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miércoles, 6 de julio de 2016

Entrevista. El regreso de Imelda Daza Cotes, dirigente histórica de la UP

Imelda Daza Cotes, cuando concedía la entrevista al editor de PARÉNTESIS, en Cali. (Foto: Mauricio Villegas).

“TERCAMENTE INSISTO EN QUE LA PAZ ES POSIBLE”
Por Luis Alfonso Mena S. (*)
Ingresó al salón donde estaba programada su intervención en Cali con un saludo sencillo, pero caluroso como la tarde vallecaucana. “Hola, soy Imelda Daza Cotes: ¿cómo están, compañeros?”, se presentó, con un sonoro acento costeño. Luego conversó con quienes se encontraban esperándola y tenían noticias de ella por su historia como una de las líderes de la Unión Patriótica supérstites del holocausto que este movimiento político sufrió en los años ochenta y noventa del Siglo XX. De siete concejales y un diputado elegidos por la UP en 1986 en Valledupar, solo sobrevivió ella, en el exilio.

“Tengo dos apellidos muy guajiros, aunque nací en el Cesar. Soy economista de profesión y desde mi época de universitaria me comprometí con la lucha de los sectores populares en este país por lograr las transformaciones que Colombia requiere y la solución de las necesidades no atendidas para la mayoría de la población colombiana”, dice al comenzar su diálogo.


Imelda Daza regresó a Colombia hace doce meses, en junio de 2015, luego de un exilio de 26 años en Suecia, donde, con sus tres hijos y su esposo, tuvo que superar las barreras de un idioma complejo, de una geografía gélida y de la idiosincrasia nórdica, tan diferente a la alegre y espontanea del nativo de la Costa Atlántica colombiana. Pero, sobre todo, hubo de superar el alejarse de su gente y de sus luchas, a las que estuvo vinculada desde la juventud y debió dejar a los 41 años, en 1989, poco después de haber sido elegida edil de Valledupar, el 25 de mayo de 1986, con 6.900 votos.

“Ese andar por la vida política, que ya es bastante largo, de unos cincuenta años, me llevó a ser fundadora de la Unión Patriótica en el departamento del Cesar, actividad en la que me acompañó, o nos acompañamos siempre, Ricardo Palmera y otros amigos”, agrega.

Y el andar comenzó en su querida Valledupar, primero en el galanismo y luego, en 1983, en el Movimiento Cívico Popular Causa Común, del que también hizo parte, como muchas personas inquietas y rebeldes, su amigo Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda (Simón Trinidad), extraditado a Estados Unidos en 2004, en medio de un montaje judicial urdido por el expresidente Álvaro Uribe, quien no se anduvo con pruebas en derecho ni con valoraciones éticas: inventó cargos para entregarlo como su trofeo a las fauces del imperio. Antes, ella había sido concejal por el Nuevo Liberalismo, había participado en la fundación de la Universidad Popular del Cesar y de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Valledupar, y había sido funcionaria del Incora.

“En el año 1986 nosotros fuimos a elecciones con la Unión Patriótica en todo el país, tuvimos un resultado electoral que sorprendió, inclusive a nosotros, pero que asustó y llenó de pánico a la élite que nos gobierna, porque esta élite mezquina y egoísta que nos ha gobernado siempre siente pánico, pavor, cuando el pueblo se manifiesta. Y cuando el pueblo exige, le tienen miedo. Así como le tienen miedo a la paz y le tienen miedo a la democracia, porque es la guerra y es el pueblo adormecido lo que les garantiza a ellos (las élites) sus privilegios”, subraya.

La Unión Patriótica tuvo su lanzamiento oficial en Valledupar el 16 de junio de 1985, con la participación de Causa Común y de otras agrupaciones políticas, que veían en ella la posibilidad del ejercicio de una nueva política, sin los vicios de los partidos tradicionales.

“El resultado electoral, como digo, asustó a la derecha de este país, y cínicamente, sin pudor alguno, organizaron un plan de aniquilamiento de la Unión Patriótica, le pusieron hasta nombre, se llamó “el baile rojo”. Hay un documental que se puede ver en YouTube que explica en qué consistió. De esta forma, en el año 86 nosotros elegimos siete concejales, un diputado y ayudamos a elegir un  representante a la Cámara liberal. Yo soy la única sobreviviente de esos siete concejales elegidos y de ese diputado. Yo fui elegida edil en la ciudad de Valledupar, pero no pude ejercer porque el genocidio segó la vida de concejales y de varios líderes”, reitera.

La alegría por el éxito electoral contrastó con los días aciagos que empezó a vivir la novel organización política, pues fueron asesinados, uno a uno, los recién elegidos. Y por lo menos 125 militantes y líderes de la UP en la región.

“Eso me obligó a dejar la ciudad. Finalmente terminé refugiada en Suecia, un país democrático donde se premia la paz y se cultiva la democracia. Allí me tocó exiliarme, con mis tres niños muy pequeños y mi esposo. Y allí viví 26 años, desde el otoño del año 1989 hasta el verano de 2015”, detalla.

Además de vencer las dificultades propias del exilio, Imelda Daza continuó su lucha social también en el exterior, pues, como ella dice, su vocación se centra en dos ámbitos: la docencia y el ejercicio político. Así que en Suecia se vinculó al Partido Social Demócrata, en representación del cual fue elegida concejal, vocería que tuvo durante doce años, y, recientemente, en 2014, ganó de nuevo una concejalía, esta vez por el Partido de Izquierda Sueco (comunista). Simultáneamente, logró vincularse al sistema educativo de la nación nórdica, hasta llegar a ser docente en la Universidad de Jönköping. Ahora, a sus 67 años, ya está pensionada.

“Ayer (23 de junio de 2016) hizo un año que regresé a Colombia para asumir un temerario proyecto de aspirar a la Gobernación del Cesar. No teníamos recursos, no teníamos equipo, pero pensé siempre que no teníamos nada que perder y sí mucho qué ganar”, reflexiona.

En desarrollo de ese nuevo reto, Imelda Daza logró unir a casi todas las fuerzas de izquierda del Cesar, con el aval de la UP. Finalmente obtuvo 8.300 votos con su propuesta denominada Un Pacto Social por un Nuevo Cesar. Una experiencia que remozó sus ideas y se convierte en un punto de partida para la brega que se viene en la época de los posacuerdos.

En la biblioteca de la sede del Partido Comunista de Cali, mientras comenzaba la asamblea de la UP del Valle del Cauca a la que había sido invitada, hablamos con ella sobre sus luchas en el Cesar, sus vivencias en el exilio, su regreso a Colombia y sobre el acto histórico cumplido el 23 de junio en La Habana, en el que se firmó el Acuerdo de Cese Bilateral del Fuego y de Hostilidades entre el Gobierno Nacional y las Farc-EP, del que ella fue testigo de excepción como invitada especial:

--¿Cómo fue esa campaña recién llegada usted de un exilio de 26 años, con tantas cosas y gente cambiadas?
--Hicimos una campaña electoral muy interesante. Rompimos un silencio de casi treinta años en esa región, afectada por la cultura ‘traqueta’ que impusieron el paramilitarismo y el narcotráfico. Por fin en el Cesar volvieron a escuchar una voz disidente, unas ideas distintas y unos proyectos que interpretaban el sentir popular.

Romper ese silencio fue muy importante, porque además ayudó a convocar al sector alternativo políticamente hablando del Cesar e iniciamos así un proceso de unidad, de encuentro y de trabajo juntos: me refiero al Polo Democrático, a Marcha Patriótica, a algún sector de los Verdes, a los Progresistas de Petro, más la Unión Patriótica, más el Partido Comunista y la Juventud Comunista. No somos en total muchos, pero estamos haciendo el esfuerzo por crecer.

--¿Por qué decidió quedarse en Colombia cuando ya tenía toda una vida construida en Europa?
--Yo hice una vivencia extraordinaria con esa campaña, me encontré de nuevo con el drama social de este país, que me duele y al que quiero inmensamente. Decidí entonces quedarme, porque sentí que era mi deber aportar lo poco o lo mucho que sé, mis conocimientos, mi experiencia de vida, mis vivencias a la causa de la paz.

Fue así como me decidí a viajar por el Caribe colombiano para difundir e ilustrar a la gente del común sobre el proceso de paz, sobre los acuerdos que se han logrado en La Habana y de qué manera esos acuerdos no son para beneficio de los guerrilleros, sino para beneficio del pueblo colombiano en general, ellos incluidos.

"Sentí que era mi deber aportar mis vivencias a la causa de la paz", dice Imelda Daza Cotes. (Foto: Mauricio Villegas).
EL 23 DE JUNIO, EN LA HABANA
--A propósito, usted fue invitada al acto de La Habana en el que el Gobierno y las Farc-EP firmaron el cese el fuego y de hostilidades bilateral. ¿Cómo vivió este momento histórico?
--Yo fui invitada por la Presidencia de la República para asistir como testigo de ese importantísimo acuerdo de cese bilateral del fuego que ocurrió el 23 de junio. Es algo maravilloso que abre grandes esperanzas en este país.

Cuando íbamos en el avión, todos, senadores, ministros, funcionarios e invitados especiales, compartíamos la expectativa por lo que iba a suceder y en todos se notaba mucho interés por lo que se iba a dar. Cuando regresamos en la noche noté que era evidente la euforia, el júbilo y la satisfacción.

Al presidente Santos se le veía muy hablador y muy complacido, y durante el recorrido de La Habana a Bogotá él en varias ocasiones salió de su cubículo y caminó por los corredores del avión para conversar con todos nosotros, quería compartir la satisfacción por lo que se había hecho. Y, en general, en todos se notaba mucha euforia.

Yo estuve allí muy expectante también. Y regresé mucho más comprometida con este proceso de paz. Soy una convencida de que el 23 de junio empezó un nuevo futuro para Colombia.

--Eso que usted dice deriva de que este proceso, por todo lo que ha avanzado y se ha pactado, ya no tiene vuelta atrás, pero hay amenazas, hay preocupaciones. Cuéntenos, por favor, sobre esto, ya que usted fue testigo de cómo la violencia de la derecha colombiana frustró un proceso de paz en la década de los años ochenta.
--Sí, a pesar de que fui víctima de la frustración que causó el genocidio contra la Unión Patriótica, yo soy persistente, tercamente insisto en que la paz es posible. Hay que trabajar mucho más, hay que saber hacer las cosas, hay que aprender lecciones de ese terrible pasado que vivimos para no repetir errores. Me parece que en esta ocasión las condiciones son muy diferentes, y si bien hay amenazas y hay riesgos, creo que un buen análisis y un trabajo en equipo, juntos, en el movimiento alternativo de Colombia lograremos que se imponga el argumento de la paz y el bienestar para todos los colombianos.

--¿Cuáles son los riesgos?
--Primero, que se repita el genocidio, que el Estado, el Gobierno no cumplan con las garantías de seguridad para quienes se van a desmovilizar y se van a incorporar a la vida política legal. Si el Gobierno no cumple con su promesa y su decisión de proteger a estos ciudadanos, es arriesgado.

Pero yo soy una convencida de que así como ha habido voluntad manifiesta de ambas partes de llegar a un acuerdo definitivo, hay esa misma voluntad de ambas partes de colaborar para evitar que ocurra otro genocidio en Colombia.

Hay un riesgo también con el paramilitarismo, esas fuerzas tenebrosas que han hecho tanto daño en este país se resisten a la paz, porque es que la guerra genera privilegios, hay muchos que se benefician económicamente de la guerra y otros se benefician en la medida en que, en medio del caos y de la violencia, es fácil conservar privilegios, y por eso se oponen también a la paz.

Pero yo creo que se va a imponer la mayoría de los colombianos que quiere y aspira a vivir en un país en paz, sobre todo la juventud. 

--Usted que tuvo la excepcional oportunidad de estar en La Habana en el acto de la firma del fin de la guerra en Colombia, coméntenos acerca de lo que pudo vivir y percibir en esos momentos, con tantos mandatarios, dirigentes gubernamentales y guerrilleros, con tantos líderes sociales, en un escenario que no se repite fácilmente…
--Difícilmente se repite. Mira, allí estaba muy bien representado el país colombiano: estaba el Jefe del Estado, buena parte de sus ministros, varios senadores y representantes a la Cámara, los presidentes de las dos cámaras, la cúpula de las Farc, y había, además, empresarios colombianos, el Presidente de la Andi estaba allí, intelectuales y un grupo de personas que, como yo, hemos sido activistas políticos, opositores al Establecimiento, al Gobierno. Yo creo que aunque la izquierda en general estaba mínimamente representada, era un grupo que mostraba al país.

De otra parte, y es lo que yo más destaco quizás, el acto contó con la presencia del Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, del Presidente del Consejo de Seguridad de la ONU, del canciller de Noruega y de seis jefes de Estado. Todos hicieron de ese acto algo solemne, de una enorme importancia que dimensionó en su verdadero alcance lo que significa para Colombia la paz, y lo que Colombia representa en el concierto internacional.

No en todas las negociaciones que se han hecho, en América Central, por ejemplo, y en otras regiones del mundo se reúnen personajes de tanto poder. También había un representante de la Unión Europea y un representante directo de los Estados Unidos.

Entonces eso le da una dimensión especial a ese acuerdo que se logró el 23 de junio y explica cómo la paz de Colombia es tan importante, no sólo para toda América Latina sino para el concierto universal.

UNA GRAN ALIANZA POR LA PAZ
--Internacionalmente, como usted lo afirma, hay un enorme apoyo, pero, lamentablemente, en el plano nacional no ocurre lo mismo. ¿Cómo enfrentar el insólito hecho de que haya gente en Colombia que no quiere la paz?
--La razón por la cual hay colombianos que se oponen a este proceso es la actitud de los grandes medios de comunicación, que se empeñan, en la mañana, al mediodía y por la noche, en difundir mentiras, verdades a medias, informaciones tergiversadas de mala fe, vendiendo un discurso anti paz. Es lamentable que los grandes medios de comunicación en este país no hayan querido colaborar con el proceso de paz, que se opongan a él. En la práctica es eso lo que hacen. Esto indica que ellos quieren que la guerra continúe.

De otro lado, ha faltado de parte del Gobierno más compromiso con la difusión de los acuerdos, con su contenido, con los alcances y con las ventajas que tiene para todos los colombianos, de estrato cero a estrato veinte, cada uno de esos acuerdos de generar otro clima en la sociedad colombiana y de brindarnos la posibilidad de construir otra sociedad y otro país. El Gobierno ha fallado en la difusión de los acuerdos y en la ilustración a la población.

Así es que mucha gente se opone al proceso porque los medios los han influenciado, los han manipulado sin argumentos serios, con base en mentiras. Yo trabajo precisamente en esa dirección de ilustrar a la gente de mejor manera y de hacerles ver cómo ese conjunto de acuerdos se constituirán en la plataforma que nos va a permitir construir otro país.

--¿Qué papel van a jugar la Unión Patriótica y otras organizaciones de izquierda en la confluencia de colectivos que se espera ocurra una vez firmados los acuerdos de La Habana, cuando lleguen los excombatientes de las Farc-EP a ejercer la política en la legalidad, a difundir su proyecto de país y sus ideas en campos y ciudades?
--Nos encontraremos, sin duda. La Unión Patriótica se está preparando para actuar en el pos acuerdo, lo mismo hace el Partido Comunista, lo mismo hace Marcha Patriótica y, en general, el movimiento alternativo. Creo que los guerrilleros que se van a incorporar a la vida civil, a la sociedad, traen un proyecto político.

En la acto del 23 de junio en La Habana también se habló de eso: habrá un período en el que se van a definir algunas cosas para que ellos puedan organizar su propio movimiento político.

En esas condiciones, creo que nos vamos a encontrar todos, y entre todos tenemos el enorme compromiso de hacer la unidad para, con base en un programa mínimo, profundizar en la búsqueda de soluciones a los graves problemas que tiene el país.

--¿Una especie de Gran Alianza Patriótica?        
--Una especie de Gran Alianza. Yo no quisiera ponerle apellido todavía.

--Entre el 9 y el 11 de septiembre se cumplirá el VI Congreso Nacional de la Unión Patriótica. ¿Qué tareas se discutirán en él?
--Además del Congreso de la Unión Patriótica, en el segundo semestre también se llevará a cabo el Congreso del Partido Comunista. Creo q    ue Marcha Patriótica también tiene un evento nacional en este segundo semestre. Todos buscamos prepararnos de la mejor manera para participar en el período del pos acuerdo.

Vamos a discutir muchísimo todos la coyuntura política, el momento político que vive el país, para poder definir cuál es nuestro programa a desarrollar en el pos acuerdo y, fundamentalmente, cómo lograr la unidad del movimiento alternativo.

"La élite siente pánico cuando el pueblo se manifiesta", sostiene Imelda Daza. (Foto: Mauricio Villegas).
SIMÓN TRINIDAD
--¿Qué se conoce de la situación de Simón Trinidad?
--En La Habana pregunté en particular por la situación de Ricardo Palmera (Simón Trinidad) y de las posibilidades de su retorno al país. No hay nada definido todavía, pero las Farc-EP siguen insistiendo y siguen trabajando en dirección a que él esté presente el día en que se firme el acuerdo definitivo.

--¿Habrá posibilidades de un indulto por parte del presidente Obama, con base en las facultades que en tal sentido tiene?
--En realidad, el Presidente de los Estados Unidos tiene esa facultad, creo que sin consultar con nadie puede conceder el indulto. Lo que no entiendo es por qué no se ha hecho. Pero sí es posible.

--¿Qué resultados ha tenido la investigación en relación con el atentado del que usted fue víctima hace poco en Cartagena?
--Sorprendentemente la Fiscal que maneja el caso ha mostrado interés y diligencia en la investigación. Sin embargo, la Policía insiste en la hipótesis de que se trató de un hurto, pero el detenido hasta ahora parece que está colaborando con la Fiscalía, y aspiramos a que dentro de poco haya resultados.

--¿Cuál es el mensaje que trae para los vallecaucanos, usted que viene de otro valle, el Valle de Upar?
--Yo vengo del Valle de Upar, sí, y a los vallecaucanos quisiera contagiarlos de mi optimismo, quisiera contagiarlos de mi convicción profunda de que otra Colombia es posible, de que otro Valle del Cauca también es posible y otra Cali es igualmente posible.

(*) Editor de PARÉNTESIS y de ¡PERIODISMO LIBRE!

Entrevista realizada el viernes 24 de junio de 2016 en Cali, Valle del Cauca, Colombia.

REFERENCIAS WEBGRÁFICAS
consultadas para la introducción de esta entrevista:

Cabrales, Renata, “La colombo-sueca que regresó del exilio para luchar por la Gobernación del Cesar”, periódico El Heraldo, lunes 2 de noviembre de 2015, disponible en: http://www.elheraldo.co/politica/la-colombo-sueca-que-regreso-del-exilio-para-luchar-por-la-gobernacion-del-cesar-226060, consultada el jueves 30 de junio de 2016.

Obando, Valentina, “El regreso de Imelda Daza y su lucha por la Gobernación del Cesar, revista digital Las2Orillas, disponible en: http://www.las2orillas.co/el-regreso-de-imelda-daza-su-lucha-por-la-gobernacion-del-cesar/, consultada el jueves 30 de junio de 2016.

Redacción Valledupar, “Imelda Daza Cotes volvió del exilio para aspirar a la Gobernación del Cesar”, periódico El Heraldo, viernes 21 de agosto de 2015,  disponible en: http://www.elheraldo.co/politica/imelda-daza-cotes-volvio-del-exilio-para-aspirar-la-gobernacion-del-cesar-223872, consultada el jueves 30 de junio de 2016.

Unión Patriótica, “Imelda Daza Cotes. Todo por el Cesar”, disponible en: http://unionpatrioticacolombia.com/candidato/imelda-daza-cotes, consultada el jueves 30 de junio de 2016.


"Fuerzas tenebrosas que en Colombia han hecho tanto daño se resisten a la paz", afirmó Imelda Daza Cotes en su diálogo con PARÉNTESIS, cumplido en la biblioteca de la sede del PCC del Valle del Cauca. (Foto: Mauricio Villegas).

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