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domingo, 3 de abril de 2011

12. Informe. Las calles convertidas en trochas

Ni la calle de entrada a Jamundí se salva de los huecos. (Foto: Edwin Asa).
Jamundí, en el hueco

El pésimo estado de las vías de este municipio no sólo desestimula el turismo, sino que genera el malestar de miles de pobladores, cuyo tránsito por la ciudad se ha vuelto un dolor de cabeza permanente.

Por Ivonne Núñez y Edwin Asa (*)
Jamundí, fundado hace 475 años, ha sido reconocido turísti­camente por el sabor del delicio­so cholado, una mezcla de hielo, frutas y endulzantes. Además, en esta localidad ubicada al sur del Valle del Cauca convergen lugares de esparcimiento (clubes, restaurantes, ríos) que, al igual que el cholado, son importantes para el movimiento turístico y de esparcimiento que las personas buscan para escapar de la rutina.

Ese escape, tanto para turistas como para propios del pueblo, se ha visto atrofiado por la odisea en que se ha convertido el tran­sitar por las calles del municipio, que hace cuatro años gozaba de buenas vías, tanto que sirvieron para desarrollar una de las com­petencias del Mundial de Patinaje en el año 2007.

Quienes viven en este acoge­dor lugar no habían presenciado antes el desastroso y vergonzoso deterioro que en la actualidad presentan las vías, cuya adecua­ción le corresponde directamente a la Administración Municipal que encabeza Jorge Aragón Mafla.

La inconformidad y la triste­za que sienten los habitantes de Jamundí es tanta que ellos mismos se encargan de dar solu­ciones momentáneas a esta problemática.

Doña Marina, que vive en el barrio Piloto, al correr las horas del día arroja agua sobre la polvorien­ta calle con el fin de evitar que sus electrodomésticos se ensucien y, lo más importante, que los niños y ancianos del sector eviten enfer­medades de tipo respiratorio.

Por otro lado, están los trans­portadores que se quejan de daños a sus vehículos, que son cada vez más comunes y gene­ran sobrecostos a sus bolsillos. ‘Chori’, mecánico hace 20 años en el barrio La Estación, dice que en los dos últimos años se han multiplicado los arreglos a suspensiones y rodamientos que son las partes que más desgaste tienen a causa de los golpes que el vehículo sufre al momento de pasar por un hueco.

¿Qué responde la Adminis­tración?
Para tener respuestas ante la inconformidad de todos los que aquí viven, PARÉNTESIS consultó a la Secretaría de Infraestructura, donde el encargado de esta car­tera, el arquitecto Nelson Vidal, manifestó: “Las obras no están detenidas”.

Según Vidal, el problema radi­ca en que Acuavalle, ente encar­gado del adecuamiento de acue­ducto y alcantarillado, presenta problemas administrativos que están perjudicando el desarrollo de las obras.

El funcionario afirma que “el Municipio tiene el dinero y la disposición, pero no se puede pavimentar una vía sin garantizar unos servicios que no son com­petencia del Municipio, sino de Acuavalle, empresa prestadora del servicio”.
Son claros los trámites entre entidades para desarrollar las obras públicas, lo que no es claro es que los funcionarios de Acuavalle por el cambio de Gobernador del departamento, quien integra la Junta Directiva, retrasen lo que debería ser prio­ridad ante esta situación que lleva más de dos años.

Los problemas más graves se presentan en la Circunvalar, arte­ria principal del municipio, y en vías con constante flujo vehicular en barrios como Ciudad Sur, La Esperanza, El Socorro, Amigos 2000 e inmediaciones del hospi­tal local, entre otros.

Johana Carvajal, residente del barrio Bello Horizonte, dice: “El mal olor que sale de los tubos de la alcantarilla que llevaban más de tres semanas por fuera hacía que el ambiente en el sector fuera desagradable. Hace una semana lo único en lo que han progresado es en echarle grava para que no quedaran los tubos por fuera. Así merman los malos olores, pero ya estamos cansados”.

No sólo Johana y doña Marina están cansados de la situación. Son todos los residentes y turis­tas que a gritos dicen: “No más huecos”.

(*) El texto publicado originalmente en el periódico Paréntesis, Edición No. 14, marzo-abril de 2011, pág. 16.

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