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domingo, 23 de enero de 2011

2. ¿Qué pasa en Comunicación Social de la USC?

Carta urgente

A continuación transcribimos el texto de la carta dirigida por Luis Alfonso Mena S., docente de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Santiago de Cali, USC, y director de ¡PERIODISMO LIBRE!, a la Junta Directiva y a la Comisión de Reclamos del Sindicato de Profesores de la institución, Siprusaca, solicitando su intervención para evitar el deterioro de su situación laboral en dicha Facultad y denunciando el maltrato del que viene siendo objeto de tiempo atrás.

Cali, jueves 20 de enero de 2011

Compañeros
JUNTA DIRECTIVA Y COMISIÓN DE RECLAMOS DEL SINDICATO
DE PROFESORES DE LA UNIVERSIDAD SANTIAGO DE CALI, SIPRUSACA
E. S. C.

Apreciados compañeros:

Les informo que al momento de terminar de escribir esta carta (9:00 p.m.), y de no haber la reformulación que reclamo, me encuentro contractualmente por fuera de la Universidad Santiago de Cali, USC, pues la Facultad de Comunicación Social sólo me asignó tres horas/cátedra para el período académico 2011-A, en vez de las quince que tenía en el semestre 2010-B. Tres horas adicionales, con las que se completaban seis, le correspondían en realidad a otro profesor y por lo tanto procedí a devolverlas.

Así, según el Acuerdo de la Mesa de Concertación del 21 de diciembre de 2010 firmado entre la Dirección de la Universidad y la Comisión del Sindicato, al no alcanzar las seis horas estipuladas en el mismo, se pierde mi derecho a una contratación de orden laboral, circunstancia con la cual se desconocen, además, 14 años de trabajo ininterrumpido en la formación, día a día, cátedra a cátedra, de centenares de estudiantes, muchos de los cuales se desempeñan hoy con lujo de detalles en los más diversos medios de comunicación y lugares no sólo de Colombia sino del mundo. 


Resulta paradójico y sintomático que esta situación se produzca precisamente luego del semestre en el que editara, con esfuerzo propio, Descifrando huellas. Periodismo del mimeógrafo al ciberespacio, libro que compendia, entre otros aspectos, mi aporte pedagógico a la formación de periodistas en las universidades donde he laborado. También, después de que consolidara la edición de la revista virtual ¡Periodismo Libre!, ejercicio de producción académica y comunicacional permanente. Y, además, luego de que editara el No. 13 del periódico universitario Paréntesis, taller de periodismo independiente que desarrollo con mis estudiantes del Énfasis que coordino y que tanto malestar les causó a unos pocos en la USC por los informes y cuestionamientos serios y documentados presentados en él sobre la profunda crisis de la Santiago. Paréntesis circula por el esfuerzo del docente y de sus alumnos, sin aportes económicos de la Universidad, desde 1999, cuando asumí la orientación del Énfasis en Periodismo.

Como puedo certificar de manera profusa, el deterioro de mi vinculación laboral en la USC ha sido progresivo y sin justificación profesional o académica alguna, pues, en primer lugar, semestre tras semestre he ido perdiendo carga académica y, en segundo término, se me ha negado la posibilidad de contratación con una estabilidad que evite el dramático episodio de tener que reclamar al inicio de cada período la asignación de clases, como si fuera un recién llegado al Alma Máter o no tuviera méritos, todo debido a que la Dirección de la Facultad de Comunicación Social de la USC no hace ningún reconocimiento --en la práctica, no en las palabras--, de mi trayectoria de más de tres décadas de periodismo, ni de mi aporte al Programa de Comunicación, ni de mi formación humanística, fortalecida ahora con la maestría en historia que acabo de culminar en la Universidad del Valle con elevado promedio de calificaciones.

Todo lo descrito configura un acto de maltrato institucional, de pleno desconocimiento de los derechos que me amparan, más aún si se tiene en cuenta el fuero que me cobija por hacer parte de la Comisión de Reclamos de Siprusaca. El maltrato se viene configurando, como lo he dicho, de tiempo atrás, así afirme lo contrario el decano de la Facultad, Arturo Arenas Fernández, quien, mientras dialogaba conmigo luego de la reunión general de docentes de Humanidades realizada el miércoles 19 de enero, imprimió un documento elaborado previamente por él y titulado “Caso Luis Alfonso Mena”, en el que formula cuatro puntos para tratar de justificar el deterioro progresivo de mi situación laboral.

El referido documento incluye, además, ocho cuadros con una relación incompleta de las horas que he dictado, pues el Decano dijo desconocer que yo había dado clases en el Énfasis en Periodismo correspondiente al nuevo pensum, en 2009-A, cátedras que efectivamente dicté. En ese texto resulta muy extraña la siguiente afirmación del directivo:

“En lo que podemos estar tranquilos y defender nuestra posición es que en ninguna circunstancia se ha procedido de manera irregular con el docente, ni hemos tenido el propósito de desmejorar su condición…”. (El subrayado es mío).

Ante tal confesión, surgen varios interrogantes: ¿Por qué y para quién el Decano de la Facultad de Comunicación Social de la USC tenía lista una respuesta previamente estudiada y redactada frente a unos reclamos que hasta ese momento yo no había formulado? A pesar de que él se esfuerza, sin lograrlo, en demostrar que no se me ha desmejorado, ¿no es esa afirmación una confesión implícita de que sí hay responsabilidad en el deterioro ostensible y evidente de mi situación? ¿No es acaso una anticipación para justificar lo injustificable? ¿Por qué desde antes de que yo reclamara, ya hablaba de “defender nuestra posición”, como si se tratara de una guerra con el docente? ¿Por qué si se presentan posibilidades de una mejoría contractual basada en los méritos, no en otras consideraciones, ellas no se materializan en mi caso?

En el documento se dice que no he querido participar en concursos profesorales para cargos de dedicación exclusiva, tiempo completo y medio tiempo, lo cual es falso, pues cuando se abrieron concursos para tal fin yo me encontraba laborando en el diario El País y, en correspondencia con mis valores éticos, no podía estar en otro cargo que implicara una vinculación con responsabilidades de tiempo y lugar de mayor alcance que las que ya tenía con la USC. Luego de que salí de El País, hace tres años y dos meses, aunque fueron nombrados varios profesores, incluso sin concurso, en las modalidades mencionadas arriba, jamás se me tuvo en cuenta para ellas, a pesar de que los directivos de la Facultad tenían pleno conocimiento de mi disponibilidad de tiempo y lugar desde noviembre de 2007 y se me hicieron promesas, incumplidas, de mejoramiento.

El Decano anunció en la reunión del 19 de enero de 2011 que auscultaría “otras posibilidades” de carga académica para mí que, en todo caso, no sería igual a las quince horas que tenía hasta el período 2010-B, ni sería toda en Cali, sino que incluiría algunas horas en la sede de Palmira, con las implicaciones que ello tiene para mi paupérrimo presupuesto, pues tendría que incurrir en gravosos gastos de transporte desde el municipio de Jamundí, donde resido, hasta la Villa de las Palmas.

Al momento de terminar la redacción de esta carta, reitero, estoy por fuera de la USC, pues no he recibido respuesta en sentido contrario de la Facultad de Comunicación Social.

Una reflexión final: resulta preocupante que la Facultad esté excluyendo a sus profesores periodistas, a pesar de que el aval otorgado por el Consejo Latinoamericano de Acreditación de la Educación en Periodismo, Claep, fue el resultado, en buena medida, de la alta evaluación que esta entidad hizo de los estudiantes del Énfasis que coordino.

Además de lo que ocurre conmigo, para este semestre tampoco fueron llamados a brindar su concurso los profesores Lisandro Penagos, director del programa Amaneciendo que se transmite por el canal regional Telepacífico, y Oswaldo Páez, editor de fotografía del diario El País, distinguido con premios nacionales e internacionales. Todo, a pesar de los aportes efectuados por estos docentes, como los 25 trabajos de periodismo televisivo producidos en las clases del primero, varios de los cuales fueron difundidos por Telepacífico, y la gran exposición fotográfica con trabajos de sus estudiantes organizada por el segundo y albergada durante dos meses por la Biblioteca Departamental.

De esta forma, se perjudica la formación de los estudiantes, se echa por tierra la experiencia desarrollada en el Énfasis en Periodismo, de cuyas entrañas nacieron tantos comunicadores hoy reconocidos en los más diversos escenarios, y, lo más grave, se dilapida la posibilidad de consolidar el perfil del periodista santiaguino: un humanista crítico, aguerrido y competente.

Lo que está en marcha es un acto de censura al periodismo que enseño y ejercito en la Universidad, y una persecución tipificada en la Ley 1010 de 2006, de Acoso Laboral, que las directivas de la Facultad de Comunicación Social de la USC sustentan ahora en el Acuerdo del 21 de diciembre de 2010.

Con base en todo lo expuesto, solicito de la Junta Directiva y de la Comisión de Reclamos de Siprusaca su decidida intervención para que se respeten mis derechos laborales y no se afecte más mi calamitosa situación personal, que repercute en mayor deterioro de mi estabilidad familiar y atenta contra mi dignidad.
Fraternalmente,

LUIS ALFONSO MENA S.
Docente

1 comentario:

  1. Es lamentable que a un docente de la trayectoria y experiencia del profesor Mena se le vulnere y trate de esta manera.
    Como su alumna hace 14 años, no solo reconozco y valoro enormemente sus enseñanzas, sino que las agradezco. Durante los años que he estado en el mercado laboral me he podido desempeñar de manera sobresaliente en todos los ámbitos de la comunicación social incluyendo el periodismo escrito; cada día recuerdo su temple y su recia conducción para con aquellos que teníamos en nuestros sueños ser escritores o periodistas, transformar a través de las palabras limpias, fundamentadas y éticas las opiniones públicas. Yo como la mayoría de los estudiantes que tuvimos el desafío de ser sus alumnos debemos sentar nuestra voz de protesta frente a las injusticias cometidas por el doctor Arenas.
    Es indignante que después de años de arduo trabajo, de formación permanente, de reconocimientos públicos por su labor, de haber contribuido a la formación de cientos de profesionales, a este docente se le mancille, se le humille, se le vulneren sus derechos por los caprichos temerosos de unos cuantos caciques santiaguinos.
    Luis Alfonso Mena no solo merece de manera justificada mantener sus horas cátedra, más allá de eso, merece ser un docente reconocido, normalizado y en gozo merecido de un contrato que no solo le dé su buen sustento, sino también las posibilidades de su mayor crecimiento profesional y personal.

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