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lunes, 25 de octubre de 2010

6. Opinión. ¿Qué pasa en Pereira?

Las uvas de la ira

Una visión de la dramática situación social por la que atraviesa la capital del departamento del Risaralda, que registra el nivel de desempleo más alto del país y cuyos gobernantes han sido inferiores a las justas demandas de la población.

Por Carlos Alfonso Victoria (*)
Pereira no es la tierra prometida que anuncian los videos oficiales de la Alcaldía. Ni por supuesto la región de las oportunidades que pregonan las autoridades. Nuestra realidad parece calcada de la novela escrita por John Steinbeck Las uvas de la ira, que luego fuera  llevada al cine (1940), en la que una familia huye de la miseria, y busca instalarse en California, atraídos por panfletos en los que se dibujaban ríos de leche y miel. Allí no sólo son víctimas del engaño, sino reprimidos por salarios de hambre y la policía, en plena recesión de los años treinta.

Escuchando a Luis Gonzaga Franco, líder de un grupo desplazados que desde el pasado 4 de octubre inició una toma en el sector del Lago Uribe, veo las imágenes de miles de refugiados que se lanzaban a la nueva conquista del Oeste americano, en buscan de pan y techo. La tierra la habían perdido a manos de los bancos, y terratenientes poderosos. Recuerdo, también, la campaña “Pereira lo tiene todo”, y otras tantas que sirvieron de imán para que miles de colombianos, unos desplazados por la violencia, y otros sin oportunidades de empleo, se instalarán en la ciudad, al inicio de la década de los noventa. “Bienvenidos al futuro”, les dijo el presidente Gaviria.

“Esta no es la ciudad de las oportunidades. Los desplazados apestan…”, recita Gonzaga, mientras el Alcalde y sus subalternos se irritan, ante la impotencia de responder a la crisis humanitaria que experimenta la ciudad en sus manos. Según el líder, en Pereira hay 48 mil desplazados, la mayoría hacinados, enfermos y con hambre en sectores periféricos de la ciudad, como en la Comuna Villa Santa Ana, donde – recalca Gonzaga- Israel Londoño obtuvo 13.900 votos, para ser elegido alcalde en 2007. Hoy quienes usaron el voto de los desplazados se escudan en la Fuerza Pública para preservar el orden público. Esta es la idea de democracia que aplican desde el gobierno.

Escuchando, también, las declaraciones del Alcalde, el Gobernador y otros tantos funcionarios públicos, al referirse a esta problemática, todas tienen un denominador común: buscan lavarse las manos y le tiran la pelota al Gobierno Nacional, tras desestimar la legitimidad de las demandas básicas de los desplazados. En Colombia, como lo subraya Gargarella (2002), el discurso de los derechos ha sido reemplazado por el de la riqueza económica. Incluso desde esta lógica perversa y anti constitucional se ha criminalizado la labor de los defensores de los derechos humanos. “Los derechos no dependen de que las cosechas resulten fabulosas… o que las exportaciones suban”. Se trata de que sobresalgan los derechos básicos que no deben limitarse bajo ningún criterio, recalca el profesor argentino.

“La región de oportunidades”, encarnada por los dirigentes del Partido de la U., responde con agresiones verbales, proferidas por miembros de la Fuerza Pública que hasta desmayos han producido en una de las mujeres desplazadas. ”Llevamos más de un año esperando… la gente se cansó de esperar”, reitera Gonzaga. Claro, si Acción Social aupada por el uribismo transformó, desde 2009, la ayuda de emergencia pactada por tres meses en un sueldo permanente, el cual es cancelado a cuenta gotas. Claro, la impaciencia es absoluta porque desde 2007 no hay convocatorias para vivienda de desplazados. Claro, si los llamados proyectos productivos han sido un fracaso absoluto. Claro, si la oficina de Acción Social de Pereira no resuelve nada. Ni un derecho de petición responde.

“Esto se perratio…”, admite con dosis de honestidad una funcionaria consultada, para resumir la desgracia que sume en la injusticia social a la población desplazada que sobrevive en la ciudad sin puertas, pero también en la ciudad sin alcalde, sin responsables públicos, sin derechos humanos, sin presente, sin futuro, aunque a este último factor parece haberle  ido mejor en el congresillo de prospectiva reunido esta semana: “Pereira fija el progreso en 20 años”, como si no fueran suficientes los espejismos de hoy. A los optimistas les recuerdo un titular del Diario del Otún “Desempleo cerró el 2001 en el 18.6%” (jueves 31 de enero de 2002), y a los prospectólogos los invitó para que hagan trabajo de campo en el Lago Uribe. Gonzaga les explica en qué consiste el presente, y a que saben las uvas de la ira.

Pregunta: ¿La región de oportunidades es para la familia Nule, los dueños de Atesa, las grandes superficies y las docenas de dueños de gasolineras?

(*) Catedrático universitario, miembro del Comité Municipal del Partido Verde.

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