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martes, 6 de noviembre de 2012

Reportaje. Así fue el ataque a la emisora Oriente Estéreo de Aguablanca

El domingo 9 de septiembre habitantes del Distrito de Aguablanca marcharon pidiendo de nuevo en el aire a la emisora Oriente Estéreo. (Foto tomada de: caliescribe.com)
 Utopía no destruida

Una reconstrucción de la forma como el domingo 15 de julio un grupo de individuos atacó la emisora comunitaria, puso en riesgo la vida de los jóvenes que se encontraban con la emisión al aire y condujeron al silencio de esta voz alternativa en el Distrito de Aguablanca. Habla la comunidad, que aspira a tener de nuevo la emisora sirviendo a sus barrios.

Por Mayra Alejandra Angulo Correa (*)
De camino al barrio Marroquín II, el aspecto del lago Charco Azul hizo entristecer a Víctor Mina. Era en ese lago donde, en su niñez, nadaba en compañía de sus amigos. Ahora las personas casi no se pueden acercar. Aunque están intentando recuperarlo, sus daños y males siguen siendo tristemente notorios. Pero esto no sería lo único que conmovería a Víctor.

Al llegar a Marroquín II, comuna 14, la diagonal 26P13 con calle 87, otra sensación que podría ser de tristeza, pero no de resignación, invadió los sentimientos de Víctor al ver lo que queda de la sede donde estaba ubicada la emisora comunitaria Oriente Estéreo.


“Todo comenzó el domingo 15 de julio, como a las 2:00 p.m., cuando los muchachos de al frente hicieron un tiro, creo que al aire”, recuerda Ariel López. Después de un rato llegó la Policía, y en el grupo de jóvenes que se ubican todos los días al frente de la sede de la emisora, separados por un caño, encontraron un arma. La intención de los uniformados de llevarse al joven que al parecer tenía el revólver ocasionó que algunas personas de la comunidad mostraran su inconformidad y sacarán a la Policía con piedras.

Al poco tiempo de irse la Fuerza Pública, dos jóvenes se acercaron al ‘club de las palomas caídas’ --como le llama Marco Antonio Méndez a su grupo de amigos con los que se sienta casi todas las tardes a jugar y compartir sobre sillas y butacas en la arena  del barrio, a pocos pasos de la sede de la emisora--, a decirles que se fueran porque “la cosa se iba a poner fea”.

Estos jóvenes aprovecharon que la Policía se había marchado por falta de refuerzo para otro problema que estaba ocurriendo cerca. Los dos jóvenes empezaron a lanzar piedras a la casa de la emisora Oriente Estéreo. Comenzaron a gritarles “Dejen de ser sapos” a los dos locutores que se encontraban en la emisora. Ariel Díaz no pudo evitar decirles: “No, hermano, esa gente no se mete con nadie”. Los muchachos se fueron.

El conflicto no paró después de las pedradas, como suponía María García, quien estaba en su casa, ubicada al lado de la emisora, en compañía de sus dos hijos, su nieta Mayra Alejandra y el padre de la menor. Al contrario, la situación empeoró. Los dos jóvenes regresaron acompañados de “los muchachos del otro lado” 15 o 20, según vecinos de la cuadra.

Entre ellos, como dicen los recuerdos de María García, “un joven que se crió en la cuadra y mire en lo que se ha convertido”. Recuerda, también, a dos muchachos que, según una vecina amiga, tenían entre ocho y diez años. Pero María piensa que eran dos jóvenes mayores de edad que son de baja estatura.

Los miembros de ‘El club de las palomas caídas’, al ver “esa manada”, hizo caso a la advertencia anterior y se marcharon a sus hogares.

La casa de Ariel López queda al frente de la emisora, por lo que pudo ver desde su ventana los acontecimientos casi en su totalidad, y evitar que los jóvenes dañaran el contador, porque “lo iban a dañar y yo les dije: ‘No, hermano, cómo nos va a dejar sin energía’”. También, desde la que se había convertido en sus ojos ocultos, su ventana, pudo utilizar sus manos para decirle lo que quería gritarle al hombre que llegaba justo cuando iba a comenzar el problema: “Don Francisco, piérdase”.

Francisco Cortés corrió con suerte. Una vecina le abrió la puerta y lo dejó entrar a su casa. “Francisco era el hombre que se venía bien temprano a esperar que Javier trajera las llaves”.

Podría pasarse un día entero esperándolo. Este hombre, habitante del barrio Las Orquídeas, ha estado pendiente de la emisora desde su comienzo. Llagaba aún con lluvia, truenos o relámpagos.

Así quedó la sede de Oriente Estéreo después del ataque del que fue víctima.
Durante el ataque por parte del grupo de jóvenes, que en su mayoría no eran habitantes del barrio, Mayra Alejandra, la nieta de 12 años de María García, se preocupaba por lo que pudiera pasarle a Jaime, el locutor del programa favorito de esa familia. De 8:00 a 10.00 a.m. los habitantes del hogar eran felices escuchando las baladas de los años 60 y 70 que ponía el locutor.

La familia García no era la única encariñada con Jaime Loaiza. Ariel López era observador del club de fans que tenía.

María García, que ya tiene en su casa la venta de disfraces para la celebración de Halloween de este año, llamó preocupada a Jaime en cuanto escuchó caerse en pedazos el vidrio de una de las ventanas de la estación radial. Su hija pensaba en que acabarían con él.

Entre tanto, Sonia, una habitante de la misma cuadra, recuerda, mientras acaricia su gato que “se desvela por una papita”, que con su hermano pensaban en la presión arterial de su madre, que no se bajara o alterara.

Los violentos ocasionaron  grandes desastres, quisieron  derribar la puerta de la estación radial con una pesa artesanal de gimnasio callejero. Tiraron un bloque de cemento por el techo con el fin de ingresar con furia. Pero no alcanzaron a entrar a la casa  porque la Policía regresó a tiempo.

El ataque terminó después de las seis de la tarde. Los habitantes no entienden porque le hicieron daño a “una emisora que no está para cosas relacionadas con sangre, sino para el bien de la comunidad”.
Víctor Mina llegó después de que le avisaran en su casa de familia que algo grave había ocurrido en la emisora. Ya había pasado todo. Recuerda que había salido de la sede de la radio después de la 1:00 p.m., poco antes del ataque. “Cuando llegué y vi mi casa así, imagínese lo que sentí”, dijo Víctor. “¿Que sentiría usted?”

Los habitantes del sector, asustados aún, le comentaron a Víctor Mario Mina Mulato, representante legal de Asociación Agencia Red Cultural, lo ocurrido. Le dijeron que los miembros de la banda atacaron a la emisora por pensar que los locutores llamaron a la Policía cuando sonó el tiro al aire. En ese momento comprendió que “la idea que ellos tienen de nosotros es que somos sapos”.

En respuesta al ataque y la búsqueda de “generar sensibilización en los pandilleros y que entiendan que la emisora no es contra ellos sino para ellos”, según explica Jennifer Quiñones, el 9 de septiembre se realizó la Marcha Voces Silenciadas. El recorrido comenzó en la sede de Oriente Estéreo, la diagonal 26P13 con calle 87, pasaron por Los Mangos, la Avenida Ciudad de Cali, Cuatro Esquinas, tomaron la Carrera 27 para llegar a La Casona, luego hasta la Calle 103 y regresaron a la casa donde funcionaba la emisora comunitaria.

Casa Cultural el Chontaduro, Sensey on Line, Corporación Juan Bosco, Fundación Hip-Hop Peña, Lila Mujer, Mafum, Titanio, Herencia Africana, El Boro, Latin People, Los Guerreros, Asociación Centro Cultural La Red, Funcoswing, Asociación de Jóvenes Mediadores,  Cultura Sana, Asocujú, Fundación Arcoíris, Fundación Chocolate, Colectivo Integración Social, Fundación Puertas Abiertas, Fundación Paz y Bien, Cooperativa Vidacoop, Raíces del Pacífico, Fundación Nacederos, Ku-mahana, Zona Marginal y la Junta de Acción Comunal de la comuna 14, acompañaron a Oriente Estéreo en su trabajo de unión.

Mensajes de apoyo a Oriente Estéreo. (Foto tomada de Asociación Red Cultural).
Durante la marcha, los asistentes tenían la boca tapada con una cinta blanca en significación del silencio al que quisieron someterlos, pero se pudo demostrar, como dice Janeth Valencia, directora de la Asociación Lila Mujer, “que la gente no se quedó callada. Ellos pretendían que fuera de esa manera y se demostró que hay una voz más fuerte”.

Para Vicenta Moreno, directora de la Casa Cultural El Chontaduro, la marcha fue un acto simbólico por el hecho de quitarse la cinta de la boca y poder hablar demostrando que sus voces no son silenciadas. Su intención fue “concientizar al colectivo de la importancia de un medio de comunicación comunitario”.

Aunque no todos los que apoyan la emisora fueron, como Onésimo Díaz, que no fue por evitar problemas con los violentos, o María García, que no asistió porque estaba indispuesta, el apoyo masivo se sintió en todo el recorrido de la búsqueda de la paz para la comunidad y fin del silencio.

Después de destaparse la boca y poder expresarse con libertad, las organizaciones pegaron sus pancartas en las paredes tristes de la casa Oriente Estéreo, para revivir, en algún aspecto, el lugar que alegró a muchos con poco.

Las organizaciones asistentes demostraron con hechos y palabras ante la comunidad su apoyo a la existencia de la emisora.

El hip-hop, géneros urbanos, danza folclórica y demás géneros de los grupos asistentes a la marcha finalizaron el evento, haciendo cantar a niños, jóvenes y adultos.

El domingo de la marcha, Oriente Estéreo 96.0 F.M. Cali descubrió que más de 300 personas, asistentes o no  a la marcha, entienden el significado valioso de hacer comunidad.

Oriente Estéreo nació luego de que el Ministerio de TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) otorgara la licencia de concesión por 10 años a la Asociación Agencia Red Cultura de Aguablanca, el 25 de abril de año pasado.

Los gestores de este reto obtuvieron el aval de varias organizaciones, lo cual ayudó para que se ganaran la licencia.

Durante el reto, dice Jennifer Quiñones, se sentía que no le ganarían a los otros concursantes por no tener mucho conocimiento sobre radio. Cuando ganaron, el desafío fue más complejo, pero dejó mucha satisfacción. Hicieron actividades como ‘la chocolatada’, venta de empanadas, rifas, paseos y más, con el fin de obtener lo necesario para que funcionara la radio, incluyendo la casa.

El 25 de octubre de 2011, con un transmisor alquilado a un señor que tenía emisora, pero no aval, salió por primera vez al aire Oriente Estéreo, después de darle capacitación a los que conformarían la emisora comunitaria para generar una producción de calidad.

Así comienza el cumplimiento del deseo de unir jóvenes y capacitarlos para que ocupen su tiempo en algo que esté conformado por ellos, que sea de su pertenencia y su bienestar.

Así empieza ese “espacio que permite el desarrollo de utopías e ideales de las personas, de los grupos, de la sociedad”, como define un escritor las organizaciones sociales o comunitarias. Algunos piensan que quizá a los grupos violentos no les guste ver a las personas en este estado de armonía y felicidad, que la comunidad no se una y se sienta desarrollada.

Además, con la radio se pretendía, como dice Víctor --que conducía Pacífico Suena, los sábados de 4:00 a 6:00 p.m.-- “mostrar a los jóvenes con todas las habilidades que tienen, que pueden aportar a la convivencia y ayuda a que los caleños que no viven en el oriente se quiten los prejuicios y estigmas de nuestra gente”.

Francisco Cortés, Carlos Lozano y Jaime Pérez operaban la emisora todos los días de 6:00 a.m. hasta las 9:00 p.m. Así se fueron ganando el cariño y apoyo de la comunidad, en especial de los más cercanos a la casa esquinera donde operaba la emisora.

Muchas veces los vecinos les llevaban “tintico para que calentaran las tripas, porque más no le podíamos dar”, según dice Onésimo Díaz.

“Las personas se familiarizan. Nos acostumbramos a escuchar a Carlos, Jaime, la música de 8:00 a 10:00 a.m. que me recuerda cuando era joven”, dice María, mientras su cachorro ladra encerrado en el patio de su casa.

Al igual que María, muchas personas se encariñaron con la emisora, sus programas, sus gestores y locutores. Sonia, por ejemplo, quiere “que le pongan mano a la estación radial”. Darío Arenas está a la espera del regreso de Oriente Estéreo. A Marco Antonio Méndez le hace falta la alegría que le daba cuando los locutores colocaban la música que pedían los de la comunidad. A Onésimo Díaz le parecían ‘chéveres’ los locutores.

María, al igual que su nieta e hija, aún recuerda a ‘Ratoncito Pérez’, cómo le decía de cariño a Jaime Pérez, y Ariel aún admira la “voz verraca” de este joven que con la radio ganó fans en el oriente.

Onésimo recuerda con cariño a Francisco Javier Cortés. Lograba percibir en él su sangre untada de radio y la forma en que “la vivía con toda intensidad”. Por eso y por todo, está “presente, y si podemos poner un granito de arena, aquí estamos, porque la emisora es un servicio directo para la comunidad”.

‘El club’ piensa que Oriente Estéreo podría volver a su casa, están de acuerdo en que ya no vuelve a pasar nada. “Esta cuadra ha sido la más sana, no ha sufrido ni de viruela ni nada”, dice Antonio Méndez, haciendo que todos se rían. María García les da la razón, pues lleva 24 años viviendo en la zona y no había ocurrido algo tan grave.

La esperanza de Ariel por el resurgir de la emisora comunitaria se ve reflejada en sus gestos cuando dice: “Póngale cuidado, a la emisora le tiraron piedras hasta más no poder; los dos que estaban adentro, Carlos y Jaime, salieron por el techo a la tercera casa y yo seguía escuchando la música. Por Dios santísimo”.
Víctor, tan entregado a su radio, cree que si “hubiera estado en el momento del ataque o me matan o no hacen el ataque”.

Más hechos, palabras, apoyo se ven de la comunidad para la emisora, que era la primera en el sector, la primera en llevar información cercana sobre el colectivo, la primera en dejarlos contentos cuando los locutores daban el feliz cumpleaños a algún vecino, la primera que tenían a su disposición para un comunicado de la JAC o algún grupo u organización de cualquier tipo.

El sentimiento de Onésimo al ver la magnitud del ataque con el que destruían todo lo dicho anterior, con piedras, balas y con lo que pudieran hacerle daño al lugar, no fue miedo sino coraje por ver que destruían lo que era comunidad y no poder impedirlo. “Era como ver a un enfermo y no tener qué darle ni saber qué hacer”. Ahora, lo que más extraña de la emisora “es la labor social que prestaba, porque nadie lo había hecho”.

Los integrantes de la emisora siguen reuniéndose, como en el principio, el segundo miércoles de cada mes, para ver si se logra el restablecimiento de la radio comunitaria.

Los habitantes de Marroquín II quieren que la emisora vuelva a funcionar donde estaba. Pero si es en otro lugar, no importa, lo que quieren es que regrese. O, al menos, que los jóvenes sigan ejerciendo, por lo que Onésimo les buscó algo de trabajo a los muchachos que quieran en el Cali 14. Pero aún no va ninguno.

Víctor Mario Mina, sicólogo social comunitario de la Unad, quien no deja su sombrero de paja de iraca ni su mochila atravesada, mientras continúa recorriendo el oriente con su bicicleta y diciendo ‘vian ve’, como combinación de lo pacífico y caleño, busca otra posible ubicación para la radio comunitaria que extrañan los oyentes y, por supuesto, él.
Hacía así caso omiso a lo que le comentaron que había dicho uno de los jóvenes de la banda que atacó la emisora (“a este sapo lo que hay que meterle es una granada”). Porque si por él fuera, nunca hubiera cerrado la emisora.

(*) Estudiante de periodismo de la Usaca.

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