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domingo, 3 de octubre de 2010

Análisis. Petro divide al Polo y se va quedando solo

Itinerario de un oportunista

Todo indica que al ex candidato presidencial del Polo ya no es tomado en serio. En el centro, por sus bandazos y porque les pelearía sus caudillismos. En la derecha, porque les suena advenedizo. Y en la izquierda, por su oportunismo y sus posiciones conciliadoras con la élite santista.

Por Luis Alfonso Mena S. (*)

El carácter oportunista de Gustavo Petro ha ido quedando cada vez más claro con el paso del tiempo.

Cuando en la fase final de la campaña presidencial pasada se dio cuenta de que su competencia por el centro político había sido un fracaso, debido al auge de la llamada ola verde y al portazo de Mockus, quien rechazó una alianza con él, optó por virar hacia la izquierda.

Fue entonces cuando lo vimos con posiciones que buscaban diferenciarse de los demás candidatos y mostrarse como una alternativa ante los discursos parecidos de Santos, Mockus, Vargas, Sanín y Pardo, todos defensores de los tres huevitos de la gallina de Álvaro Uribe.

Con ello garantizó el respaldo de la izquierda, dentro de la cual muchos habían decidido abstenerse de votar en primera vuelta, ante las posiciones francamente de derecha que había asumido en la mayor parte de la campaña.

Fue precisamente el sector de izquierda del Polo el que puso el grueso de la votación que su candidatura obtuvo (1.329.512 votos), pues muchos de los antiguos aliados de Petro, partidarios del centro, no dudaron en dejarlo tirado deslumbrados por los vaticinios de las encuestas, antes de la primera vuelta, que situaban a Mockus como el ganador.

Uno de los más oportunistas fue el grupo del Alcalde de la capital del Valle, el movimiento Podemos Cali, que se lanzó desde el trampolín del CAM a la ola verde y abandonó a Petro: tres de los altos funcionarios de Jorge Iván Ospina fueron enviados como “adelantados” y trepados en el barco del girasol que después naufragó.

En realidad, Petro desarrolló la mayor parte de su campaña en una absurda disputa por la herencia uribista, absolutamente contraria al Ideario de Unidad y a los postulados programáticos del Polo.

Partía de considerar que debía ganar la masa uribista mostrándose solidario con la política de “seguridad democrática”, y, para completar los desaciertos, se sumó al coro antichavista que caracterizó la política colombiana durante la etapa final del Gobierno de Uribe.

Una vez concluida la primera vuelta presidencial, Petro olvidó automáticamente el respaldo de la izquierda dentro del Polo y se creyó dueño de la votación. Sin hacer ninguna consulta con la Dirección Nacional del partido, como correspondía, pidió cita con Santos.

Sólo la foto

Lo único que logró fue la foto en la que apareció con una sonrisa de oreja a oreja y una vaga promesa de Santos en el sentido de incluir en sus políticas futuras algunas iniciativas planteadas por el ex candidato del Polo.

El contacto quedó en la foto… Santos no le ha hizo mucho caso.

Luego el ex senador creyó que debía ser el presidente del partido, pero fue derrotado en esa intención por inmensa mayoría del Comité Ejecutivo Nacional, lo cual desató sus iras de megalómano empedernido.

Como lo han hecho varios de sus compañeros procedentes del M-19, acostumbrados a resolver los asuntos políticos internos con la ayuda de los medios masivos de las élites, corrió a ponerles la queja.

Al principio, los Darío Arizmendi, Sánchez Cristo, Vicky Dávila y similares le abrieron los micrófonos y lo auparon. Luego lo dejaron...

Amenazó después con irse del Polo, creyendo que así asustaría a la mayoría y saldrían a rogarle que no se fuera. Pero ello no ocurrió. Entonces volvió a amenazar con convocar una asamblea nacional de “su gente” y se autobautizó “sector democrático”.

Bajo este remoquete dirigió una propuesta de “encuentro” otra vez al Partido Verde, de nuevo al Partido Liberal (ahora aliado de Santos), a la ASI de Piñacué y, a pesar de que ya lo habían dejado tirado, a Podemos Cali, y también al grupo de Sergio Fajardo.

De ninguno ha obtenido respuestas entusiastas. Luis Eduardo Garzón, por ejemplo, le dijo que primero resolviera su situación dentro del Polo y que no los pusiera (a los verdes) a decidir. Bastantes problemas internos tienen para echarse el egocentrismo de Petro encima.

Aunque tiene respaldo en un sector del Polo, éste no es el mayoritario ni determinante, y sus ruegos a otros movimientos han caído en el vacío. Como en otras ocasiones, lo escuchan, pero nada más.

Luego del 30 de mayo, Petro se volvió contra sus compañeros del Polo que no lo abandonaron en la campaña presidencial, y hoy ruega a todos los que se ubican en el centro del espectro político que lo acepten. Y a Santos, que acuerde con él…

Todo indica que Petro ya no es tomado en serio. En el centro, por sus bandazos y porque les pelearía sus caudillismos. En la derecha, porque les suena advenedizo. Y en la izquierda, por su oportunismo y posiciones conciliadoras con la élite santista.

Petro dilapidó la posibilidad de convertirse en factor de unión dentro de la izquierda. El ex candidato presidencial del Polo va camino de la soledad.

(*) Director de la revista virtual ¡PERIODISMO LIBRE!

luismena7@gmail.com

1 comentario:

  1. Nuevamente un buen artículo de análisis, con fuerte pasión personal, como debe ser el periodismo. Una mirada de los vatares de una de las figuras emblemáticas del POLO que se ha venido desdibujando individualmente y que a mi modo de ver es el reflejo de un embarazo de alto riesgo que fuera el POLO desde su aparición. Y es que no se le puede pedir coherencia ideológica a la sumatoria de individualidades, movimientos y partidos de izquierda que históricamente han padecido de sectarismos, fragmentación y antagonismos. Lo sucedido con Petro es no más y no menos que una lógica consecuencia.

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