos epicentros en el mundo y ese es un aporte clave en el plano cultural.

Reproduzco algunas de las imágenes que circularon en páginas alternativas sobre la otra cara de la Feria, no difundidas por los medios áulicos de ella.