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domingo, 6 de mayo de 2012

Opinión. El debate sobre las drogas ilícitas

Foto tomada de apdm.com.mx
Legalización de la coca

Legalizar la producción, comercializar la coca y regularla, es una forma de combatir el lucro ilícito, las violencias que devienen por el mercado clandestino de la coca. Asistir a los adictos en centros de salud es menos costoso que reparar los daños causados por la violencia mafiosa.

Por Alberto Ramos G. (*)
La diferencia entre legalizar y despenalizar radica en que con la primera decisión se acepta y reglamenta una actividad a través de una ley, y con la segunda se suprimen y eliminan las sanciones, penas o castigos, pero no se legaliza.

Lo paradójico es que de no despenalizarse la producción y la comercialización, el ámbito de lo ilícito siempre hará productivo y redituable el tráfico, y hará difícil la terminación de la guerra en Colombia, porque todos los actores armados de izquierda y derecha (y todos los actores corruptos no combatientes), se nutren de las ganancias de ese tráfico. Este no es ya un conflicto bajo la sombrilla de la guerra fría, es un conflicto amorfo que tiene a la guerra como negocio, y lamentablemente para maldición de Colombia, los sicotrópicos son la fuente de todo el flujo de dineros. Por esta razón el arma de la legalización o despenalización es más contundente que los aviones fantasmas, los helicópteros black hawk y las fumigaciones con glifosato; pero la legalización tendrá que ser global, porque el producto más globalizado es la sustancia adictiva de la coca y la heroína. Y en muchos años no habrá legalización global. Entonces, estamos condenados, porque el país que empiece a legalizar la producción ipso-facto será demonizado.


Muchos presidentes de América ya están inclinados por acabar la prohibición de  la coca y a punta de impactos crueles al ver que la guerra contra las drogas no avanza, desangrando más a varios países (Colombia, México, Guatemala, Brasil…), rompiendo el equilibrio institucional, corrompiendo a la clase política, alentando a los actores armados, volviendo invivible importantes ciudades, etc., estos líderes están ahora considerando que la legalización de  la coca es la salida a la crisis. Tardíamente se hizo este fin de semana un debate público y  sonoro por el escenario multinacional, la VI Cumbre de las Américas, en Cartagena no pudieron eludir este tema donde al final  fijaron las posiciones pero ninguna decisión de fondo,  el camino a seguir fue pasarlo a la OEA.

Legalizar la producción, comercializar la coca y regularla, es una forma de combatir el lucro ilícito, las violencias que devienen por el mercado clandestino de la coca. Asistir a los adictos en centros de salud es menos costoso que reparar los daños causados por la violencia mafiosa, la descomposición gubernamental, la voladura de oleoductos que contamina ríos y el desangre urbano que deja a las autoridades impávidas en el papel de contar y restar muertos sin poder garantizar la convivencia ciudadana.

Pero la discusión continental debe llegar al seno de la Asamblea General de la ONU para su aprobación multilateral. Algún día la producción y comercialización de la coca será como la del tabaco, los cigarrillos, el whisky y los demás licores que emborrachan y descomponen en exceso pero son rentas estatales y cada consumidor se auto regula para no desbaratar el organismo.

Desde hace 50 años (1961) los EE.UU. “persiguen” en todo el mundo los estupefacientes, pero con mayor intensidad desde 1971, el Presidente Nixon declaró una especie de guerra contra las drogas que, solo ha traído daños directos y  colaterales y no ha acabado con la producción. Fumigan la biodiversidad aledaña a las plantaciones en los países cultivadores y no terminan con el mercado negro de ellos ni con os carteles que distribuyen adentro. El crimen organizado para defender el negocio ha acudido al terrorismo mafioso. Y las guerrillas al terrorismo sistemático.

El valor agregado de Juan Manuel Santos en este tema es que abordó el problema, a su estilo diplomático, esboza la solución, no se casa con ella para no ser demonizado, hace calambures en el discurso sobre la legalización, se escurre, vuelve y lo menciona, pero abrió las compuertas de la discusión, por ejemplo, el Presidente Otto Pérez de Guatemala lo incluyó en su exposición, y todos los medios se refirieron al tema.

La Cumbre de la Américas en 1994 se creó con la idea de ser el escenario propicio y el motor de un proyecto: beneficiarse los EEUU con todo el mercado de América Latina a través del Alca. Hoy ante la oposición de bloques regionales en estos 17 años y la eclosión de otros mercados, la bilateralidad de los TLC se impuso y los términos de negociación económica se atemperaron. Los temas a ventilarse en la VI Cumbre de las Américas dejan ver la relativa autonomía que comienza a moverse en América latina respecto a EE.UU. antes obsecuentes y patio de colonias.

Hoy, la política antidrogas debe empezar por la despenalización escalonada para llegar a la legalización, después de discutirse en los organismos regionales (Unasur, CAN, OEA) hasta llegar a la ONU. Una política antidrogas ya no se puede quedar enfrascada en las sanciones y prohibiciones cíclicas de los últimos 40 años, esto es prolongar el conflicto y afectar la economía formal. La ilegalidad de la coca prolongó el conflicto colombiano y lo desnaturalizó. También deformó la conducta de componentes de las Fuerzas Armadas estatales.

Y no solo la coca prohibida es causa gran parte de los delitos urbanos. La ilegalidad trae daños secundarios a la salud porque al no estar regulada la calidad entonces los distribuidores terciarios, los jíbaros y otros mezclan la coca con otras sustancias para lograr mayor cantidad, generando destrozos en el cuerpo de los cocainómanos. Por tratar supuestamente de cuidar la salud de la población prohibiendo los psicotrópicos, se causa un daño aún más grave a toda la nación: La guerra no termina y las ciudades terminaron siendo más inseguras.

La hoja de coca y sus usos lícitos con medicamentos genéricos o especiales, también medicamentos homeopáticos, de yerbateros y naturistas, debe ser considerada sin tapujos en el herbario nacional. Para luego, al ampliar la discusión sobre la legalización total (ya habiendo vivido la etapa de admisión del consumo de la dosis personal por vía de jurisprudencia), que admita definitivamente el consumo, tolere a los adictos y se realice el control con cobertura ampliada desde el Ministerio de Salud y Protección Social, para todos los consumidores que, seguramente como sucede con los cigarrillos, disminuirá gradualmente, para cada uno, no afectar su organismo. La legalización no acabará con la demanda y el consumo, obvio, la disminución será posterior, por conducta personal y autodeterminación: derecho a la autonomía. Pero la legalización si acaba rápido con la guerra y la violencia urbana que produce más muertos sin ni siquiera ser adictos.

El derecho interno expedido para combatir a los grupos mafiosos, a los minicarteles, a los distribuidores terciarios, a las mulas y demás; persecución tanto con normas dentro  de los estados de excepción como de carácter punitivo normal (reformas penales), conforma una galería de reglas jurídicas ineficaces porque la mayoría de los controles son burlados con nuevas modalidades de distribución y relacionamiento con los delitos que han producido un glosario largo, un nuevo lenguaje del crimen. También los costos judiciales por la prohibición son muy altos. Mover el aparato de la justicia y sostener el cuerpo policial es un gravamen.

(*) Politólogo de la Universidad Javeriana, PHD en derecho público, con énfasis en política latinoamericana de la Universidad Nacional, Uned, de Madrid, España.

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