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domingo, 23 de enero de 2011

1. Análisis. Rebaja del 21,5% en la hora/cátedra


En la Santiago, profesores 
pagan los platos rotos

La fina vajilla santiaguina se rompió. No basta con pegar sus pedazos. Los responsables de la quebrazón deben ser desenmascarados. La Santiago urge renovación, pero de verdad, no un simple cambio para que todo siga igual.  Se han generado círculos que podríamos denominar clientelas “académicas”, en las que pequeños o grandes poderes pasan sobre los derechos de docentes y empleados de diferentes niveles y desconocen méritos y logros, imponen sus decisiones, todo con tal de mantener el mando sin disensiones. Se requiere reforma académico-administrativa.

Por Luis Alfonso Mena S. (*)
Como suelen decir los viejos, la cuerda se rompe por el lado más débil.

Ningún proverbio más pertinente para resumir lo que está ocurriendo en la Universidad Santiago de Cali, USC, en relación con la búsqueda de soluciones a la profunda crisis financiera, administrativa y de gobierno que sacude a la institución.

Una de las medidas acordadas entre comisiones de las Directivas de la USC y del Sindicato del Alma Máter fue rebajar en un 21,5% el salario de los profesores vinculados en la modalidad hora/cátedra, que son un alto porcentaje en la institución.

Así, la hora/cátedra pasó de $39.247, en 2010, a $30.800 en 2011. Y, además, para los tres años siguientes pactaron leves incrementos que nunca regresarán el valor de la hora al monto del año 2010.

El Acuerdo, firmado el 21 de diciembre, establece que en 2012 la hora/cátedra será pagada a 31.800; en 2013, a $32.800, y en 2014, a $34.000.

Con esta decisión, incluida al lado de otras medidas de ajuste, se pretende afrontar el elevado déficit económico que tiene la institución.

Lo grave es que la solución recae sobre los hombros de la mayoría de los docentes, que son hora/cátedra, como si ellos fueran los responsables de la crisis. De esta forma, terminan pagando los platos que otros rompieron.

En realidad, la responsabilidad de la crisis se encuentra en otros ámbitos, que apenas empiezan a salir a flote, entre ellos el desgreño administrativo, el clientelismo interno, la politiquería y el desangre con la contratación en obras, servicios y en otras esferas.

Por ejemplo, un informe de auditoría sobre la escuela de posgrados de la institución hace graves revelaciones y muestra no sólo la existencia de una costosa nómina ejecutiva con millonarios sueldos, sino unos directivos universitarios cobrando por aparte honorarios anuales de entre $20 millones y $59 millones en maestrías y especializaciones.

Lo hallado en el Informe de Auditoría a los Programas de Posgrado evidenció un odioso abismo entre un grupo reducido de directivos con millonarias asignaciones y honorarios y el resto, la gran mayoría, que debe pelear, semestre a semestre, la asignación de cursos para completar ingresos mínimos.

Pero este es solo un caso entre muchos. Mientras se afecta el salario de los profesores de contrato especial u hora/cátedra, que, reitero, son la mayoría de una nómina de más de mil docentes, se crean nuevos cargos de directores de departamentos, entes producto de una reforma reciente.

Éstos tienen las mismas funciones de los directores de programas, cargos que, sin embargo, siguen existiendo de manera paralela, en un ejemplo típico del desorden administrativo que cuesta mucha plata.

En la coyuntura actual, la situación de los docentes se ve agravada aún más por la falta de seguridad social que los aqueja, pues la USC no paga a tiempo a las EPS, circunstancia que redunda en desatención y riegos de salud y vida para los profesores y sus familias.

El mismo retraso se presenta en otros rubros, como el de las pensiones, a pesar de que los porcentajes correspondientes a los docentes son descontados de las mesadas pagadas a ellos.

Los profesores, además, de acuerdo con lo pactado en la Convención Colectiva de Trabajadores en julio de 2010, ya no recibirán sino una prima extralegal, en vez de dos, lo cual constituye otro aporte de los docentes en procura de solución a la crisis económica institucional.

Patrimonio de la ciudad
La Santiago de Cali es una universidad sui géneris, pues aunque no pertenece al Estado, tampoco es propiedad de un emporio típico, de aquellos en los que la educación superior es un negocio que rinde frutos a un grupo de capitalistas.

Se supone que en la Santiago lo producido por ella tiene como destino la redistribución en su desarrollo académico con énfasis en la investigación científica, en el mejoramiento de su infraestructura y en el bienestar de uno de sus nervios vitales, los docentes.

Ella es un patrimonio de Cali que ha contribuido a formar centenares de miles de personas procedentes de los estratos bajos y medios de todo el Valle del Cauca, lo cual pone en evidencia su importancia social y las características particulares que la hace sujeto de un mayor control colectivo.

Recuerdo lo anterior debido a observaciones de algunos que consideran que los problemas de la institución no se deberían hacer públicos, pues creen que ello le hace daño y empeora los estigmas que la afectan.

Además, sostienen que no se hace el mismo control sobre las otras universidades de la ciudad, nada exentas de problemas y presencia de irregularidades y exclusiones, como también lo hemos dicho en diferentes escenarios.

Sin embargo, los problemas no se solucionan tapándolos ni mirando los males de los vecinos, mucho menos en una institución como la Santiago, con un presupuesto más grande que el de la mayoría de los municipios del Valle.

Sobre todo, porque, como suele ocurrir cuando nos referimos a los recursos públicos, estatales, la Santiago es de todos, pero al mismo tiempo de nadie, y ello ha generado históricamente ambiciones de grupos advenedizos e inescrupulosos.

Estos se han sucedido, han cambiado de nombres y de vestimenta, pero han estado ahí, convirtiendo la institución en su modus vivendi, asumiéndola como su hacienda.

Las clientelas “académicas”
Por eso hizo carrera recientemente una frase en el sentido de que la Santiago se manejaba “como una familia”, pero no una familia grande, sino de grupos oportunistas que tejieron redes clientelares para usufructuarla a su antojo, hasta esquilmarla y llevarla al borde de la bancarrota.

Y en este ambiente surgieron también toda clase de poderes que fraccionaron en feudos y parcelas la Universidad hasta el punto de hablarse de que a tal o cual persona le corresponde tal o cual espacio.

Ello no es ajeno tampoco a facultades, departamentos y otras dependencias, en las que existen poderes que se sienten omnímodos e inamovibles, que defienden a como dé lugar sus parcelas, imponen, mangonean y cometen injusticias.

Esos pequeños o grandes poderes pasan sobre los derechos de docentes y empleados de diferentes niveles y desconocen méritos y logros, dictan sus decisiones, todo con tal de mantener el mando permanente, sin disidencias.

Así, se han generado círculos que podríamos denominar clientelas “académicas”, en las que los beneficiados deben rendir tributo a sus líderes para garantizar la reanudación de contratos y no caer en desgracia con sus jefes.

Por eso, hoy está en marcha un debate sobre los mecanismos para afrontar la crisis que involucra a todos los estamentos de la institución, debate dentro del cual se cuestiona descargar los efectos de esa crisis y su resolución en los hombros de los más débiles: la base profesoral y los trabajadores y empleados de rango medio y bajo, de salario mínimo, como ha ocurrido.

No se trata de esperar a que la Universidad tenga que cerrar para que “todos pongan”, como dicen algunos, pero no se puede recurrir al expediente fácil de que en el “todos ponen” sean los profesores hora/cátedra los que paguen las piezas más costosas de la vajilla.
Entre otras cosas, porque rebajar el sueldo a los trabajadores infringe la normativa laboral colombiana y, principalmente, porque muchos de los responsables del desgreño siguen como si nada hubiera pasado.

Preguntas latentes
Son muchas las preguntas que están por ser resueltas. La investigación de las causas de la crisis debería ser tarea prioritaria, porque no bastan los ajustes, los apretones, para que, como ha ocurrido en otras oportunidades, lo ahorrado se vuelva a dilapidar y la crisis continúe.

¿Cuánto costó, en verdad, la reforma del frontispicio de la Universidad? ¿Cuánto, el noticiero que creó la USC y salió del aire? ¿Cuánto, la millonaria pauta publicitaria y el pago de “asesores”? ¿Cuánto, las elecciones de órganos de “cogobierno”? ¿Cuánto, el funcionamiento del sobredimensionado Consejo Superior?

¿Cuánto costaron las numerosas celebraciones con ocasión de los 50 años y otras festividades? ¿Cuánto, la escuela de posgrado y su costosa nómina de directivos y honorarios? ¿Cuánto, los aires acondicionados vetustos instalados en el edificio de Comunicación Social? …

Las preguntas son muchas más y, en todo caso, no parece que la respuesta estuviera en la base profesoral, a la que ahora le cobran los platos rotos.

El debate, a diferencia de lo que creen los viejos y recientes partidarios del “rayón y cuenta nueva”, apenas comienza. Bienvenido. El saneamiento de la Universidad lo requiere.

Los problemas no se arreglan tapándolos y diciendo, como algunos: “Al que no le guste esto, que se vaya”. No señores, así no se resuelven los problemas de la USC.

El Consejo Superior y demás organismos del llamado cogobierno deberían también ser remozados y democratizados, para que cumplan con su papel y no sean simples apéndices del poder.

Su inoperancia en el sentido de fungir como escenarios de debate y controversia democráticos hace parte de los orígenes de la crisis.

La discusión sigue
Las organizaciones estudiantiles, el Sindicato de Profesores, el Claustro Universitario, las cooperativas y organismos similares, los periódicos y demás medios de expresión que circulan dentro de la institución deben tener acceso, sin restricciones, a toda la información de lo ocurrido, difundirla y promover el debate.

La democracia de verdad, más allá de los formalismos y la propaganda, debe abrirse paso. Es hora de la verdad, y ella debe difundirse sin censuras.

Si la Santiago es patrimonio de la ciudad, a todos nos interesa y la sociedad debe conocer lo que a ella le sigue ocurriendo. A los caleños hay que rendirles cuentas.

La fina vajilla santiaguina se rompió. No basta con pegar sus pedazos. Los responsables de la quebrazón deben ser desenmascarados.

La Santiago urge renovación, pero renovación de verdad, no un simple cambio para que todo siga igual.

En manos de docentes, estudiantes y trabajadores está su destino.

(*) Docente de la USC, director de la revista virtual ¡Periodismo Libre! y del periódico universitario Paréntesis.

6 comentarios:

  1. José Julián Mena Rivera24 de enero de 2011, 16:19

    La ética, la justicia y la igualdad, son valores que van desapareciendo de nuestra sociedad. Lo realmente preocupante es el inhóspito futuro de quienes practican el aferrarse a la verdad. Y, a la luz de mi verdad, me siento en la obligación moral de reconocer públicamente, que el profesor Luis Alfonso Mena es un excelente docente.
    En mis 32 años, después de un éxodo voluntario de once años y un interregno de 14 años sin estudiar, ha conseguido impregnar conceptos en el área de redacción útiles para fungir como buen comunicador.
    Como santiaguino, quedo realmente preocupado. Si bien, es cierto que los profesores hora/cátedra están pagando las piezas más costosas de una vajilla que se cayó de manos escurridizas, está por verse el precio que impondrán a los estudiantes, quienes ya estamos siendo salpicados por las consecuencias de la injusticia.

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  2. los problemas de la santiago han ocurrido concurrentemente, pero no es solo cuando se vea afectado el estamento profesorado cuando se alze la voz. la inconformidad con la gestion administrativa en cabeza del rector, es sentida por gran parte de la universidad pero hasta que no nos unamos las cosas no cambiaran, en el momento que esos grupos politicos se sientan vijilados y perseguidos los problemas de la santiago cesaran.

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  3. Profesor Mena.
    Si por la Santiago se presentan estos hechos, por la Autónoma de Occidente las cosas no van mejor. Según el vicerrector "la UAO es un negocio y lo que importa es que los estudiantes no se retiren", así los profesores tengan que aprobar a estudiantes que no reaunen los parametros para ello.

    Docente que deje estudiantes sale de la nómina; a no ser que sean sus amigos personales o fichas claves. Además, los salarios de los administrativos superan en alto margen a los que verdaderamente realizan y son el saber hacer de la universidad, los docentes.
    Acudiendo a sus dotes de periodista investigativo le recomiendo consultar ciertas fuente como MAPA, profesores y estudiantes. Algunos de los últimos, sin ningún empacho, afirman "he pasado los semestres sin ningún esfuerzo, para que pierdo tiempo con su materia si de todas maneras la ganaré", a lo que se suman profesores que por conservar su puesto contribuyen con esta operación.

    Como padre de estudiantes universitarios hago todo el esfuerzo necesario para cumplir las obligaciones financieras que debo asumir para que mis hijos se formen, esperando que las personas y entidades que asumen esta labor, por su propia voluntad, cumplan con su trabjo, responsabilidad contractual y social.

    Profesor Mena lo que pasa en nuestra ciudad y país es que a quienes defraudan, deliquen, incumplen, malversan no les pasa nada, como decía Alex Gorayev.

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  4. La situación para estudiantes, docentes y en general la comunidad universitaria en la Santiago, siempre ha estado marcada por amiguismos, relaciones oscuras, clientelismo y sobretodo ha estado impregnada de aquello que nuestra sociedad aun no ha podido combatir, una inmensa corrupción que ataca todos los flancos de nuestra sociedad.
    Se hace necesario, que precisamente desde los diferentes espacios académicos se estructuren reflexiones fundamentadas de manera ética y estética que redunden desde la acción en mejoras sustanciales para los ciudadanos.
    Al parecer y tristemente para nuestra sociedad los docentes -aquellos encargados de la construcción del pensamiento libre y estructurado- terminan siendo personas de tercera categoría, (tercerizados, precarizados en su que hacer y ad portas de quedarse sin su sustento diario, luchando y penando de manera inmisericorde para que sus horas no sean ocupadas por el amigo de turno del director, el decano o alguna vaca sagrada que necesita el puesto). A ellos se les niegan en muchos casos hasta las posibilidades de su desarrollo integral y personal, a más del derecho a tener un trabajo digno desde el cual puedan no sólo contribuir a la formación de ciudadanas y ciudadanos capaces, sino también de ostentar un sustento decoroso al que tienen derecho.
    La situación en la Santiago, no dista mucho de la realidad de otras universidades de nuestro país, a diario los docentes catedráticos de las universidades públicas, nos quedamos a la espera humillante, angustiante y desesperante hasta el último día de ser llamados a cumplir con nuestras jornadas sin que nuestras horas de trabajo se vean afectadas. A diario esperamos no ser despedidos por no estar de acuerdo con las otras personas, a diario se nos prohíbe la libertad de expresar nuestras opiniones a fuerza de perder el trabajo si a los pequeños caciques les parece que nuestras opiniones van en contra de algunos de sus intereses.
    Las universidades deben ser claustros de libertad, donde las opiniones de todos sean escuchadas y tenidas en cuenta. Deben ser espacios aptos para la reflexión con argumentos, para el disenso, para el aportefundamentado y no pequeños fortines que tienen a su mando emperadorcillos dispuestos a “matar” por el poder.
    La Universidad actual no es más que el reflejo o mejor el semillero de nuestra sociedad actual; corrupta, pasional, irracional, desmembrada en acciones de poder que se extralimitan y van en detrimento de nuestro tan mencionado Estado social de Derecho. (andreamazuera)

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  5. Jenny Mercedes Garcia Trejos23 de febrero de 2011, 11:06

    La realidad que afronta la sociedad en este
    momento y sobre todo la USC, no es más que intereses económicos y la pretensión de perpetuarse en el poder de una minoría que no le importa pasar por encima de la ética y la responsabilidad social a la que supuestamente se habían comprometido.
    Urge la necesidad que tantos docentes, estudiantes y trabajadores hagan valer sus derechos.
    Medios como este y trabajos de investigación como los del docente: Luis Alfonso Mena, permiten visibilizar aquello que otros intereses quieren ocultar.

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  6. Jenny Mercedes Garcia Trejos23 de febrero de 2011, 11:07

    La realidad que afronta la sociedad en este momento y sobre todo la USC, no es más que intereses económicos y la pretensión de perpetuarse en el poder de una minoría que no le importa pasar por encima de la ética y la responsabilidad social a la que supuestamente se habían comprometido.
    Urge la necesidad que tantos docentes, estudiantes y trabajadores hagan valer sus derechos.
    Medios como este y trabajos de investigación como los del docente: Luis Alfonso Mena, permiten visibilizar aquello que otros intereses quieren ocultar.

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