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miércoles, 25 de abril de 2012

PARÉNTESIS obtiene nuevo premio de periodismo

Victoria Ríos, la galardonada. (Foto: Giovanny Ramón).
Victoria Ríos ganó el Palma de Oro 2012

Con la crónica Yaneth, la otra cara de las pandillas en Palmira, publicada en la edición No. 16 de PARÉNTESIS, Victoria Ríos obtuvo el sábado 21 de abril el Premio Palma de Oro 2012, otorgado por la Fundación Periodistas en Acción, Funprensa.

En su crónica, Victoria Ríos relata el trabajo social de Janeth Mosquera en la Comuna 1 de Palmira, orientado a sacar a muchos jóvenes del mundo de las pandillas para que se sientan útiles a la comunidad.

Janeth Mosquera, ‘La Princesa Africana’, como la llaman sus vecinos en Poparán, lidera 30 proyectos en el Cauca y en el Valle del Cauca en los que se acerca a cada sector a reconocer sus conflictos para luego tomar las riendas del asunto y vivir para la gente que la necesita.

La galardonada es estudiante de Comunicación Social de la Universidad Santiago de Cali y colaboradora del periódico PARÉNTESIS, medio que saluda este reconocimiento a Victoria y lo recibe también como un estímulo al desarrollo del periodismo alternativo.  

Victoria Ríos, con varios de los integrantes del Equipo de Redacción de PARÉNTESIS, compartiendo su premio el martes 24 de abril de 2012. (Foto: Giovanny Ramón).
 Este es el texto de la crónica ganadora:

  
  Crónica. El conflicto en la Comuna 1 de Palmira
Yaneth, la otra cara de las pandillas

‘La Princesa Africana’, como la llaman sus vecinos en Popayán, lidera 30 proyectos en el Cauca y el Valle del Cauca. Ella se acerca a cada sector a reconocer sus conflictos, para luego tomar las riendas del asunto y vivir para la gente que la necesita.


Por Victoria Ríos (*)
Los procesos de resocialización que vive el sector más afectado por la delincuencia común en Palmira son el foco de una mujer que se pasa la vida resolviendo los conflictos de las comunidades sin pedir nada a cambio. Yaneth Mosquera saca la cara y pone las manos en el fuego por todos aquellos que delinquieron y hoy piden una oportunidad.

Hace calor en agosto. Temporada de cometas y soles insoportables. Soles de espejismos en el asfalto que se combinan con los cuerpos de mujeres que caminan en conjunto por las calles. Pieles ajadas, exceso en el maquillaje y escasez en las ropas. Exceso de niños, escasez de tranquilidad. Es así como se torna cada partícula que conforma el ambiente de las calles del barrio 20 de Julio de Palmira.

“Hasta aquí la traigo, señorita”, me dijo el conductor del taxi mientras miraba inquieto cada movimiento a su alrededor. Entendió mi gesto de desprotección y explico: “Lo que le falta para llegar hasta el Polideportivo le toca caminando. Aquí no se entra ni de noche ni de día”.

Salí del taxi en cuanto le entregué el dinero y sin titubear empecé a caminar intentando pasar inadvertida entre las miradas inquisidoras de cada persona que me topaba en el camino. Vi toda su esencia en las no más de tres cuadras que recorrí. Inseguridad, desconfianza, niños sin culpa alguna, mujeres culpables de nacer donde les tocó, hombres culpables de haber nacido donde no podían hacer más daño.

El polideportivo es más bien pequeño. Cerca de la caseta comunal y en la parte central del barrio. Rodeado de árboles recientemente sembrados, bancas recuperadas y el rastro de una mano de obra que además de ser pulcra rompía evidentemente con el paisaje pesado y oscuro de su contexto. Al fondo estaba ella.

Una negra de cuerpo inmenso, vestida como las orquídeas, con una carcajada esperanzadora, llena de mundo, llena de paz. Provoca vivir cuando se mira a Yaneth Mosquera. La galardonada mujer de 40 años que sobrevivió a la violencia de conflictos armados, atentados y a un cáncer que amenazaba acabar con su vida en tres meses y que luego de de diez años no se decide a llevársela.

Se desenvolvía con tal desparpajo que era imposible no reconocerla. Entre caras de hombres y mujeres sin esperanza, ella alumbraba con su propio brillo. El brillo de la valentía, la fuerza y la capacidad de mover comunidades enteras.

Cruzamos las miradas y con un gesto me invitó a entrar en su espacio. Mujeres y hombres me reparaban detalladamente y en silencio, mientras que Yaneth levantaba la voz para explicar ante su gente el motivo de mi visita. Se delegaron las funciones mientras que curiosamente yo los observaba, y de manera conjunta empezaron a trabajar.

Entre risas ella se acercó a mí, tomó mi mano en señal de  saludo fraterno y sin más empezó a contarme de qué se trataba lo que en el momento ocurría ante mis ojos.

--Todos los que ve aquí fueron alguna vez delincuentes. Venimos trabajando con ellos hace menos de cinco meses y los resultados saltan a la vista.

Yaneth Mosquera, la señora del brillo en los ojos, lidera, en compañía de la Alcaldía, un proyecto de resocialización de un grupo de jóvenes del municipio de Palmira a través de un modelo de formación sobre recursos naturales y convivencia comunitaria. Esto se lleva a cabo a partir de actividades de soberanía alimentaria, desarrollo sostenible, mantenimiento y limpieza de zonas verdes, parques y recuperación de cuencas.

--Los muchachos han hecho un comité de vigilancia que se encarga de la seguridad del sector y al mismo tiempo las mujeres se encargan de la soberanía alimentaria, sembrando sus propias hortalizas y usándolas para su beneficio.

Con gestos que evocan la satisfacción, Yaneth contaba cada cosa que ha logrado con este proyecto que ha resocializado a más de 50 adolescentes y niños habitantes de la Comuna 1 de Palmira. Por mucho, el sector más violento de la ciudad, atropellado por la ola de violencia y delitos de las bandas delincuenciales que se disputan el territorio para robar, atracar, vender drogas y enfrentarse en una guerra sin fundamento.

Pero Yaneth Mosquera no solo ha sido la redentora de este sector marginado al que le ha costado mantenerse en la lucha por recuperar la tranquilidad de caminar por las calles sin temerle a nada. Esta líder comunitaria fue condecorada en el año 2007 con el premio a La Mujer Cafam por su importante labor con las más de mil familias de escasos recursos que viven a las orillas del rio Pubas en Popayán, y con los que promovió programas de alfabetización entre las comunidades aledañas a la quebrada.

‘La Princesa Africana’, como la llaman sus vecinos en Popayán, lidera más de 30 proyectos en diferentes municipios del Cauca y Valle del Cauca. Acercándose a cada sector a reconocer sus conflictos y problemáticas, para luego tomar las riendas del asunto y vivir para la gente que la necesita.

--En Palmira, por ejemplo, el proceso lo inició la Policía Comunitaria, pero no se pudo llegar a concretar un acuerdo con las bandas delincuenciales del sector. Por eso me apropié del proyecto que, financiado por la Alcaldía Municipal, fue mucho más fácil de ejecutar.

El subintendente Lisandro Burgos Patiño, actual jefe de la Policía Comunitaria de Palmira, inició un proceso de resocialización en el barrio Caimitos de esta ciudad que, infortunadamente, quedó inconcluso por la falta de inversión de la Administración de Raúl Arboleda. Sin embargo, este proceso inicial fue la base del actual proyecto que se ejecuta con los habitantes de los barrios de esta comuna que no termina de sufrir por los altos niveles de violencia que allí se experimentan.

Al mismo tiempo que la conversación con Yaneth avanzaba, ella, en medio de bromas y bailes, invitaba a su gente a contar sus historias de vida, con el afán de restarse protagonismo y con un gesto de humildad increíble hacia que sus muchachos expresaran inquietudes y contaran, desde su experiencia, cuál era la perspectiva del actor de violencia que entiende que las armas y el terror no son una vía de hecho que encuentre buenos resultados.
Todos contaron historias: ellas, de lo aburridas que estaban con sus labores domésticas y de las infinitas ganas de aprender; ellos, de cómo tomaron la decisión de escapar del ambiente que los llevó a tocar fondo y de la frialdad con la que alguna vez delinquieron, pero todos coincidían en algo: Yaneth Mosquera les había enseñado a plantar en huertas y a sembrar árboles, y más que eso, había iniciado con ellos el proceso de dejar de sobrevivir para aprender a vivir y a hacer de esa vida un motivo para ser mejores seres humanos.

Johan Jair González y su pareja Miyerlandi Zapata, él de 28 años y ella, de 24, tienen un par de hijos que estudian en las tardes y dedican las mañanas con sus padres a cuidar las zonas asignadas por el proyecto. Él pertenecía a la banda delincuencial de su barrio y ella lo veía delinquir esperando que sus hijos no pasaran hambre. De acuerdo con las apreciaciones de Johan Jair, el proyecto les permite cambiar su vida y la vida de sus hijos, generando un patrón de crianza en el que todos tienen participación de forma contundente.

--Aquí todos estamos agradecidos con la señora Yaneth. Porque aunque a veces es difícil sostener a nuestras familias y nos vemos tentados a seguir robando, ella siempre ha invitado a seguir luchando por mejorar nuestra calidad de vida.

Yaneth Mosquera, madre de tres hijos y víctima del desplazamiento forzado, se juega la vida por aliviar el dolor del que lo necesita. Se siente orgullosa de su trabajo, ha tentado a la muerte en más de una ocasión y se ha burlado en su cara dejándole claro que no es el momento indicado. Ella, que se funde con el sol y los fuertes vientos de agosto, se exhibe frente a los que alguna vez fueron violentos como un ejemplo de vida que vale la pena seguir.

Hace calor en agosto. Temporada de cometas y soles insoportables. Soles de espejismos en el asfalto que se combinan con los cuerpos de mujeres que caminan en conjunto por las calles del barrio 20 de Julio de Palmira. Soles que alumbran la sonrisa de hombres, mujeres y niños que construyen un oasis en medio de un desierto donde carecen las oportunidades y se vive un reinado de violencia y extorsión que todavía no termina. Soles que, con Yaneth y su grupo de jóvenes, me acompañan en el camino para salir de aquella zona en la que “no se entra ni de noche, ni de día”.

(*) Estudiante de Comunicación Social de la Usaca. 
vicky2603@gmail.com.

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