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martes, 15 de junio de 2010

9.- Informe especial. Triste recorrido por el Cauca

El río moribundo

* El mal trato que recibe es tan difícil de contrarrestar que los 160 millones de dólares que se han invertido en las plantas de tratamiento para depurar el 60% de las 170 toneladas del lodo que trae el río no le hacen cosquillas.

* “La contaminación está terminando con la pesca, incluso con el tamaño del pescado. Antes se cogía boca chico, bagre y barbudo, ahora sólo queda el corroncho, un pez que se alimenta de desechos y vive en la orillas”, dice un veterano pescador.

* “En Cali se logró identificar una altísima e inusual ocurrencia de malformaciones en las áreas más pobres y en cercanía a fuentes de contaminantes ambientales como el río Cauca y el botadero de basuras de Navarro”, aseguran investigadores en epidemiología.

Textos y fotos: Eugenio Minguez (*)
¿Quién pudiera creer que el río Cauca, ese caudal salvaje y poderoso que pasa por Cali, tiene tantos peligros que amenazan su vida? Basta mirarlo unos cuantos segundos para ver su poderosa fuerza y la seguridad con la que sigue su cauce, llevando a su paso árboles, peces y casas cuando se enfurece.

Ese monstruo de tez oscura que abastece de agua al 75% de la población caleña, aproximadamente 1.700.000 personas, sufre tantas enfermedades que está poniendo en riesgo la salud de muchos caleños que dependen de él.

Recorrerlo es triste. Escombros, sillas, colchones y objetos de diferentes materiales, además de los líquidos tóxicos que son arrojados a través de cañerías, ayudan a que este gran río muera más rápido de lo esperado.

Los factores de su enfermedad son simples: residuos industriales, asentamientos, desagües de aguas negras, lixiviados, basuras. Todo esto convierte al Cauca en una cloaca que atrae roedores y aves carroñeras que son el caldo de cultivo de miles de enfermedades para los habitantes de estas zonas.

La situación es tan crítica que el Cauca, segundo río más importante del país, es el más afectado debido a que recoge el mayor índice de acumulación de sustancias sólidas y liquidas que finalmente alteran las condiciones y características del medio ambiente. (Ver en esta misma edición una entrevista con Alberto Ramos Garbiras, ex procurador Ambiental y Agrario del Valle).

El mal trato que recibe es tan difícil de contrarrestar que los 160 millones de dólares que se han invertido en las plantas de tratamiento para depurar el 60% de las 170 toneladas del lodo que trae el río no le hacen cosquillas.

Se trata de un porcentaje mucho menor al esperado por las Empresas Municipales de Cali para que estas aguas se vuelvan medianamente potables. Es por eso que el año pasado se presentaron alrededor de 50 cortes de agua en toda la ciudad. El daño del Cauca no puede dar continuidad a los consumidores de Cali.

Según Carlos Alberto Rojas, director encargado del Departamento Administrativo del Medio Ambiente, Dagma, lo que más contamina al río Cauca a su paso por Cali “son los mismos ríos que atraviesan el perímetro urbano, porque se convierten en caños cuando hacen su recorrido arrastrando contaminantes líquidos y sólidos que van a parar al Cauca”.
Invasiones que matan
El majestuoso río Cauca bordea el municipio de Cali por el costado oriente, sector completamente plano. Su división no sería parte alta, media o baja como la cuenca de los otros seis ríos que hacen parte del caudal hídrico de la ciudad.

Según el documento titulado “La ciudad de los siete ríos”, el Cauca a su paso por Cali se divide en dos tramos: el primero corresponde al sector de Navarro, zona protectora que hace parte del espacio enmarcado entre el jarillón y el flujo de agua.

Este terreno, que oscila entre los 30 y los 200 metros, fue área de préstamo para la construcción del jarillon y ha sido invadido por grupos de personas destechadas para el uso de vivienda mediante el sistema de relleno.

El asentamiento de Navarro corresponde a un núcleo poblado donde sus habitantes han construido pequeñas huertas con cultivos. La adecuación y ocupación de los terrenos para cultivos comerciales ha disminuido la vegetación nativa de la zona de reserva forestal protectora del Cauca.

En el primer tramo las aguas se califican como de mala calidad por diferentes actividades económicas como la cría de cerdos y la extracción de arena, en especial donde el canal CVC Sur vierte sus aguas contaminadas con los desechos de las cañerías de la ciudad.

En éste y otros sectores el río se ve afectado por depósitos permanentes de escombros, residuos sólidos de las diferentes industrias y desechos de las avícolas y basuras domésticas.

El segundo tramo, zona de reserva forestal, no ha sido afectado por infraestructuras de vivienda o de vías, pero el área contigua construida ya afecta medianamente la construcción de vivienda de interés social, el jarillón que es utilizado como barrera física para evitar inundaciones ya ha sido invadido a todo lo largo del río a su paso por el nororiente de Cali.

Los asentamientos subnormales como Brisas de un Nuevo Amanecer, la Playita y otros han invadido la reserva forestal, afectando el ecosistema del río. Desde el puente de Juanchito hasta el límite con el norte del municipio de Cali los asentamientos como La Vega, Brisas del Cauca, Alfonso López, Petecuy y Floralia Río Cauca contribuyen al deterioro de la reserva forestal protectora.

¿Un Nuevo Amanecer?
Aunque en el Tramo Uno la calidad del agua es mala, en este segundo es mucho peor, por la mayor cantidad de aguas residuales del área más urbanizada e industrializada del municipio de Cali.
En el Distrito de Aguablanca, en la comuna 21, Decepaz, hay una invasión que tiene historia alrededor del río Cauca. Se llama Brisas de un Nuevo Amanecer y está poblada por gente de diferentes lugares del país.

Casi todos sus habitantes son de raza negra. La mayoría son procedentes de Buenaventura, Tumaco y el departamento del Cauca. Todos están allí en este asentamiento por un mismo motivo: desplazamiento por la violencia.

Las viviendas que están sobre este margen del Cauca son construidas de guadua y madera, techos de plástico y algunas de teja, no hay ninguna división que separe una casa de la otra.

La entrada a Brisas del Nuevo Amanecer es en tierra y escombros de construcción que arrojan en el camino. Hay cuatro calles anchas y cinco callejuelas que dividen el frente de las casas y una principal, que es la que divide al río de las viviendas.

En los techos y en el frente cuelgan la ropa que lavan para que sea secada por el calor del sol. Al interior de las viviendas solo existe un cuarto grande; viven hasta seis o siete personas entre adultos, adolecentes y niños. Los espacios están divididos por las camas, algunas sillas y un televisor, única diversión para los pequeños.

Ellos viven en condiciones de pobreza absoluta, su asiento, sobre el jarillón del río, interfiere directamente con el caudal.

Las mujeres que son las más cercanas a éste lo describen como un río “imponente”. Y saben que le hace daño al río, pero no tienen intenciones de cambiar su modo de vida. Lavan la ropa en el río y el jabón se va corriente abajo contaminando todo a su paso.

“No es culpa nuestra que tengamos que lavar en el río, eso es más barato para nosotros. No ve que yo vivo de lavar esta ropita”, asegura Martha, quien vive hace más de cinco años en la zona y aunque tiene claro todo el daño que esto le causa al río, ignora las consecuencias porque a ella poco le importa tanto el futuro del río, sólo le importa tener unos cuantos pesos para sobrevivir, esa es su prioridad.
El testimonio de Stefany
Los niños también hacen parte de esta convivencia y cercanía. Stefany, una pequeña de 12 años, comenta que el río es muy peligroso y sucio, que huele feo. Juega lejos de él y tiene claro que si se arrima se la puede llevar, pero que le gusta ver “su grandeza y el agua que lleva”.

Los habitantes de Brisas de un Nuevo Amanecer sufren de afecciones en la piel y de otras enfermedades que dañan el sistema digestivo por falta de higiene al preparar los alimentos. La desnutrición es otro de los problemas que mortifica en gran parte a la población infantil.

Y es más preocupante aún lo que un pequeño sorbo de aquel líquido puede acarrear. Es por ello que al año se presentan muchos casos de fiebre y diarreas en los chiquillos que habitan en el asentamiento.

“Eso es normal, ellos se van acostumbrando a todo. Más bien cogen defensas y eso los hace crecer más fuertes que cualquiera que crezca en otro lugar”, asegura con gran confianza Luisa, quien tiene dos hijos, uno de 8 y otro de 5 años, a quienes a pesar de ser delgados se les ve sonreír muy felices al tener una gran piscina cerca de su casa.

Sin embargo, Hoover Canaval, director del Departamento de Ginecoobstetricia del Hospital Universitario de Valle, HUV, afirma que consumir agua del Cauca o de cualquier río contaminado trae consecuencias muy graves para el sistema digestivo de los niños y sobre todo de las mujeres que están en embarazo.

“Hay efectos graves en niños menores de seis años, estos pueden sufrir de leucemia, problemas gástricos y afectar los órganos del feto en mujeres en embarazo. Todo esto es por los metales pesados que se filtran al río”, agrega.

Los problemas no son visibles, se manifiestan con pequeñas molestias gástricas que se pueden curar con cualquier pasta o infusión, pero “dependiendo de la contaminación por metales pesados, las enfermedades realmente graves se podrán ver a futuro. Pero la gente no tiene conciencia de ello”, asegura Canaval.
Agua que da trabajo
Los hombres que trabajan y viven de las turbias aguas del Cauca como don Orlando Rincón, quien labora en la extracción de arena desde hace 25 años a la altura del puente de Juanchito, dicen que ya no es como antes.

“La contaminación está terminando paulatinamente con la pesca, incluso con el tamaño del pescado, antes se cogía boca chico, bagre y barbudo, ahora queda el corroncho, un pez que se alimenta de desechos y vive en la orillas”, dice Rincón.

“También se están acabando las playas por la extracción de la arena del fondo del río, animalitos ya casi tampoco hay, nosotros somos consientes que le estamos haciendo mal al río y lo estamos maltratando, pero si es nuestro único sustento entonces de que más vamos a vivir”, agrega el veterano pescador.

En las orillas de algunas zonas se ven las máquinas extractoras de arena en el centro del río, el ruido es ensordecedor, los obreros que trabajan en estos aparatos hablan a los gritos, no se entiende lo que se dicen.

Mujeres y niños trabajan en un botadero de basura y escombros que se encuentra a pocos metros del río rescatando los objetos que para ellos pueden ser importantes ya sea para la venta o uso personal.

“Nosotros somos desplazados y esto es lo único que hay. A veces no se recoge nada bueno, pero estamos bien y no tenemos más para dónde pegar”, afirma Norma, quien trabaja recogiendo objetos de la basura, los arregla y los vende por mil o dos mil pesos.

La relación de los habitantes del asentamiento Brisas de un Nuevo Amanecer con el río Cauca es arraigada, ya que son personas desplazadas que salen de sus tierras y tratan de sobrevivir en un lugar que no los tiene en cuenta.

Ellos, sin rendirse, tratan de buscar algo parecido a lo que tenían antes. Esa es su cultura y por eso los asentamientos cada día crecen más, sus pobladores son conscientes de que la tierra no les pertenece, pero no pueden ni quieren moverse del lugar aún sabiendo los peligros que corren al exponerse tanto a la contaminación.

Agua que deforma
Una de las grandes preocupaciones respecto de las toxinas que se han encontrado en el río Cauca es la malformación congénita, MFC. Los lixiviados y la concentración de pesticidas en el agua, al entrar en contacto con las personas, acarrean, a largo plazo, enfermedades tan peligrosas que no se pueden contrarrestar con medicamentos.

Este tipo de casos constituyen la segunda causa de muerte en el mundo, incluido Colombia y según estudios realizados por un grupo de investigadores de la Universidad del Valle, en Cali se han encontrado casos de MFC a partir de toxinas que se producen en el río Cauca y en otros ríos.

“En Cali, luego del establecimiento de un sistema de registro en el HUV, se logró identificar una altísima e inusual ocurrencia de algunas malformaciones en las áreas más pobres y en cercanía a posibles fuentes de contaminantes ambientales como el río Cauca y el botadero de basuras de Navarro”, aseguran los investigadores Fabián Méndez y Yoseth Ariza, médicos ph.d. en epidemiología.

Los registros presentados por el centro hospitalario, respecto a casos de malformaciones en el embarazo de mujeres en las comunidades que están cerca al río, dicen que del 2004 al 2008 las mujeres de estas zonas presentaron sensibilidad en su periodo gestal por toxinas encontradas en el cuerpo que inducían a que el feto pudiera tener MFC.

“Esta sensibilidad significa que hay alguna toxina que puede afectar el embarazo y que lleva posiblemente a una malformación en el feto, pero el embarazo puede ser normal, sólo que esos metales que se ingieren dificultan las condiciones y por eso muchos terminan en abortos”, asegura la médica Luz Edith Gómez.

En ese proceso se detectaron 62 casos y 103 controles en mujeres del distrito de Agua Blanca que estaban expuestas a algún tipo de contaminación con el río Cauca, bien sea con los alimentos o con el agua.

“Los fetos poseen una vulnerabilidad mayor a los tóxicos ambientales debido a su inmadurez fisiológica, lo que puede traducirse en bajo peso al nacer, restricción en el crecimiento, afectación en el desarrollo neuropsicológico y el desarrollo de otras condiciones crónicas en la vida adulta”, asegura el estudio de la Universidad del Valle. Navarro, bomba de tiempo
El antiguo botadero o basurero municipal puede ser una bomba de tiempo para la ciudad, si no hay un tratamiento adecuado de los lixiviados que pueden filtrarse a las aguas subterráneas y llegar a la cuenca del río Cauca, comentan algunos expertos en medio ambiente.

Al aproximarse al antiguo botadero de basuras de Navarro se observa una montaña gigante con vegetación que aparentemente se ve natural y ordenada, pero al adentrarse unos kilómetros más se descubre otra montaña de basuras aproximadamente de 20 metros de altura de la cual emana un olor a gas repugnante, que hace recordar que durante 41 años habitaron recicladores, aves carroñeras y roedores, cada uno en la lucha por su supervivencia.

Es extraño encontrar este monte de basuras en contraste con la montaña verde, teniendo en cuenta el proceso de sellamiento que se está adelantando en los siete vasos que conformaban el vertedero.

Según Luz Amelia Sandoval, funcionaria de Emsirva, encargada de dirigir el sellamiento, esta nueva colina de basuras corresponde a un residuo que aún no se ha rellenado por lo cual fue necesario realizar un octavo vaso para recibir los lixiviados.

La Contraloría Municipal, que realiza un seguimiento a este caso, conoció que solo hace un mes se empezó a realizar el cubrimiento de este nuevo tramo de basuras y continuará supervisando el sellamiento del basuro.

Ingenieros sanitarios advierten que el problema con los lixiviados de Navarro continuará en su proceso natural por un tiempo no menor de 25 a 30 años, para lo cual no existe aún un tratamiento adecuado. Así mismo, alertan sobre la insuficiente capacidad de las lagunas y el riesgo de contaminación de las aguas subterráneas y la madre vieja del río Cauca.

Al cierre definitivo de Navarro existían cinco lagunas de lixiviados que producían las basuras, al día de hoy hay siete, de las cuales seis están llenas al máximo y no reciben ningún tratamiento.

La gravedad de este problema es que Navarro seguirá produciendo más lixiviados. Cada día que pasa Navarro produce 10.944 litros de este líquido tóxico. El Ministerio de Medio Ambiente y Vivienda reporta 390.000 metros cúbicos.

Un total de $407 millones han sido invertidos en la laguna seis, la cual superó el volumen de almacenamiento el año pasado, por lo cual se construyó una séptima piscina de almacenamiento donde se invirtieron $600 millones más.

En el 2007 el alcalde Ramiro Tafur asignó una partida de $9.417 millones para la empresa encargada del tratamiento de los lixiviados. Emsirva asegura que no es esa la cifra entregada por el municipio sino $8.900 millones para el tratamiento.

Es necesario dejar claro que los procesos de tratamiento y almacenamiento son diferentes, notándose que este último no ha sido cumplido por parte de Emsirva, por lo cual funcionarios de la CVC cuestionan la falta de control de emanación de gases.

Entre tanto, a ingenieros de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental, Acodal, les inquieta que los caleños continúen esperando una planta de tratamiento sabiendo que Navarro continúa siendo un peligro ambiental inminente.

El panorama tras el recorrido efectuado a lo largo de las aguas del río Cauca no puede ser más desolador. ¿Qué dicen las autoridades?

(*) Reportero gráfico y estudiante de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Santiago de Cali, USC.

Apuntes clave
* Navarro es una montaña de 62 metros de alto con más 30 años de existencia que contamina notablemente al río Cauca. Autoridades ambientales pidieron su cierre hace mucho años, pero sólo hace poco se consiguió. Pero mientras no se haga nada serio al respecto sus lixiviados seguirán contaminando al río hasta dejar su agua inservible.

* En el río Cauca se han encontrado altos niveles de contaminación por xenobióticos (se consideran residuos de plaguicidas y medicamentos de uso veterinario y se reconocen como contaminantes los metales pesados, las micotoxinas, las nitrosaminas, los bifenilos policlorados, las dioxinas y los furanos policlorados). Por este tipo de metales pesados y herbicidas los peces presentan algún nivel de metal, lo que puede ser dañino y corrosivo para el consumo humano.

Soluciones posibles
* Evitar que los lixiviados caigan a la madre vieja de río, porque en la subterránea se sigue contaminando. Impedir que los lixiviados y materiales tóxicos contaminantes se viertan al canal sur.

* Correr las bocatomas unos kilómetros arriba en el río Cauca o construir una mega-represa en Cali.

* Recuperar definitivamente el jarillón reubicando a las comunidades que se asentaron en este sitio dese hace varios años.

* Evitar que las aguas residuales de los caños se viertan sobre las aguas del Cauca y controlar la extracción de arena de su lecho.

1 comentario:

  1. que queres que te diga yo en el 1998 de trece años fui a navarro y me asombro increiblemente el tamaño de la montaña de basura y el estado en el que vivia la gente arriba de la montaña a la que subinos en un colectivo era increible pensar que caminabamos arriba de la basura y que esta gente ademas de pisar vivia, dormia y comia arriba de lo que nosotros tirabamos... pense por ese entonces que el cierre era inminente ..pero es inconsebible que recien die años despues se cerro... lamentable... por eso el planeta nos esta cobrando los daños que le hacemos dia por dia.. lamento mas no vivir en mi ciudad... hoy a mas de 8000 km de distancia en el fin del mundo donde la contaminacion aun no es notoria.. me doy cuenta.. que los caleños tenemos que tomar conciencia ya... o la tierra tomara parte.. gracias.. fernanda florez. Ushuaia- Patagonia Argentina 26 años

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