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sábado, 29 de octubre de 2011

Opinión. Hablemos

Libertad, igualdad y seguridad, 
valores éticos enfrentados

Por Juliana Zapata  (*)
A lo largo de la historia para muchos autores el principio de igualdad ha agotado el principio de justicia. De sus distintas acepciones, la igualdad de trato hace parte de los fundamentos para la consolidación del Estado contemporáneo.


Esta es una prescripción, un mandato, una obligación impuesta a los poderes públicos, que consiste en tratar igual a los sujetos, sin otorgar privilegios, sin favorecer a unos en detrimento de otros, se establece como una prohibición de discriminación en razón de raza, religión, creencias, características naturales.


Pero encontramos también otro elemento que entra a definir el concepto de justicia. Es el principio de libertad, cuyo origen está en el régimen liberal y constitucional con la consagración desde fines del Siglo XVIII y principios del XIX de las libertades para el individuo por el  hecho de serlo, asociadas con la libertad comercial y la seguridad personal.

En este sentido, la libertad como derecho del individuo a contar con un espacio de autonomía personal y de inmunidad frente a las injerencias de terceros y del poder público se concibe como una libertad propia del derecho privado. La esfera de autonomía venía a coincidir con la propiedad privada, el binomio libertad y propiedad son la base de la construcción del primer régimen constitucional, donde la propiedad privada es el signo mismo de la libertad y la independencia del individuo.

Ahora bien, siendo sin lugar a dudas la igualdad y la libertad valores complementarios para la concreción de la justicia, es necesario aclarar que el éxito de esta combinación dependerá de los matices que se den en la aplicación, porque según la acepción absoluta de cada uno, son claramente contradictorios.

Cuando el criterio de libertad que se enfatiza es el económico, el efecto directamente proporcional es el crecimiento de las desigualdades sociales. Sin embargo, para el ejercicio del derecho a la igualdad son presupuestos necesarios la garantía de las libertades sociales y personales, que corresponden a los derechos fundamentales y a las obligaciones correlativas con los semejantes.

Las relaciones de libertad y seguridad tienen causas y efectos muy similares. La libertad estrictamente liberal requiere el fortalecimiento de la seguridad, porque genera más riesgos, a causa de la desigualdad que origina el goce de la posición económica del patrimonio, de la libertad mercantil para unos, con la exclusión completa de la condición social de los demás individuos. Se produce un desequilibrio y quienes gozan de los privilegios económicos comienzan a ser amenazados.

Esto lleva al fortalecimiento de la política de seguridad mediante la fiscalización y control, justificando el recorte de determinadas libertades y la afectación de derechos fundamentales, como el de la intimidad, la privacidad de la correspondencia, la libertad de movimiento, el habeas corpus y cualquier otro que sea necesario, algo muy común en el modelo neoliberal imperante.

(*) Docente de la Usaca. juli8605@hotmail.com.

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