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sábado, 10 de octubre de 2009

Recordando a Salvador, Pablo y Mercedes

Aniversario. El fascismo que derrocó al presidente Allende, que aceleró el fallecimiento de Neruda y que aplazó por años la democracia en Chile asoma de nuevo sus fauces en el continente americano con el golpe militar en Honduras. Mercedes Sosa también combatió con su canto a los dictadores argentinos.

Por Luis Alfonso Mena S.
Se cumplieron dos nuevos aniversarios (los número 36) del golpe fascista contra el gobierno del presidente Salvador Allende (11 de septiembre) y de la muerte del poeta Pablo Neruda (23 de septiembre).

El derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular en Chile en 1973 fue un golpe que los jóvenes de la época sintieron en lo más profundo de sus corazones, pues Allende representaba, además de un hito histórico, una esperanza: era la primera vez que un líder socialista alcanzaba el gobierno de un país latinoamericano por la vía de elecciones en el marco de la democracia burguesa.

Pero el fascismo (un régimen de terror caracterizado por la violación absoluta de los derechos humanos a través de la práctica sistemática de persecuciones, torturas, fusilamientos, masacres y desapariciones con el propósito de garantizar a sangre y fuego los privilegios de los grupos más recalcitrantes de oligarquías locales ligadas a capitales imperialistas) se interpuso en el camino de la construcción de una sociedad menos desigual, más justa en el país austral.

Aquel 11 de septiembre del 73 se desató una terrible noche sobre el pueblo chileno que sólo desapareció 17 años después, en 1990, cuando Augusto Pincohet perdió un plebiscito con el cual buscaba disfrazar de institucionalidad su dictadura atroz.

Uno de los compañeros de lucha de Allende que más sintió el golpe (como los jóvenes de aquella época de sueños revolucionarios y despertares políticos) fue el poeta Pablo Neruda (1904-1973), quien, no sólo víctima de la enfermedad que lo aquejaba sino del dolor que le produjo el arribo del fascismo a su país, falleció tan sólo 12 días después del zarpazo militar.

Neruda, humanista, militante de izquierda, premio Nobel de Literatura (1971) ya había padecido la persecución de las élites de su país en 1949 cuando, siendo parlamentario comunista, denunció en el Senado la persecución del gobierno de León Gabriel González Videla (presidente entre 1948 y 1952) contra los sindicatos, en el discurso conocido como Yo acuso, y debió partir al exilio.

Luego de su muerte, la casa de Neruda fue destrozada por la dictadura y su biblioteca, sometida al fuego, al estilo de las bandas nazifascistas durante la II Guerra Mundial.

La obra de Neruda (nombre adoptado en 1917, en cambio del de pila, Neftalí Reyes Basoalto), es prolífica. De ella hacen parte, entre otras: Crepusculario (1923), El hondero entusiasta (1923), Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), Tentativa de hombre infinito (1925), Residencia en la tierra (1933), España en el corazón (1937).
Asimismo, Canto general (1950), Los versos del capitán (1952), Odas elementales (1954), Nuevas odas elementales (1956), Tercer libro de odas (1957), Estravagario (1958), Navegaciones y regresos (1959), Memorial de Isla Negra (1963), La barcarola (1967), La espada encendida (1970), Confieso que he vivido (1970), Incitación al Nixonicidio y alabanza de la revolución chilena (1973) y Para nacer he nacido (1978).
De manera póstuma fueron publicados los poemarios El corazón amarillo, Libro de las preguntas, Elegía, Defectos escogidos, 2000 y Jardín de invierno (1974).

El fascismo que derrocó al presidente Allende, que ocasionó el fallecimiento de Neruda y que aplazó por años la democracia en Chile asoma de nuevo sus fauces en el continente americano con el golpe de Estado neofascista en Honduras, donde se ha instalado una dictadura que añora a Pinochet.

Como un homenaje a Allende y a Neruda, pero también a Mercedes Sosa, la mujer que resistió con su canto contra los dictadores que en los años 7o y parte de los 80 asolaron su patria argentina, transcribo uno de los miles de poemas del vate revolucionario chileno. Él, como Mercedes, fallecida el pasado domingo 4 de octubre tras una enfermedad renal, les cantaba a los trabajadores, a las cosas de la cotidianidad y a la naturaleza con sencillez y hondura.

Oda a la flor
Flores
de pobre
en las
ventanas
pobres,
pétalos
de sol pobre
en las desmoronadas
casas de la pobreza.

Yo veo cómo
la flor, su cabellera,
su satinado pecho,
su apostura
relucen en la tienda.
Veo
cómo de allí el color, la luz de seda,
la torre de turgencia,
el ramo de oro,
el pétalo violeta de la aurora,
el pezón encendido de la rosa,
vestidos y desnudos
se preparan
para entrar a la casa de los ricos.

La geografía desbordó sus dones,
el océano
se transformó en camino,
la tierra entremezcló sus latitudes
y así la flor remota
navegó con su fuego,
y así llegó a tu puerta,
desde donde una mano presurosa
la retiró: “Tú no eres
flor de pobre, le dijo,
a ti te toca, flor,
brillar en medio
de la sala encerada,
no te metas en esa calle oscura,
incorpórate
a nuestro monopolio de alegría”.

Y así voy por las calles
mirando las ventanas
donde el carmín caído
de un geranio
canta allí, en medio de las pobres vidas,
donde un clavel eleva
su flecha de papel y de perfume
junto a los vidrios rotos,
o donde una azucena
dejó su monasterio
y se vino a vivir con la pobreza.

Oh flor, no te condeno,
flor alta de encrespada investidura,
no te niego el derecho
de llevar el relámpago
que la tierra elevó con tu hermosura,
hasta la casa de los ricos.

Yo estoy seguro
que mañana
florecerá en todas
las moradas del hombre.
No tendrás miedo de la calle oscura,
ni habrá sobre la tierra
guarida tenebrosa
donde no pueda entrar la primavera.

Flor, no te culpo, estoy seguro de esto
que te digo
y para que florezcas donde debes
florecer, en todas las ventanas,
flor,
yo lucho
y canto desde ahora, como canto,
en forma tan sencilla,
para todos,
porque yo distribuyo
las flores de mañana.

Pablo Neruda
(Odas Elementales [1954], Barcelona, Bruguera, 1980, pp. 89-91).
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(Foto superior: Salvador Allende y Pablo Neruda, tomada de www.aereovision.galeon.com. Foto inferior: flor de resucitado, tomada por Gabriel Jacobo Mena C.).

3 comentarios:

  1. Luis Alfonso. La relación entre la muerte de Neruda, el asesinato de Allende y la Oda a la flor dejan en evidencia la magnitud atroz de la dictadura: con ésta se privó al pueblo chileno, durante muchos años, y talvez hasta hoy, de las flores de mañana, de los hombres y mujeres que anhelaban por una en cada hogar. Con la voz de esperanza y de lucha que hay en este poema, se puede entender porque la dictadura de Pinochet y las circunstancias en las que está se instauró fueron un golpe mortal para el alma de Neruda.

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  2. ESTE ES UN GRAN ESPACIO PARA QUE PODAMOS CONOCER LA VERDAD QUE ESCONDE LA GRAN PRENSA. FELICITACIONES PROFESOR MENA. HERNANDO 'FITO' HURTADO.

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  3. Profe Estoy seguro que las máscaras de las dictaduras son atrevidas. Excelente análisis, el hecho de concatenar estos tres personajes en un mismo texto deja entrever la capacidad de ver el mundo de una manera aterrizada, gracias por el concurso de sus ideas que me han abierto los ojos en esta larga tiniebla de la noche dictatorial.
    Profe lo felicito por su blog, una manera diáfana de hacerle frente a la injusticia y reivindicar la pureza del periodismo colombiano.
    Darwin ávila

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