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lunes, 25 de octubre de 2010

2. Reseña. La presentación de Descifrando Huellas

Huellas y futuro

El catedrático Lisandro Penagos fue el encargado de presentar el libro Descifrando huellas. Periodismo del mimeógrafo al ciberespacio. Con tal fin leyó la siguiente reseña, en el acto cumplido el 20 de octubre en la Universidad Santiago de Cali. “En nuestra época, profusa de medios de comunicación audiovisuales, este libro es un respiro, una pausa, un detenerse para pensar, un compromiso con la profesión, que cuando se asume con entereza, es un oficio tan humilde como necesario”, dijo el profesor Penagos.

Los periodistas orales constituyen
una casta, una clase, una treintena
de portavoces del pensamiento oficial:
No cesan de intercambiarse favores y
complicidades, sobreviven a todas las
alternancias políticas. Un mismo
ambiente. Ideas uniformes. Se frecuentan
entre ellos, se aprecian, se citan,
y están de acuerdo en todo.
Serge Halimi.[1]

Por Lisandro Penagos (*)
No quisiera estar de acuerdo en todo con el profesor Luis Alfonso Mena, para salirme de la cita, o por lo menos para que ésta no se me venga encima, pero lo estoy en casi todo. Ese casi -que no se puede permitir ningún periodista- no es, en este caso, falta de rigor o imprecisión, es simple recato. No estoy de acuerdo con todo, porque luego de leer su libro, Descifrando Huellas, puedo decir sin ambages, que comparto todo lo que respecta al ejercicio periodístico y las reflexiones que sobre éste nos entrega, los géneros que aborda y esa minuciosa descripción de modalidades surgidas al amparo del desarrollo tecnológico por las que nos lleva con la destreza propia del buen maestro; y me enfrento con algunos conceptos emitidos en sus textos, sobre todo los de opinión.

Él ha hecho prensa y radio; y yo, televisión, mucha pereza y algo de letras. Esa puede ser la diferencia. Compartimos la docencia, también muchas inquietudes sociales y certezas periodísticas. Esas pueden ser las coincidencias. Pero como la honestidad es el acto más subversivo en Colombia, sólo diré que ese no estar de acuerdo debe estar relacionado con la libertad o con esa concepción construida a partir de lo que somos, vivimos o estudiamos, que permite disentir y no afectar el respeto por el otro. Y en eso, no tengo duda, transito su mismo camino. Por eso mi gratitud y el honor que me hace, al permitirme presentar su libro.

Su periodismo es de ése que escasea, ése que goza de independencia intelectual y valor especial por su nivel de compromiso social. Si bien el profe ha trasegado por diversos escenarios empresariales en 31 años de ejercicio profesional, la vida lo instaló en el que fuera su punto de partida: el periodismo libre e independiente, una empresa a la que debería endilgársele como propio e insustituible, el adjetivo quijotesco. Todos sabemos que la libertad de expresión termina donde empiezan los intereses de la empresa periodística para la que se labora, sea cual fuere, en éste o cualquier otro país. Y él, un hombre formado y forjado con base en principios inalienables, nos demuestra con este libro, que la utopía periodística es posible.

Este texto es una honrosa excepción, alejada de ese periodismo que en lugar de contrapoder y servicio a la sociedad, resulta una formidable maquinaria de soporte ideológico y una correa servil de transmisión de poder. En nuestra época, profusa de medios de comunicación audiovisuales, este libro es un respiro, una pausa, un detenerse para pensar, un compromiso con la profesión, que cuando se asume con entereza, es un oficio tan humilde como necesario. Las noticias, la información y la opinión, son escopetazos y a veces escupitajos constantes desde la radio y la televisión ‑rápidos y breves, perecederos y volátiles- que no tienen a la gente mejor informada que antes. Más por su cantidad que por su calidad, no se asimilan, no tanto por su instantaneidad, sino por su abrumador bombardeo cotidiano. No sabemos muy bien hacia dónde vamos. Lo único que sentimos es que estamos asistiendo a un momento de transición, del periodismo escrito al periodismo oral. Y podría pasar lo que pasó con los telegrafistas: desaparecieron. Como un arqueólogo social, el profe Luis Alfonso, busca en el pasado de sus textos, las respuestas al futuro del oficio, o de la profesión, pues para quienes soportan su trabajo en la calidad y la responsabilidad, los títulos son circunstancias. El periodismo es vocación, mística, pasión. También formación y especialización, nos precisa en su introducción.

En Colombia y en el mundo los medios controlados por potentes núcleos industriales o financieros imponen su visión del mundo y, por imperativos de la cuchara, los periodistas que trabajan en ellos acaban defendiendo los intereses del establecimiento. Y así, amordazada con un mendrugo, se neutraliza a la prensa, a la veedora natural y de mayor impacto en esta o en cualquiera otra democracia. Valdría aquí evocar a uno de los personajes de Jaime Garzón: Néstor Elí, el vigilante encargado de la portería del Edificio Colombia. Nos encontramos cada día con muchos como él que apenas dejan asomar al periodismo y a los periodistas, al lugar donde reside el poder y se gesta la información que se oculta. Muchos intermediarios que sólo en apariencia detentan el poder y obstaculizan el trabajo periodístico, por eso resultan tan importantes esfuerzos individuales como el libro que hoy nos convoca.

Descifrando Huellas es un esfuerzo personal dirigido a toda la sociedad, no sólo a periodistas, docentes o estudiantes de comunicación. Nos recuerda que quien no goza de independencia intelectual para desenvolverse en el mundo de la información y las ideas -y el periodismo en general, y del escrito en particular, gravitan en este espacio- está condenado a ser un miserable esclavo de intereses espurios, que transita por el oficio con una imagen perecedera producto de textos construidos para el olvido. Este libro es un testimonio de vida, trabajo y virtud. Lo es en sus noticias, en sus entrevistas y perfiles, en sus crónicas y reportajes, en sus columnas, en cada palabra, en cada línea, en cada párrafo que el autor asume como una palada de su excavación intelectual.

No podría menos que cerrar con otra cita de quien tomé prestada la primera: El campo periodístico es hoy en día una porción de tierra quemada donde la mentira y la manipulación de emisores y receptores configuran todo un modo de vida. Este libro desmonta pieza a pieza dicha afirmación. Por eso estoy casi de acuerdo con su autor, porque es el resultado de un riguroso esfuerzo académico y periodístico, una muy buena y honrosa excepción. Un revisar las huellas para saber hacia dónde vamos.

Muchas gracias.

[1] Profesor de la Universidad de California en Berkeley, doctor en Ciencias Políticas, profesor también en la Sorbona, colaborador de Le Monde Diplomatique y discípulo de Pierre Bourdieu.

(*) Profesor de las universidades Santiago de Cali y Autónoma, director del programa periodístico Amaneciendo del Canal Regional Telepacífico. 

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