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miércoles, 22 de diciembre de 2010

3. Ponencia. Foro Prensa y Lucha de Clases


De los medios masivos a los medios de masas

Apartes de la ponencia presentada por el autor en el foro realizado por el Partido Comunista del Valle el domingo 5 de diciembre de 2010. “Falta más iniciativa, desprendimiento, voluntad y valoración política desde la izquierda para asumir la creación de medios masivos como ejercicio estratégico de su accionar”, dice el ponente.

Por Luis Alfonso Mena S. (*)
La historia de los medios de comunicación, como la recorre Gabriel Fonnegra en su libro La prensa en Colombia, es la historia de los oligopolios, gran parte de ellos familiares, al mando de los grandes periódicos, primero, y, luego, de las grandes cadenas de radio y de televisión.

Es la historia también de la censura y la autocensura y de su manejo esencial en función de los intereses estratégicos de las clases dominantes, por sobre sus diferencias circunstanciales, con miras a garantizar el statu quo.

Esto, que parece claro a la luz de un pensamiento de izquierda, no parece serlo ni mucho menos para la retina de una gran cantidad de colombianos que hoy miran el discurrir de nuestras coyunturas con la dicotomía de buenos y malos, desprovistos de posiciones de clase y más bien proclives a aceptar las visiones impuestas desde el poder.

Entre otras razones, porque para ellos y muchos de sus orientadores, no solo en los medios sino en la academia, hoy en vez de clases lo que habría sería una enorme multiplicidad de variables, una variopinta conformación social que se diluye en conceptos generales como estratos, actores, sectores, grupos, conglomerados.

Así, estaríamos en presencia de una extensa taxonomía que clasifica a los pobladores por sus profesiones, oficios, posiciones subjetivas y hasta por sus preferencias, antes que por los lugares que ocupan frente al sistema económico imperante, pues supuestamente todo depende de las habilidades y predisposiciones de esos pobladores para aprovechar las bondades que brindaría la estructura general con el fin de abrirse paso y ascender en la escala social.

A partir de lo anterior, bastaría con ingresar en la lucha de millones de personas incrustadas en la movilidad social y entrar en la dinámica de la superación personal, del esfuerzo individual, porque supuestamente la clave no es nuestra posición ante los medios de producción, frente a su posesión, sino que ella se expresa en la actitud subjetiva de bregar por ascender en procura de aprovecharlos y “progresar”.

La resolución de la confrontación social con la disyuntiva amigo-enemigo ha ido ganando terreno en la diversificación que le interesa imponer a quienes detentan el poder, y según la cual el problema de la sociedad no son las diferencias profundas entre sus clases sino sólo los comportamientos éticos de sus componentes, de tal forma que el asunto quedaría resuelto en la pugna entre los defensores de las leyes y la moral y los que las transgreden.

El problema es que hoy muchos pensadores desde la izquierda se hallan entrampados en esa falsa disyuntiva, temen plantear los problemas de las comunidades en términos de lucha de clases, y prefieren hacer uso de una gama cada vez más amplia de eufemismos, que probablemente los muestran más académicos y ecuánimes, menos agitadores y segados, por no decir menos anacrónicos.

Así, conceptos medulares como los de imperialismo, burguesía, fascismo, oligarquía, proletariado, clases y lucha de clases son cada vez menos usados y cada vez más reemplazados por otros más abstractos, menos precisos. Hoy tenemos una izquierda menos contestataria y más próxima a la conciliación, más dispuesta a la cesión de sus principios en aras de cuotas de poder.

Entramos aquí en el debate sobre la pregunta fundamental: cómo tomar el poder, objetivo supremo de toda lucha política, a la que los medios de comunicación no son ajenos y en la que, por el contrario, participan como parte del entramado público estatal o público privado que los usa o los silencia, según su posición en la pugna por ese poder.

Pero la pregunta, obviamente, va más allá de los medios, y se le plantea a la sociedad en general y a la izquierda en particular. Más aún, en una época como la que vivimos, con gobiernos locales de izquierda, como el que supuestamente existe en Bogotá, sometidos a dos flancos: el de sus propios errores y el del asedio de los medios de las élites.

Periodismo de izquierda y sus retos
Hoy necesitamos pasar de la queja sobre la manipulación de los grandes medios, sobre la imposición de las agendas mediáticas, sobre el hecho de que los grandes medios no solo son canales al servicio de las élites sino extensiones de las clases oligárquicas en el poder (aparatos ideológicos del Estado, como los denominara Louis Althusser) y trascender al escenario de la generación de medios alternativos masivos, si se quiere, de masas, no sólo en prensa, sino en radio, televisión y la internet.

El aporte extraordinario, valiente y combatiente de Voz es de enorme importancia en la sociedad de hoy y así lo dirá la historia. Pero debe ir más allá. Deberíamos recoger las experiencias de medios independientes y definidamente de izquierda como La Jornada de México, Página 12 de Argentina, Correo del Orinoco de Venezuela y Brasil de Fato, entre otros.

Este último es realmente paradigmático, pues, como nos lo cuenta Pascual Serrano, es “editado y de propiedad de los movimientos sociales. Entre ellos, organizaciones como Vía Campesina, Consulta Popular, pastorales sociales vinculadas a la iglesia católica progresista, sindicatos, partidos de izquierda, colectivos feministas, organizaciones estudiantiles... Estas y otras organizaciones son invitadas a componer el consejo editorial, que convoca reuniones mensuales con personalidades del mundo político e intelectual donde se señalan críticas y se establecen pautas para el periódico. También existe un consejo político, con figuras públicas de prestigio nacional, que da apoyo a línea política del periódico”.  

Según Serrano, este periódico, fundado en 2003, desde 2006 edita 50.000 ejemplares semanales. “En la actualidad el proyecto se encuentra saneado económicamente mediante los ingresos por venta de ejemplares, donaciones de los movimientos sociales y publicidad. No existe acontecimiento político o movilización brasileña donde no se encuentre, además del periodista de Brasil de Fato, un stand de venta del diario. Si bien debido a la crisis económica los movimientos sociales han debido incrementar sus donaciones, no aceptan publicidad privada, sólo la que procede habitualmente del gobierno federal a través de instituciones como el Banco Federal o mediante la inserción de anuncios que informan de proyectos sociales estatales”.  

“El debate sobre el equilibrio adecuado entre militancia y periodismo es una constante. Aunque en su primera época era, digamos, más panfletario, ha ido evolucionando hacia una mayor profesionalización sin perder la línea editorial, su diseño es una buena prueba de ello”, puntualiza Serrano.

Este es sólo un caso. Hay otros de prensa alternativa, de izquierda, independiente con circulación masiva, porque lo alternativo no es sinónimo de escasez ni de marginalidad en la circulación y en la llegada a los conglomerados humanos a los que está destinada la prensa de izquierda.

En Colombia las experiencias recientes no han sido muy fructíferas. No es sino ver la vida efímera del periódico del Polo Democrático. Y en materia de radio y de televisión estamos en pañales. No solo por la exclusión que imponen los grandes medios, sino porque, y hay que reconocerlo, falta más iniciativa, desprendimiento, voluntad y valoración política desde la izquierda para asumir la creación de medios masivos como ejercicio estratégico de su accionar, ejercicio al que habría que dedicar no las energías que sobren sino las más importantes energías y recursos.

Debemos pasar del reclamo a la acción. Una sociedad mediática como la de hoy le impone a la izquierda la obligación de pensar primero en los medios, pero no sólo en los de las élites para exigirles que cumplan con su deber de informar con equilibrio, sino para generar los espacios que le permitan a ella tener sus propios canales desde los cuales contrarrestar el enorme poder de quienes detentan el mando.

La lucha de clases hoy más que nunca está no solo en los medios sino en la posesión de ellos, en el paso de los medios masivos de las élites a los medios de masas de la izquierda. Ese también es un reto revolucionario, tan importante como tomar el poder.

(*) Directos de la revista virtual ¡Periodismo Libre! y del periódico universitario Paréntesis.

Bibliografía

Fonnegra, Gabriel. La prensa en Colombia. ¿Cómo informa? ¿De quién es? ¿A quién le sirve?, Bogotá, El Áncora Editores, Colección Periodismo de Hoy, 1984.
Serrano, Pascual. Brasil de Fato, un ejemplo de convivencia entre medio de comunicación y movimientos sociales, versión en internet.


Las fotografías:
En la foto superior aparece Luis Alfonso Mena S. con Carlos Lozano Guillén, director del semanario Voz, quien también participó en el foro sobre medios de comunicación y lucha de clases.
La gráfica del medio corresponde a parte de los asistentes y las fotos inferiores son portadas de los periódicos Brasil de Fato, La Jornada de México y Página 12 de Argentina, medios de izquierda de amplia circulación en sus respectivos países.

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